LA NOCHE VCTOR Y ANA

LA NOCHE VCTOR Y ANA

Ayer, en el Palacio de los Deportes, hubo luna llena. El equeño satélite ascendió lentamente sobre los asistentes al concierto de Ana Belén y Víctor Manuel y durante dos horas devolvió la magia de los sueños perdidos y los amores olvidados. Fue una noche de encantamiento que recuperó el encanto de un fin de siglo que, por un lapso de tiempo, fue exactamente como el que soñó la generación que creció con Víctor y Ana.

27 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Los dos españoles pagaron su deuda con Latinoamérica a través de 25 años de canciones. La espera, aunque larga, valió la pena. La cuenta se saldó incluyendo los intereses de mora. La pareja de españoles dejó la vida sobre el escenario. Fueron 32 canciones cargadas con toda la emoción reprimida de un encuentro largamente aplazado.

Los que llegaron atraídos por el éxito de Mucho más que dos -el disco por el cual ayer les otorgaron un disco de platino- se dieron cuenta de que eran mucho más que eso. Mientras que los que los han seguido a la distancia, cantaron con el alma las canciones que se aprendieron a fuerza de escucharlas en la sala de la casa.

Sin embargo, la noche del concierto no comenzó bien. Fue una función de extremos, pues el éxito y el manejo de escenario de los españoles fue inversamente proporcional al desempeño de la actriz y cantante María Fernanda Martínez, quien tuvo la responsabilidad de abrir el concierto. Martínez no supo ganarse al público, ofreció un repertorio con canciones del grupo español Presuntos Implicados y el venezolano Ilan Chester, entre otros. Su show fue muy limitado y el sonido pésimo.

Sobre las 9 de la noche aparecieron sobre el escenario Víctor Manuel y Ana Belén. A partir de ese momento, el Palacio de los Deportes se contaminó de sentimientos nobles fraternidad, tolerancia y esperanza.

De entrada, los españoles pusieron de presente su condición de artistas comprometidos. Los dos contaron que Contamíname es una respuesta al racismo que cunde por Europa. Ese fue el punto de partida de un concierto que en realidad son tres: el de Ana, el de Víctor y el de Ana y Víctor.

La sección de Ana es más suave y con un repertorio más universal. Es una intérprete y canta lo que quiere y eso incluye canciones de su esposo, de sus amigos y de extraños como Cole Porter y Billy Joel. Víctor Manuel, en cambio, es cantautor y se debe a sus canciones. Su repertorio es mucho más rítmico y de cierta forma más comprometido y militante que el de su esposa.

Víctor cantó A donde van los besos, Ay amor, Quiero abrazarte tanto, Nada sabe tan dulce como tu boca, Bailarina, Cruzar los brazos, Por la luz de tus labios, La madre, Solo pienso en tí, Asturias y el Abuelo Víctor. Canciones que han estado presentes en la historia de la España contemporánea y que comienzan a entrar en la de América Latina. Canciones que hablan de amor y que desde hace 23 años han estado dedicadas a una sola mujer ; o que se refieren a las noticias del periódico como La madre, la historia de una mujer que se duele de la tragedia de un hijo drogadicto. Canciones visiblemente militantes como Cruzar los brazos que rechaza el servicio militar y canciones muy suyas como Abuelo Víctor o Asturias un tema casi reverencial, un himno que cantó con el corazón puesto en su patria chica. Su interpretación fue tan sentida y aplaudida que exclamó: no pensé que hubieran tantos asturianos en este coliseo .

Ana interpretó Solo le pido a Dios, Yo también nací en el 53, Hierba, Quien eres tú, Basta ya, El pianista, Lía, A la sombra de un león, Veneno para el corazón, Derroche, Niña de agua y Se te olvida. De todas esas canciones apenas cinco son de su esposo, las demás pertenece a compositores como Joaquín Sabina, Billy Joel, León Giecco y Cole Porter, entre otros. Esa variedad también incluye distintos ritmos: boleros, rock, salsa y balada. Su mejor momento, a nivel del público, lo logró con Derroche, canción que fue aplaudida durante casi cinco minutos. Sin embargo, musicalmente vale la pena destacar sus versiones en español de las viejas canciones de Cole Porter, de las cuales interpretó tres: Basta ya, Veneno para el corazón y Quién eres tú, que fueron incluidas en su disco Veneno para el corazón.

Sin embargo, indudablemente, las canciones de Víctor y Ana son el plato fuerte: Contamíname y La puerta de Alcalá. Sin embargo, hubo ñapa. Ana reforzó a Víctor en Luna y los dos hicieron el cierre con La muralla del grupo chileno Quilapayún.

La noche terminó con la luna en lo más alto del escenario y un público que después de haber cantado y compartido de la utopía romántico-musical de esta pareja, se encontró con los fríos muros de Bogotá, los mismos que recuerdan en pleno final de siglo todavía hay murallas por derribar .

A.Z.D.

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