ZENÚES, DE TRASTEO POR LA VIOLENCIA

ZENÚES, DE TRASTEO POR LA VIOLENCIA

Es como si la violencia persiguiera a Angel Suárez, un indígena veterano que hace diez años se fue de Tolú (Sucre) en busca de paz y progreso. Regresa porque también en Necoclí, municipio del Urabá antioqueño, donde aquella vez buscó refugio, había quedado en medio del enfrentamiento de guerrilleros y paramilitares.

27 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Allá dejó una finca de 50 hectáreas que forjó con su trabajo. Pero no solo él va y viene por el miedo. Suárez hace parte de un grupo de 500 indígenas zenúes que se refugian en El Hueso, El Mamey, Sabaneta, Aserradero y la finca Torrente, en zona rural de Tolú (Sucre) y Momil (Córdoba).

De esa misma zona salieron hace una década debido a la inseguridad y la miseria.

Ahora, en sus alojamientos improvisados, afrontan hambre y brotes de epidemias. Las primeras víctimas son dos niñas de dos y sesenta días, que murieron hace una semana aparentemente por enfermedades bronco respiratorias y diarréicas.

La situación de los refugiados que conforman 150 familias es analizada por la recién instalada comisión verificadora de los factores de violencia en la región de Urabá.

Hasta agosto pasado se vivía con relativa tranquilidad, pero de un momento a otro se vino la violencia. Según los testimonios, los campesinos eran retenidos, torturados física y sicológicamente para exigirles que fueran informantes del Ejército o la guerrilla.

José Flórez, uno de los refugiados en Tolú, dijo que desconocidos incursionaban durante las horas nocturnas en las viviendas para prenderles fuego junto con sus habitantes. Eso -anotó- Flórez- nos obligó a dormir en el monte y a la intemperie, para volver a los ranchos con las primeras luces del nuevo día .

De las amenazas se pasó a los hechos cuando fueron asesinados el gobernador del Resguardo, José Elías Suárez, Juan Castillo y Jairo Flórez, en hechos ocurridos durante los tres primeros meses del año.

Regreso forzado El éxodo masivo de indígenas se inició a mediados de abril. Desde las localidades de Las Changas y Necoclí (Antioquia), cuatro cabildos pertenecientes al Resguardo de San Andrés de Sotavento (El Volao, Canime, Vara Santa y Caracolí) decidieron retornar a las tierras sucreñas y cordobesas, que dejaron para buscar mejor horizonte en Urabá.

Antes de abandonar sus predios, cultivos, animales y enseres, buscaron una solución ante las autoridades de Necoclí y la respuesta fue que se marcharan porque los conflictos iban a agudizarse. No se les dio ninguna otra alternativa ni protección por parte de los organismos de seguridad, dicen voceros de la comunidad.

En burros, caballos y a pie salieron únicamente con la ropa que tenían puesta y los niños desnudos y descalzos. Lo importante era salvar nuestro pellejo y morir con los nuestros y en la tierra en que nacimos , dijo Flórez.

La madre de una de las niñas muertas dice que salimos del fuego cruzado para no ser el primer blanco. Pero ahora nos estamos muriendo de hambre y por enfermedades .

En los refugios les hace falta de todo, alimentos, vestuarios, camas, enseres, drogas, techo, agua y recursos económicos que les permitan sobrevivir.

La poca ayuda que han recibido estos desplazados por la violencia se reduce a dos brigadas de salud realizadas por la Base Naval de Coveñas y la Alcaldía de Tolú.

Los niños van a las represas y caños para capturar peces pequeños y no comer solo yuca que es donada por nativos que viven en Tolú; las mujeres lavan en las barrancas de los pozos mientras que los hombres buscan donde ganarse un jornal.

El capitán del resguardo indígena del Torrente, Adalberto Madrid, realizaba ayer gestiones ante la Alcaldía de Tolú, la Gobernación de Sucre y el Comité de Emergencia. Se espera una entrega de ayudas para este viernes.

El gobernador de Sucre, Héctor Pérez Santos, creó un equipo interinstitucional conformado por funcionarios del Incora, ICBF, la Oficina de Atención de Emergencia y Prevención de Desastres, Cruz Roja, Defensa Civil, Alcaldía de Tolú, Dasalud, Idema y la Base Naval de Coveñas para evaluar la situación de hacinamiento, promiscuidad, abandono y demás necesidades.

Por ahora, la pista para el secado natural de yuca y la bodega de almacenamiento del tubérculo, construida por la embajada holandesa, en Tolú, es uno de los albergues de los desplazados, que duermen en el piso.

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