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A TIEMPO

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No es tarde aún para evitar un daño serio que agriete la sólida estructura de la economía colombiana. Es cierto que la desaceleración de la actividad productiva y comercial es pronunciada y que esta afectando en mayor o menor grado a todos los sectores y a todas las empresas, sin distingo de tamaño o ubicación geográfica. La crisis política, tal como lo comprueba la encuesta empresarial contenida en esta edición, es el mas grave problema del mundo de los negocios. Más de la mitad de los entrevistados confiesa que le está yendo peor de lo que tenía planeado al comienzo del año. Pero no hay que exagerar, la situación todavía no es catastrófica y nos podemos ahorrar el desastre si se ejecuta una formula de salida en un plazo breve.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
15 de abril 1996 , 12:00 a. m.

Una realidad que puede sorprender pero que conforta, es la imagen positiva que aún conserva la economía nacional en el extranjero. Las más prestigiosas agencias internacionales calificadoras de riesgo mantienen su confianza en la calidad de nuestra economía en el mediano plazo. El panorama y las tendencias siguen siendo positivas a su juicio experto. Los spreads que deben pagar los papeles financieros del gobierno - que miden el nivel de riesgo que percibe el inversionista- no han aumentado significativamente. El ambiente para futuras emisiones de bonos colombianos en los mercados norteamericano, europeo y japonés, sigue siendo amigable. Y todas estas evidencias pueden perpetuarse - e incluso mejorarse - si salimos pronto del embrollo político.

Sinembargo, en el intervalo, no debemos convertir la economía - ni el gobierno ni sus opositores- en el escudo de defensa o la lanza del ataque en el conflicto. Porque quien perdería sería no solo la administración Samper sino el país entero. Si el gobierno demora la solución no habrá paciencia que resista. O si gasta demasiado para comprar apoyo político, el déficit fiscal, la inflación y las altas tasas de interés empeorarían. Y si los opositores utilizan los síntomas de recesión como arma de presión para forzar una solución, lo único que se lograría sería acelerar el deterioro económico al fomentar la desconfianza y la inestabilidad. En ambos casos, no habría ganadores, tan solo un gran perdedor: toda la sociedad colombiana.

Esto no quiere decir que no se deba continuar señalando los problemas, los riesgos, los errores. Ni que se deje de exigir un manejo oportuno y técnico de la economía. Esto debe hacerse siempre, con o sin crisis política. De lo que se trata es de no hacer un uso indebido de una situación delicada, uso que seria suicida e injusto. No nos cansamos de repetir, y en esto compartimos la posición del Ministro Perry, que la economía es un patrimonio de todos los colombianos y sin excepción alguna, todos debemos hacer lo posible por evitarle un deterioro a ese activo de nuestros hijos.

En los próximos meses las empresas colombianas serán sometidas a una nueva dura prueba para la cual debemos unirnos. Se trata de la situación económica que vivirá nuestro segundo socio comercial, Venezuela. En el articulo de portada de esta semana, se describe en forma detallada las drásticas medidas y difíciles circunstancias que sufrirá el país vecino. La acelerada devaluación que experimentará el bolívar le pondrá una enorme presión negativa a nuestra balanza comercial con la nación hermana. Ademas, el contrabando hacia Colombia se verá incentivado por el ajuste cambiario. Y el proceso inflacionario que se registrará en ese país empobrecerá la capacidad de compra de nuestros productos.

Así pues, los sectores público y privado tienen el inmenso desafío de manejar con más cuidado que nunca la difícil coyuntura económica. El país se encuentra muy dividido en lo político , en lo jurídico, incluso en lo moral. No nos podemos dar el lujo de ponerle a nuestra nación una carga adicional, la del enfrentamiento inmaduro en la gestión económica. Mientras salimos del enredo político, hagamos un esfuerzo patriótico por anteponer el bienestar económico de toda la nación, por encima de los intereses grupistas. Estamos a tiempo para evitarle un daño demasiado costoso e inútil a Colombia.

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