LA IMPOTENCIA LIBERAL

LA IMPOTENCIA LIBERAL

A escasos días de una convención más, puede decirse que si el liberalismo no se acaba, es porque nadie disputa su lugar. El vacío político es general, sin que pueda aceptarse que mal de muchos consuelo de pocos, ya que la intranscendencia del partido liberal repercute necesariamente en un país acosado de adentro y de afuera; cuestionado su gobierno, y precisamente cuando las instituciones resultan inoperantes en todas sus funciones y responsabilidades.

18 de abril 1995 , 12:00 a.m.

El problema del partido no es la familia Pastrana, al fin de cuentas creación del mismos sistema; auspiciada y fortalecida por la generosidad burocrática que le deparan los gobierno liberales. La causa del deterioro del liberalismo está más allá de su pasado reciente, que es historia superada. Afligirnos porque Pablo Escobar fue liberal, o porque Santofimio todavía lo es, no acelera nuestro desmoronamiento.

El liberalismo se rezoga siempre que es gobierno. No responde a las expectativas de una sociedad en crisis. Las carteras de responsabilidad social se dejan en manos de la insensibilidad de los conservadores que resultan imponiendo reformas laborales a su acomodo. Tampoco se superan los estereotipos tradicionales; Gaviria resultó haciendo Barquismo, con inteligencia claro está, pero se alejo de Luis Carlos Galán, traicionó su proyecto político. Samper no arranca con la propuesta del salto social, embelesado definitivamente con la guerra antidrogas que copa todo su tiempo. Serpa, en el ministerio de Gobierno vive ataviado en rencillas, sin preocuparse por recuperar el Estado de Derecho. Su obsesión es la construcción del andamiaje burocrático de su eventual candidatura.

a paz se maneja en medio de las contradicciones de un ministro desvelado por los vientos de derecha y un comisionado a estas alturas carece de una propuesta viable y seria, extraído de las rancias canteras del manzanillismo, no despierta credibilidad, es decir no parece ser el hombre indicado con autoridad moral sobre todos los bandos para lograr la reconciliación de los Colombianos.

Así, el fracaso del gobierno, con responsabilidad compartida, termina siendo el fracaso exclusivo de un liberalismo, que tampoco tiene dirección sino unos representantes legales con funciones administrativas, encabezados por el presidente del Senado, cuota Pereirana del legado de Gaviria, que sólo sirve para cobrar el reembolso de las campañas y para usufructuar para sus feudos, los beneficios institucionales.

La Dirección Nacional Liberal, no tiene prestigio, y por consiguiente tampoco liderazgo. Generaliza su propia anarquía, expandiéndola por todo el país por este motivo el partido se desintegró. Avalaron candidatos conservadores para que derrotarán a los propios conservadores, por eso el mapa político de Colombia no es liberal.

En el campo se cedió el espacio a la guerrilla, mientras que en la ciudad se dejó para los carteles. La juventud es indiferente para el liberalismo, no la promueve ni la interpreta. El partido liberal sólo existe por su energía pero pierde vigencia política. No hay bases, ni formación de cuadros. Ideológicamente estamos lejos del ancestral testimonio de los grandes conductores. Uribe Uribe, Gaitán y Galán sólo se utilizan para mostrarlos en fotografías, pero sin que la dirección liberal reivindique su ideario.

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