INDUSTRIA DESINFLADA

INDUSTRIA DESINFLADA

Desinfladas por el cierre de las cuatro fábricas de balones, 600 familias de Monguí aguantan hambre desde comienzos del presente año. Una tradición que tuvieron los campesinos de cocer balones durante los últimos 30 años se acabó. La apertura económica e Impuestos Nacionales le dieron el pitazo final a la elaboración de pelotas.

12 de abril 1995 , 12:00 a.m.

La pena máxima se la cobró el Estado a don Paulino Ladino Castro a través de la oficina de Impuestos Nacionales, con sede en Sogamoso. Según él la institución consideró que el no soportar con recibos el pago de sueldo a sus empleados era ilegal y lo multó con una suma cuantiosa. Dijo que para pagar la primera cuota de la sanción pecuniaria, tuvo que vender un camión. Y tiene plazo para cancelar la totalidad a finales de 1995.

La selección Colombia de Fútbol que participó en el mundial de Estados Unidos el año pasado, le sacó la tarjeta amarilla a los fabricantes de balones de Monguí. Esperaban que el onceno nacional tuviera éxito en la contienda mundialista como se vislumbraba. Se pusieron la camiseta, fabricaron balones para no dejarse sorprender por la supuesta bonanza de ventas por el espectáculo futbolero.

Pero no fue así. Como a la selección Colombia le fue mal, a ellos también. No vendieron los balones que promocionaban el equipo nacional. La reacción de los aficionados no fue solo contra los jugadores, sino contra los productos que les hicieron publicidad. Y fueron goleados, se quedaron con grandes existencias.

Luego el Gobierno Nacional se encargó de sacarles la tarjeta roja. El ingreso de balones de contrabando a bajos precios pinchó las aspiraciones de los empresarios de Monguí. Y los sacó del mercado.

Ahora los balones de cuero cocidos a mano por campesinos de Monguí, que deleitaban a los amantes del fútbol y a los coleccionistas, por ser una obra artesanal, dejó de ser la solución económica de muchas familias y pasó a ser su calvario. Lo que para unos -deportistas- es la pasión del fútbol, para otros -campesinos- se ha convertido en el dolor de cabeza más grande.

Ahora, don Paulino se echó un cabezazo y le puso la mano al guante. Se juega sus ingresos y los de su familia, fabricando otras manufacturas. Elabora guantes de caucho para uso doméstico. Para operar la máquina de guantes solo se necesitan dos operarios.

Con Paulino Ladino trabajan sus cinco hijos, todos profesionales. Un químico, mecánico, dos administradores de empresas y una secretaria.

En fuera de lugar Paulino Ladino Castro, fabrica balones desde hace 22 años. La tradición familiar viene de un tío que los aprendió a cocer cuando estuvo trabajando en una cárcel del Perú. Hoy, Monguí, es conocida no solo por su arquitectura colonial, sino porque la mayor parte de la población se dedica a la elaboración de balones.

Ladino Castro fabricó 2.500 balones semanales, antes del mundial de fútbol de 1994. Y un campesino se ganaba, por cocer un balón, 1.200 pesos. Los costos de producción de un balón en Monguí es de cinco mil pesos. Mientras que los de contrabando llegan a 3.500 pesos.

Las cuatro fábricas de balones daban empleo directo a 250 miembros de igual número de familias. Y 300 empleos indirectos, en igual condición. Las familias, que quedaron cesantes, han clamado a los empresarios para que les den parches de cuero para fabricar balones. Pero la situación mercantil es negativa para los productores que decidieron cerrar hasta tanto, el Gobierno Nacional no cambie las condiciones.

Las gentes dijeron no tener un centavito para la Semana Santa . Desde principios de 1995, en Monguí no se infla un solo balón. Los agricultores dijeron que sus tierras no producen y el verano, que ha sido muy intenso, no les ha permitido sembrar.

Don Paulino dijo que le pidió a Impuestos Nacionales reconsiderar la decisión sobre la multa, porque de lo contrario tenía que cerrar la fábrica y se perjudicaban los empleados. Aseguró, que la funcionaria de Impuestos le respondió que así cierren todas las fábricas, no me importa, porque cumplo con lo de ley . La situación de los campesinos es difícil: la pasión del fútbol se vive en Monguí.

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