TOCAR FONDO PARA REVIVIR

TOCAR FONDO PARA REVIVIR

Los colombianos acabamos de pasar por una de las semanas más traumáticas de los últimos tiempos. Todo se conmocionó. Y estos son precisamente los momentos cuando hay que empinarse y tratar de ver un poco más allá de la confusión. Todo este escándalo, a dónde nos lleva? La reacción primaria de todo el mundo fue rodear al Fiscal y aplaudir su valerosa actuación. Así tenía que ser. El país está hastiado de tanta corrupción, de tanta impunidad y con razón pide a gritos que funcione la Justicia. Por eso, cualquier paso para castigar a los culpables produce un regocijo nacional.

28 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Al Fiscal hay que apoyarlo sin vacilaciones. Su posición le dio al país la sensación de que no todo está perdido. La suya fue una voz de esperanza en medio del gran desasosiego que embarga a la nación entera. Pueda ser que al destapar sus cartas, tenga una mano ganadora.

Una salida en falso tendría consecuencias nefastas e impredecibles para la poca credibilidad que los colombianos todavía mantienen en sus instituciones. Lo que hasta ahora se conoce, lo que hasta ahora ha mostrado el doctor Valdivieso, equivale a un simple par jotas. Con eso generalmente se pierde. Si no tiene el otro par debajo de la manga, la Fiscalía habría protagonizado un bochornoso espectáculo del cual difícilmente se podría recuperar.

No quiero imaginarme lo que ocurriría si el Fiscal no le pasa a la Corte pruebas contundentes. Su renuncia sería obligatoria. Porque el daño a las instituciones, al propio país (hay que ver las publicaciones en el exterior) y a la honra de muchas personas, no tendría cómo resarcirlo. Conozco al doctor Valdivieso. Es una persona honrada y de temple. Por eso no parece posible que todo esto lo haga por protagonismo y en función de futuras ambiciones políticas, como se ha sugerido. Si así fuera, que Dios nos tenga de su mano.

El estado de histeria nacional se pudo comprobar con la avalancha de recriminaciones mutuas. Los medios de comunicación se relamen como chacales recién alimentados. Los oportunistas, como siempre, pretenden pescar en río revuelto. Viejos antagonismos salieron a relucir y muchos se han dedicado a sacarse clavos a diestro y siniestro sin importar las consecuencias. Definitivamente ha faltado sindéresis. Qué puede pasar? Si el fiscal tiene el otro par jotas, habrá comenzado a desenredar un ovillo que dará para largo. Los tentáculos del narcotráfico han logrado penetrar prácticamente todos los estamentos de la sociedad. No es solo el partido liberal, como hábilmente se ha presentado. Es por todas partes. Una operación manos limpias al estilo italiano, que lleva más de cuatro años y dos mil investigaciones, y donde han caído periodistas, empresarios, ex mandatarios y funcionarios de toda índole, causaría un trauma enorme. Pero a la postre sería muy útil para el país, siempre y cuando se haga con una sólida base jurídica.

Los colombianos tienen que darse cuenta de que con corrupción no habrá progreso social; con impunidad no habrá paz; con narcotráfico no habrá una economía sana; con los valores y principios resquebrajados no habrá dignidad.

La situación ha llegado a tal punto, que ya es imposible saber quién está o no contaminado. Duele cuando inclusive amigos o conocidos que nadie imaginaba que podrían verse involucrados están bajo sospecha. Por elemental lealtad, hay que desearles que aclaren su situación. Pero si son culpables, que les caiga todo el peso de la ley. Llegó la hora de acabar con la cultura de la transigencia.

Todo esto debe hacernos reflexionar sobre los diferentes aspectos de este problema. Y en primera línea está la financiación de las campañas. Podría ser un buen punto de partida para la necesaria purificación de las costumbres políticas.

Son muchos los argumentos que se han mencionado para que sea el Estado el que cubra los costos de la democracia. De una vez por todas hay que quitarle ese manto de sospecha que cubre a prácticamente todo el que sale elegido, por no saber de quién y con qué móvil recibió dinero para pagar los crecientes costos de su elección. Y con mayor razón ahora, cuando se sabe que es una de las rendijas predilectas de las mafias para extender su influencia.

Esto puede ser entonces una buena oportunidad para iniciar la erradicación de muchos de los vicios políticos del país. Ojalá se aproveche.

En el caso del Partido Liberal, cobra todavía más fuerza la necesidad de elegir una Dirección que esté por encima de la mínima sospecha. Y de trazarle un camino para que salga de la angustiosa situación en que se encuentra. A veces es necesario tocar fondo para revivir.

Ahí está el caso de los socialistas franceses. Después de 14 años en el poder, y cuando nadie daba un centavo por ellos, quedaron primeros en las recientes elecciones.

De manera que en la forma como se conjure esta crisis radica talvez la última oportunidad para que el Liberalismo demuestre que merece seguir gobernando. Demostrarlo con hechos. Porque un partido, decía un politólogo italiano, no puede prometerle a una nación lo que primero no es capaz de realizar para sí mismo.

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