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PASA EL HURACÁN FANNY

PASA EL HURACÁN FANNY

Se dice que todo el mundo hace lo que puede. Pero no son solo los que hacen mucho más de lo que podría hacer cualquier ser humano, quienes propician que este mundo baile sobre su eje. Hemos visto en la historia ejemplos del poder conquistador de la voluntad, por lo general cada uno sobre un caballo. Gengis Khan, Alejandro Magno, Napoleón, Bolívar y Buffalo Bill. Y si con la ficción nos metemos, aun en la triste parodia que es el andante don Quijote.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
15 de abril 1996 , 12:00 a. m.

Entre nosotros hemos contado por cerca de cuarenta años con el tesón de una porteña que ha sido toda una central de energía, Fanny Mikey, realizadora de cinco Festivales Iberoamericanos de Teatro. Para hacer posible esta maravilla de poner el gran teatro del mundo al alcance de nuestro mundillo, ha sabido estar bien montada en el caballito de las finanzas , del que se habla en Ubú Rey. Y en el caso presente contar con un equipo valiente y a prueba de sumernage, encabezado por Manuel José Alvarez y Clarisa Ruiz. La memoria del gran Tito Zubiría (+) sigue rodando, como el soporte de Gustavo Vasco y Gonzalo Meza.

Sus ejecutorias en Bogotá, como el TPB (+), la Gata Caliente (+) y el Teatro Nacional están tan vivas en la mente de Colombia, que me permiten limitarme a referencias anecdóticas a gentes ligadas a sus primeros arrebatos, y que colaboraron desde sus inicios al estruendo de su carrera, cuyos 50 años celebramos con todo júbilo.

Es Fanny un mito entre nosotros, por su ardentía y su belleza, desde que se instaló en Cali a propulsar el TEC, gloriosa escuela que dirigiera Enrique Buenaventura. Vivía Fanny en una suite del Hotel Aristi con su inolvidable compañero y compatriota, ese gran señor de las tablas, Pedro I. Martínez (+), nada menos que Edipo Rey en las gradas del Capitolio. A Pedro asistíamos a aprenderle en los ensayos de esas obras retumbantes como El amor de los cuatro coroneles, Historias para ser contadas y Llegaron a una ciudad, en papeles estelares compartidos con Fanny, pero también para beber de su botellita de vino seco, escondida tras bambalinas y que siempre desaparecía (?), para ser repuesta de inmediato por el fiel negro Esteban Cabezas (+), esposo de la Negra Grande de Colombia y padre de Candelario.

La gran familia de los actores del TEC es una de las más admiradas del teatro colombiano como la de la Candelaria, que ahí se mantiene, por su capacidad de sacrificio, pero también por los frutos que recogieron. Con Fanny como motor dentro y fuera de borda y alrededor de Buenaventura, a quien Dios Padre dé larga vida, giraban como falenas parlantes Helios Fernández y sus hermanas Ayda y Liber; Alejandro, hermano de Enrique, y Julia Rodríguez, Humberto Arango y su madre Berta Cataño (+); Luis Fernando Pérez (+); Lucy Martínez, Mario Ceballos (+); Julia Correa en sus inolvidables papeles de prostituta; Edilberto Gómez, Yolanda García; Danilo Tenorio; Héctor Troncoso; Ruth y Camelo. Y para seguir evocando queridos desarraigos de argentina voz, Boris Roth (+), quien fue después actor en nuestra televisión, y Roberto Arceluz (+), a quien importaron como artista escenógrafo, un joven desesperado que tomaba siempre apuntes mientras apretaba el chicote en los labios, y que terminó dándose de cabezas en marcha contra una locomotora. Fue mi único profesor vivo de existencialismo exterminador.

Los Festivales de Arte de Cali serían y estos Festivales Iberoamericanos de Teatro hoy nos lo comprueban, el antecedente de toda realización que se haga en Colombia con la cultura. Fue un proyecto que se impuso la Mikey contando con el apoyo de su ciudad adoptiva y de sus empresas. A los nadaístas, entre ellos Gonzalo Arango (+) quien tanto la amara y la cantara tan bellamente, nos sirvió de trampolín para hacer nuestros festivalitos de vanguardia. Desde el fondo de nuestro órgano de bombeo y por el placer estético que ha despertado en nosotros, agradecemos a Fanny su capacidad infinita puesta al servicio del arte para hacer una humanidad menos desgraciada.

Al final de este Festival, hacemos nuestras las palabras que primero que nadie el negro Cabezas le decía al caer el telón sobre cada uno de sus estrenos: Fanny, estuviste divina! .

Muchos han tenido grandes ideas culturales para llevar a cabo, pero se han encontrado con la imposibilidad de lograr su financiamiento. Les faltaron las piernas de Fanny, que cuando las cruzaba en plena junta directiva de las empresas a las que atacaba por recursos, creaba una confusión tal que se reventaban las reservas de los aportes. En nuestro medio, para lograr coronar proyectos ambiciosos, se requiere por lo general como en el soneto, de ancha cabeza y resonante cola .

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