EL 19 DE ABRIL DEL 70

EL 19 DE ABRIL DEL 70

Transcurridos cinco lustros de la fecha por muchos conceptos crucial de las elecciones en las que se disputaron la primera magistratura de la nación el doctor Misael Pastrana Borrero y el ex presidente Gustavo Rojas Pinilla, la controversia sobre el resultado del proceso vuelve a ponerse al rojo vivo. Ganó el candidato del Frente Nacional? Le birlaron la Presidencia al general?

28 de abril 1995 , 12:00 a.m.

La división del partido conservador contribuyó a nivelar la competencia. Belisario Betancur y Evaristo Sourdís cualesquiera fuesen sus caudales de votos debilitaban la candidatura de Misael Pastrana. Las masas liberales se mostraban displicentes para votar por quien representaba su antagonista histórico. En tales condiciones se planteaba una coyuntura excepcional para un candidato de ruptura, cuyos tintes populistas arrastraban a miles de electores rasos.

Subsistía una cauda imposible de medir de colombianos para quienes la imagen del general Rojas era la del hombre que le había devuelto la paz al país en medio de la sangría sectaria. Muchos seguían viendo en él al Presidente engrandecido por ambos partidos a raíz del golpe de opinión del 13 de junio de 1953. Para ese tipo de votantes, la balanza comercial deficitaria, la dilapidación de la primera bonanza cafetera, los errores políticos no contaban. Eran lo etéreo de factores y situaciones de gobierno que escapaban a la percepción del hombre de la calle, más propenso a la esperanza y al mito que a la frialdad del raciocinio.

El manejo de la información era elemento clave en el desarrollo normal del debate. Lamentablemente fue lo que más mal se manejó, en particular el sector radial. Los medios noticiosos comenzaron desde el atardecer del 19 a pasar datos enviados a sus centros de recepción por corresponsales muchas veces habilitados para la ocasión, impreparados y hasta comprometidos políticamente. Por su parte, la Registraduría del Estado Civil, en un despacioso procesamiento de las cifras electorales, fue dejada atrás por la información inexacta o deformada. En el centro de comunicaciones de la Escuela Militar, tres grupos de oficiales contabilizaban los sufragios de las tres grandes radio-cadenas. Hacia las diez de la noche diferían entre sí en varias decenas de miles de votos, sin que se pudiese precisar en forma alguna cuál de las tres podría considerarse más cercana a la realidad. Muchos lugares cubiertos por las emisoras no lo habían sido aún por la Registraduría, lo que aumentaba el desconcierto y hacía más difícil una simple aproximación a la verdad.

En las ciudades grandes, la Anapo del general Rojas presentaba mayoría. Su organización de base celular había producido resultados impresionantes. Ascendía de un pequeño grupo de activistas a la cuadra, a la manzana, al sector, al barrio con sus respectivos jefes en pirámide jerárquica que llegaba hasta los directorios de ciudades y regiones. En poblaciones y campos, le ocurrió lo que a Jorge Eliécer Gaitán en las elecciones de 1946. No tuvo tiempo de llegar, ni mucho menos de contrarrestar la fuerza electoral de caudillos tradicionales.

En esta forma, los datos de más lenta recopilación llegaban con retardo a la Registraduría y eran, precisamente, los que en mayor medida favorecían al candidato del Frente Nacional. A la media noche la confusión era dramática. Fue entonces cuando el ministro de Gobierno, Carlos Augusto Noriega, apareció en la televisión para anunciar que se cerraba el proceso informativo. No le faltaba razón. Proseguir en medio de aquella barahúnda equivalía a acrecentarla, como bien lo explica en su libro.

La medida, sin embargo, fue interpretada por mucha gente como censura para ocultar lo que a esa hora parecía un triunfo del general Rojas Pinilla. Cuando al amanecer del 20 de abril el recuento daba la victoria al doctor Misael Pastrana por el efecto agregado de la votación en el exterior y en muchos lugares no contabilizados la víspera, quedó flotando la idea de que todo fue una maniobra encaminada a despojar de su triunfo al candidato de la Anapo. Veinticinco años después, y pese a las pruebas documentales conocidas, se persiste en discutir con acaloramiento sobre el supuesto fraude.

El enredo sirvió de pretexto para que una agrupación radical, disimulada en el salpicón de tendencias aglutinadas en la Anapo, iniciase el azaroso camino de violencia que el país habría de sufrir hasta el trágico final de sus máximos dirigentes.

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