MORDAZA EN OCCIDENTE

MORDAZA EN OCCIDENTE

La prensa libre es el sexto sentido de los pueblos , esta es una de las máximas del periodismo universal que queremos hacer nuestra hoy. Y nadie nos va a silenciar. La información la hemos hecho con seriedad y responsabilidad. Hemos llevado la voz de las comunidades. Hemos sido los voceros de los pueblos. Y los boyacenses nos han respaldado.

12 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Y ahora, el alcalde de Muzo, Omar Manta Padilla, en compañía de sus concejales, quiere implantar la ley del terror y la ley del silencio periodístico. Quiere acallar la voz del pueblo. Parece que en su municipio la única ley fuera él. Y él lo cree.

Allí existe gente buena y laboriosa. Pero la imagen la desvirtúa la primera autoridad, quien debiera ser ejemplo de paz y de bienestar.

Sucedió el lunes pasado. Un grupo de periodistas fue invitado por la Oficina de Prensa de la gobernación de Boyacá, para que asistiera al compromiso con Occidente que iban a realizar los ministros de Minas, Jorge Eduardo Cock, y de Obras Públicas, Juan Gómez Martínez.

A Muzo llegaron los periodistas del semanario Entérese, de la Gobernación y de Boyacá 7 días. El alcalde se referió en tono amenazante de los comunicadores de este semanario. Utilizó palabras de grueso calibre. Todo porque el 24 de febrero Boyacá 7 días publicó información sobre los hechos de la muerte de su hermano William Manta. Y según él y sus funcionarios, este medio debía callar la noticia. En esa ocasión se le exigió a los periodistas de este semanario que se abstuvieran de divulgar cualquier información sobre el crimen. Y obviamente no atendimos su petición.

El lunes pasado el gobernador de Boyacá, José Benigno Perilla, fue testigo del amedrantamiento de aquellos cabecillas de la violencia, como lo fue también el día del asesinato de Manta. Gracias a su intervención, fue posible que los comunicadores regresaran con vida a Tunja. De no haber sido así, probablemente ellos habrían aplicado su ijusticiai.

Cuando nosotros publicamos la información, lo hicimos porque consideramos que un crimen de esta magnitud no debía reposar en el olvido. Hace parte de una guerra que vive la región. Es una guerra que quizás, y a juzgar por su comportamiento, promueve esa autoridad, y que seguramente no propician los líderes de la zona esmeraldífera.

Es cierto que allí muere mucha gente. Y que existen tumbas anónimas. Son muchos los desaparecidos y muchas las viudas que recorren esas tierras. Son pocos los que propician la guerra.

No es justo que esa minoría imponga sus leyes. La Fiscalía y la Procuraduría deben entrar a investigar y a castigar a estos promotores de la violencia. Si las autoridades no aplican la mano dura, es probable que ni ellas mismas puedan entrar a esa zona, de la cual se han adueñado estos intrusos.

Hoy tampoco podemos quedarnos callados con las amenazas que buscan silenciar la prensa.

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