HASTA RECOMENDACIONES POLÍTICAS

HASTA RECOMENDACIONES POLÍTICAS

La historia del arbitraje colombiano se dividió la noche del 15 de noviembre de 1989 cuando fue acribillado a tiros el colegiado Alvaro Ortega en una calle céntrica de Medellín, episodio oscuro que colocaba una mortal rúbrica a la serie de hechos irregulares que han marcado al fútbol colombiano.

30 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Las presiones para los llamados hombres de negro de aquella época, venían de todas partes y de variados calibres: sobornos, llamadas telefónicas, amenazas de muerte, apuestas millonarias, remisión de sufragios, suspicacia en cada movimiento y en cada decisión, terrorismo por doquier. Con las últimas coronas que llegaron a la tumba de la víctima, se anunció la cancelación del campeonato profesional que se alistaba para el cuadrangular final.

Fue el epílogo de una novela policíaca...

Porque se recuerda que el chileno Gastón Castro salió despavorido del país porque alguien tocó a la puerta de su hotel en Medellín para decirle cómo debía quedar el marcador del partido que horas después tenía que dirigir en el Atanasio Girardot.

Porque tampoco se puede olvidar que Armando Pérez fue secuestrado en inmediaciones del aeropuerto de Rionegro para enviarle un mensaje al fútbol colombiano.

Porque en la final de la Copa Libertadores de América de 1989, en Bogotá, una terna de sicarios abordó al juez central del encuentro Nacional-Olimpia, para darle un paseo gratis por La Sabana, recordándole dónde estudiaban sus hijos, en qué condiciones vivía y qué lugares frecuentaba en su país.

Porque un partido de Copa entre Nacional y Vasco Da Gama de Brasil que ganó el cuadro verdolaga en el Atanasio tuvo que repetirse en Chile porque el juez declaró posteriormente que se vio obligado a pitarlo para salvar su vida.

Porque...

Sí. Ahora es bueno escarbar en la memoria, así muchos digan que son cosas del pasado, que fueron capítulos para la historia, que no se puede sobre dimensionar el tema arbitral, que solo es un simple bajón técnico de los jueces. Será? No. Aquí hay de todo, menos algo bueno. De todas partes llegan condimentos para un coctel molotov que, por obligación, solo le corresponde tomárselo al señor árbitro. Es un mandato unánime de la dirigencia, del periodismo, de los técnicos y de los jugadores, a quienes solo se les permite escupir, pero nada de digerir...

Cómo estará el asunto que hasta los políticos ya recomiendan a árbitros. Quiénes? No me pregunten, pero ya se sabe... , dice Alvaro González Alzate, el presidente de la División Aficionada de Fútbol (Difútbol).

No hay veedores y las únicas medidas para los árbitros son los recortes de prensa. Se saca el promedio entre las calificaciones de EL TIEMPO, Nuevo Estadio, Diario Deportivo, y listo. Un periodista de Medellín llamó una vez indignado a la Comisión para que sancionaran a un árbitro , afirma el capitán Rafael Boada, ex miembro de la Comisión Nacional.

Nadie quiere soltar el poder. Por eso, todos los proyectos se quedan apenas en intenciones. Los presidentes de clubes son los que más presionan , afirma Juan Guillermo Chalela, ex presidente de la Comisión Nacional.

Hay demasiada presión. Los dirigentes hablan demasiadas cosas y nadie los para. Así es muy difícil , señala Juan Alvaro Vallejo, quien renunció a la presidencia de la Comisión Arbitral hace 15 días.

Nosotros entramos encalambrados en la cancha porque sentimos que nos acusan de todas partes. Por esa misma predisposición vienen las dudas. Levantamos la bandera? Pitamos esta falta? Esto merece amarilla? , cuentan los árbitros que prefieren omitir nombres.

Y con razón. Porque aquel que hable será sancionado como le pasó al instructor Alirio Torres, quien comentó una jugada polémica, y de inmediato fue marginado de la Comisión Nacional porque el único que puede hablar es el presidente. Nadie más .

Aguante estoíco el de los árbitros. Hacia las 11 de la noche terminan su labor en otra ciudad, y a las 6 de la mañana del otro día ya están en el ojo del huracán de los mil programas deportivos. Suele suceder, además, que hacia el mediodía ya estén sancionados sin que ellos mismos sepan por qué.

En aquellas épocas aciagas del fútbol colombiano, finales de 1989, el entonces presidente del América, Juan José Bellini, admitió que en realidad los dirigentes se dejaban seducir por el deseo de meterle la mano a los temas arbitrales. Un Mea Culpa generalizado en la Dimayor y una promesa formal de no volver a entrometerse en estas cuestiones.

A principios de 1990, el ministro de Educación, Francisco Becerra, exigió una serie de puntos para permitir la reanudación del campeonato profesional. Y entre los que figuraba se pedia la creación del Colegio Nacional de Arbitros, como ente autónomo, independiente.

Qué ha pasado? Nada. Los vetos siguen, las designaciones telefónicas no han variado, las recomendaciones hacen carrera, las acusaciones y las amenazas mantienen su reinado.

La fiesta se volvió a prender, todo el mundo se embriaga, volvió el corrillo de suspicacias y rumores, los únicos culpables son los árbitros. Estamos ad portas de otra tragedia y es cuando aparecen caras largas, melancólicas, pidiendo la paz...

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.