EL BARCO EBRIO

EL BARCO EBRIO

La política colombiana se maneja cada vez más con lugares comunes, además desgastados. Sin criterio, el país no puede darle sentido a su caída. Es falso que esta sea una sociedad debidamente diagnosticada. Dirigentes naturales, para recuperar su autoridad perdida, los partidos reviven episodios de su vigencia, como la beligerancia entre radicalismo o regeneración o la violencia de mitad de siglo, cuando intervencionismo o librecambismo, laicismo o hispanismo eran alternativas reales.

28 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Aunque es también cierta la opinión según la cual los partidos nunca se diferenciaron a fondo. Pero si algo es ahora nítido en política, es su indefinición progresiva.

No fue siempre así. Colombia ha tenido clases dirigentes y no sólo dominantes. Ricos y pobres se mataban con claridad en otro tiempo. A quién se le ocurriría hoy alistarse bajo Gavirias, Pastranas o Turbayes, o en la pugna pueblerina del delfinato, prueba de un mando exange. Los conservadores tuvieron la latinidad, la hispanidad, la catolicidad de la contrarreforma, su sociedad señorial. El liberalismo la modernidad ilustrada, el laicismo burgués, la gran revolución contra los fueros, la romántica del 48, la socialista... Como cualquier Núñez, están confundidos entre Caro y el pragmatismo anglosajón. Hace poco un diario liberal añoró la monarquía española. Se explican confusiones así mediante la supuesta muerte de las ideologías, detrás de la cual está la de la superioridad del lucro sobre el principio. De pronto había en la identidad partidista más interés que doctrina, pero se sabía a qué atenerse cuando gobernaba un conservador o un radical. Como la más usual, el Frente Nacional no es explicación suficiente para que en el país gobiernen más dineros que credos. Tampoco explica por qué éstos hayan desaparecido como referencia personal y sobre todo colectiva. Como la economía, posiblemente los partidos sufren de oclusión y alejamiento de la calle.

Constancias inútiles en medio de una actualidad nacional tanto más terrible cuanto mayor es su sinsentido . Mexicanos o peruanos saben que su empobrecimiento obedece a reajustes fenomenales. Aquí la droga provoca incidentes cada día más traumáticos sin que se discuta el motivo de fondo. El país se descompone y nadie desenmascara al lucro. La impunidad es mayor pero no se señala la corrupción de la autoridad. Se agravan problemas fronterizos pero no se indica su motivo social. Crece la inseguridad pero desempleo y rebusque son apenas estadística. La carestía se diluye en polémica elitista. Se describe el mal sin mirar debajo. La tragedia es mayor porque es ciega.

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