LOS ALTIBAJOS DE BEETHOVEN

LOS ALTIBAJOS DE BEETHOVEN

El genio musical de Ludwig van Beethoven queda reducido, en Amante inmortal, a sucesos banales como el mal humor, las frustraciones derivadas del aprendizaje de su sobrino y pupilo Karl, los problemas de alcoba y la sordera sin más explicaciones. Es lo que se puede concluir al ver una producción europea poco afortunada en donde el último de los clásicos, y el primero entre los compositores románticos, brilla por su carácter tempestuoso pero nada se vislumbra sobre el espíritu idealista o rebelde que encarnó en su época.

28 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Los conflictos o matices de la creación artística podría pensarse que constituyen el eje temático de una biografía célebre que esta vez ignora las enseñanzas de Mozart y Haydn, las batallas interiores del músico de Bonn para comunicarse con su público y el desarrollo de la sonata o de los poemas tonales de construcción sinfónica. Conocer los tejemanejes del poder imperial y cómo ellos afectaron la sensibilidad de un hombre extraordinario hubiese sido mucho más interesante que partir de un novelesco testamento para cuestionar superficialmente los tipos de relaciones sentimentales que mantuvo con dos condesas y la esposa de su hermano tuberculoso.

Si bien la cinta, escrita y dirigida por un tal Bernard Rose, dispone de una banda sonora maravillosa, con los coros e instrumentos orquestales de la sinfónica de Londres en bellísimos escenarios checos, su producción inglesa peca por exceso de recreación mundana hasta el punto de abandonar el perfil inmortal de su personaje para ocuparse de asuntos baladíes y mal narrados que no valen la pena de ser explorados. Aquí la Sonata a Kreutzer se reduce a una jaqueca y la Novena se desprende de un tarareo que culmina en apoteosis.

El actor londinense Gary Oldman -35 años de edad- sorprende cada vez más por su impresionante capacidad de mimetismo, cuando asume sus personajes con extrema convicción interpretativa y les concede una gracia emocional bastante peculiar -en la línea de Sir Laurence Olivier-. Primero fue Lee Harvey Oswald en JFK, después encarnó las facetas del Drácula de Bram Stocker y hace poco hizo de genocida inspirado por la mismísima Coral de Beethoven.

Otra María En 1972, un año antes de su fallecimiento, el cardiólogo Alfonso Castro Martínez filmó en San Gil una pequeña versión coloreada y sin sonido de María, que por demás se constituiría en la última producción de Fonce Films -El rapto, El tesoro, Hogar, dulce hogar, El crimen del 301 y Una estrella en el camino-. Sirva este registro para destacar no sólo una curiosidad de la provincia santandereana, sino también la obra recuperada de un autor jamás antes citado por los historiadores.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.