AL MARGEN DE LA SELVA

AL MARGEN DE LA SELVA

En los últimos 28 meses los guerrilleros de las Farc y del Cura Pérez han perpetrado 52 atentados contra los helicópteros del gobierno que están erradicando los cultivos de amapola y coca que alimentan las fábricas clandestinas de narcóticos y han convertido a Colombia en el mayor país productor en el mundo de estos alucinógenos, introducidos a Estados Unidos y Europa. En el último atentado, un grupo de las Farc, provisto de los armamentos más modernos, adquiridos a través de un país vecino, hicieron blanco en uno de los helicópteros. Estamos, pues, ante una abierta rebeldía contra los esfuerzos del gobierno por acabar con las fuentes que han colocado a Colombia a la cabeza en la producción de narcóticos en el mundo.

27 de abril 1995 , 12:00 a. m.

El ministro Fernando Botero, después del funeral en que hizo el elogio del mayor José Luis Ramírez, piloto del helicóptero abatido por los guerrilleros de las Farc, precisó lo que el gobierno está haciendo en su lucha contra el narcotráfico. Se propone, y así lo ofrece, erradicar 44 mil hectáreas de las 64 mil que se han descubierto ya sembradas a espaldas del gobierno. Es la operación más grande que se está haciendo en América, y la que indirectamente beneficia más a los Estados Unidos. No es un anuncio sin fundamento. En lo que va corrido de este año ya se han erradicado cultivos de 8.004 hectáreas. Salta a la vista la magnitud del esfuerzo hecho por Colombia. Y el absurdo que sería echar íntegra la carga de una lucha semejante sobre nuestro país, cuando el negocio se produce íntegramente en Estados Unidos y ahora empieza a explotarse en Europa. Es obvio que la lucha debe ser internacional. Que es imposible dejar solo a un país, reduciendo a quienes han establecido, ciertamente, en Colombia la fábrica diabólica, pero que hacen un negocio aprovechando los bancos mundiales y burlando a las policías de Estados Unidos y de Europa. Y naturalmente la de Colombia.

Claro que el gobierno tiene un problema tan grande, si no mayor, que el de destruir los narcocultivos. El de reemplazar las miles de hectáreas a que han vinculado sus esfuerzos, y por qué no decirlo? sus ilusiones los trabajadores del campo por otros de plantas que sean de beneficio para el hombre, o porque lo alimentan, o porque sean de usos industriales o porque sean de aplicación química o farmacéutica que sirvan al progreso de la humanidad. Lo que está en juego, como un desafío para el hombre, es el aprovechamiento de la Hoya Amazónica. Y así el plan de la erradicación de la amapola y la coca tiene que corresponder, y es de inmediata urgencia, al que va a hacerse con la tierra que hasta hoy ha servido para mejorar la situación económica de quienes vienen trabajando para los mercaderes de la droga.

Exactamente en el momento oportuno, se fundó en la capital del Caquetá la universidad en donde va a funcionar y se ha creado ya el Instituto de Ciencias que dirige el profesor Hugo Hoenigsberg y que se han apresurado a apoyar las más autorizadas universidades y sociedades científicas de Estados Unidos, Sur América y Europa. Queda en manos de esta primera gran entidad, que repite la experiencia de la Expedición Botánica ya en el borde mismo de la región amazónica, el cuidado de proceder al estudio de los cultivos que pueden entrar inmediatamente a reemplazar los sembrados que van destruyéndose por plantas útiles que dejen un beneficio al campesino.

Si el trabajo de destruir las plantas alucinógenas es una empresa grande para cualquier país, el de introducir una nueva agricultura y llevar a cabo en más de 70 mil hectáreas una repoblación vegetal exige la cooperación internacional. Hay que crear, ahí sí, una mística en torno de la nueva agricultura. Hay que movilizar al campesino, a la opinión pública y buscar recursos de todo orden para afirmar sobre una base sólida la fe de los campesinos que, desposeídos de lo que se les prometió por los narcotraficantes, puedan volver a la vida republicana por un camino sano y honesto. No hay que olvidar que la sola destrucción de la coca y la amapola no es sino la mitad del camino. La segunda parte del programa es más compleja, más audaz y más difícil. Pero es ahí donde va a ponerse a prueba la capacidad creadora del gobierno.

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