EL ESCÁNDALO

EL ESCÁNDALO

Por fuera de Colombia, las recientes acciones del Fiscal, encaminadas a investigar a varios congresistas, el auto de detención contra Eduardo Mestre y Alberto Giraldo y las determinaciones de la Comisión de Etica del Partido Liberal se equiparan a las decisiones de los jueces italianos que culminaron con la caída de dos gobiernos y le pusieron fin a cerca de cincuenta años de tolerancia con la corrupción de los políticos en Italia. Se dice que Colombia, corrompida como está, muestra ahora posibilidades de renovarse por dentro porque tiene gente capaz de medírsele a la tarea de comenzar un proceso de depuración que culmine con el blanqueo de la política y de la burocracia.

29 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Pero tanto dentro del país como afuera se ignora frecuentemente el principio básico de la justicia en una sociedad moderna: la presunción de inocencia. Las personas investigadas son inocentes hasta que hayan sido sometidas a un juicio y se compruebe que no lo son, con evidencia que va más allá de lo circunstancial. Este sencillo principio ha sido olvidado casi por todo el mundo. Los mismos congresistas que vociferan en el Congreso contra el Fiscal parecen ignorar que la Fiscalía tiene el deber y el derecho de investigar a los colombianos cuando tiene indicios y que ello no implica necesariamente que los investigados son culpables, ni que se les mancilla por esto el honor. En el caso de los parlamentarios existe adicionalmente el privilegio de que su situación es revisada por la Corte, un cuerpo colegiado menos vulnerable a presiones o halagos que un juez individual.

Sin embargo, para la persona involucrada en este tipo de investigaciones, la existencia de estas garantías formales no es una fuente de tranquilidad porque a la justicia colombiana se le puede aplicar lo que se dice sobre el sistema judicial italiano: Pocos italianos en uso de sus facultades mentales esperan algo distinto a una justicia errática. Cuando se tiene la razón no hay que ir a los tribunales. Es demasiado riesgoso. Sólo se debe ir a ellos cuando se está a la defensiva, cuando no se tiene la razón . Quienes han sufrido las investigaciones de la Contraloría, la Procuraduría y la Fiscalía o han sido objeto de airadas demandas, encuentran algo familiar en estas palabras. Aún así, la justicia colombiana yerra más por omisión que por exceso de acuciosidad. Es más probable que salga libre alguien culpable. Y ello está bien, porque con tanta incertidumbre jurídica sería intolerable que la justicia estuviera sesgada en contra de los inocentes.

En ese mundo confuso es difícil acertar, pero hay que admirar a quienes principian a intentarlo para deslindar la política del narcotráfico. Esta tarea le tocó a Alfonso Valdivieso y nadie lo envidia por ello. Hay que destacar que liberal como es, inició el proceso investigando liberales; y que no hay nada en su trayectoria que haga pensar que él toma decisiones de tal responsabilidad con el ánimo de engrandecerse, aunque la Fiscalía se inició con esa tradición y en el gobierno pasado se observó que la Contraloría y la Procuraduría se usaron para este fin. Lo que sí ha preocupado a muchos desde que Valdivieso empezó a mostrar su independencia frente a quienes hoy detentan poder en Colombia es que lo maten. En las actuales circunstancias, esto pondría en peligro la misma estabilidad del gobierno. Por ello, la responsabilidad de todos los colombianos es proteger a Valdivieso para que pueda hacer su tarea.

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