LOS VIEJOS ESTÁN IN !

LOS VIEJOS ESTÁN IN !

Después del revolcón, los viejos quedaron out . Viejos, después del revolcón, quiere decir los mayores de cincuenta años. Y lo digo como una concesión, pues hace poco superé con algún trauma la barrera de los cuarenta calendarios, y no quiero aparecer todavía cual mueble viejo , muy lejos del kínder de Gaviria y algo distanciado, cronológicamente hablando, del bachillerato de Samper.

28 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Esto viene a cuento a propósito de la última columna de Lucy Nieto de Samper, quien con su aguda seriedad descubre que vertiginosamente y en forma alarmante el país se volvíó light. Y que eso, ser vitrinero, carecer de la agilidad yo diría que corporal de las colaboradoras de Panorama y leer semanalmente a Poncho Rentería, es lo in. Y que, en cambio, los viejos mayores de cincuenta años (no de cuarenta, repito) ni siquiera clasifican para estar out, sino que simplemente hay que ubicarlos en la franja de los nada que ver . Una especie de limbo del anonimato. Por eso, una amiga de Lucy que fue embajadora por cerca de seis años le decía muy sorprendida que al regresar ha encontrado una Colombia completamente distinta y, a juicio de Lucy, no digamos que mejor, en donde no conoce a nadie. La gente importante que conocía, la que hizo muchas cosas en este país y por este país, y todavía tendría mucho qué aportar, no la ve sino en los entierros , remata su nota a quien ahora mejor conocen como la mamá de María Elvira Samper.

Un panorama, pues, patético, para quienes pertenecen finalmente a la segunda generación. Que de la tercera, al menos existe admiración por la vigencia intelectual de Germán Arciniegas, Otto de Greiff y Jorge Rojas.

Pero no hay que ser tan pesimistas, querida Lucy. Si bien el país se ha frivolizado para mal (o a lo mejor como escapismo a tantas cosas malas), la verdad es que con el salto generacional que provocó Gaviria, prácticamente se sacrificó a una generación intermedia que, al revés de ciertos ascensos y enriquecimientos súbitos, ha desaparecido. Desapareció, sí, de los periódicos y de los micrófonos, pero no de vivir la cruda realidad.

Y muestras fehacientes de que realmente no se ha extinguido sino que está ahí, vivita y coleando, no en contrabarrera pero sí en tendidos altos, e inquieta y alerta para opinar y conmover ha habido a borbotones en días recientes.

Me refiero, por ejemplo, a la reaparición de Carlos Augusto Noriega en la escena política, quien salió a responder como un tigre las imprecisiones históricas del ex presidente Pastrana en su capítulo sobre el 19 de abril de 1970. En un extraordinario reportaje concedido a Yamid Amat en CM&, Noriega impactó por su capacidad dialéctica y alarde retórico y recordatorio, que hizo rememorar a los televidentes los viejos tiempos de la buena política. Es decir, justamente cuando ésta, la política, no era light sino cosa seria.

Y así también podría seguir hablándose de viejos (entre comillas) berracos (sin comillas). Qué tal, verbigracia, las últimas salidas salidas conceptuales, digo del doctor Alvaro Gómez Hurtado? No por audaces dejan de estar cargadas de sapiencia. Su posición frente al problema de la droga concretamente al problema de Colombia ante el Gobierno norteamericano no solo es respetable sino novedosa y válida. Su tesis sobre el desgaste del Régimen (de cuya carga, según Gómez, también es víctima el propio Samper), resulta digna de análisis. Al igual que su tajante declaración en el sentido de que partido conservador casi no existe , porque es una colectividad que por muchas razones ha perdido autoridad. Política y moral.

Pues eso es precisamente lo que les hace falta a los partidos, para revivirlos. Capacidad de mover ideas y aporte de soluciones, más que caras imberbes o políticos deteriorados por su afán e inspiración clientelistas, leitmotiv de su existencia. Sí. Qué tal una Dirección Nacional Conservadora al frente de la cual estuvieran, opinando y no simplemente pidiendo puestos, gentes como Noriega, como Gómez Hurtado, como Carlos Holguín Holguín o Jaime García Parra? Ad portas como estamos de una Convención Liberal en medio de la más terrible crisis política, qué tal que así como pudo nombrarse un secretario general de las calidades de Luis Prieto Ocampo, también lograra hacerse lo propio con una Dirección encabezada por gentes de la catadura moral de Abdón Espinosa Valderrama, Juan José Turbay, Jorge Méndez Munévar, Rafael Rivas Posada, Fabio Echeverri Correa o Enrique Vargas Ramírez? Sí. Todos ellos tienen un pequeño problema. Son viejitos . O jurásicos , como dice despectivamente el señor Hommes... Pero en el buen sentido de la palabra. Son mayores. Y maduros. Y pulcros. Y brillantes. Y fuertes. Y curtidos en varias plazas, según acaba de demostrarlo un Tigrillo en la plenitud de sus facultades intelectuales. Sólo hay que leerlos, o escucharlos, para corroborarlo.

Pero, claro, es una idea que tendría que surgir de la propia clase política y no de los medios, para que tuviera fuerza. Una Dirección Liberal Nacional sin parlamentarios, pero apoyada por éstos, sería la forma más inteligente de capotear el vendaval y reivindicar la imagen hoy vapuleada de los partidos. Lo mismo que una Dirección Nacional Conservadora sin congresistas, aunque respaldada por ellos.

Como ves, Lucy, hay gente con canas y muy capaz, si la dejaran actuar, para que te anticipes a sepultarlos antes de tiempo. Y que, contrariando al ex presidente López Michelsen, son algo más que muebles viejos... si sabes colocarlos donde toca.

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