OCIOLATRIA

OCIOLATRIA

Y los sueños sueños son Nada que despierte tanto la expectativa de un buen televidente, como el anuncio de un nuevo programa. Mucho más en tiempos de apertura, revolución y competencia.

30 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Nada tan complejo, por otra parte, como el hallazgo de algo original en un mundo dentro del cual ya todo está inventado y repetido. Por eso, en materia de televisión, es bueno para espectadores no hacerse demasiadas ilusiones ante el anuncio de novedades, y aconsejable para productores no lanzarse al aire hasta cuando las ideas, los temas y los múltiples elementos que integran un programa estén perfectamente definidos y resulten tanto armónicos como coherentes. De lo contrario, se corre el riesgo de frustrar un sueño, como ocurre precisamente con Máquina de sueños, una idea tan ambiciosa como difícil de realizar, tan bien intencionada como fallida.

Por qué? Porque el televidente espera mucho más a la hora de contemplar el resultado de la ardua propuesta. Porque los sueños son mucho más que un cuarto blanco, el efecto simplista del humo seco, el seguimiento radical de un libreto. Montar en globo? Cantar con la orquesta del maestro Lucho Bermúdez? Sí, es posible que esos hayan sido los sueños inalcanzables de los dos respetables pero muy débiles personajes que tomamos como ejemplo, pero habría que considerar hasta dónde resulta convincente para la mayor parte de la teleaudiencia, que un par de montajes tan facilistas como esos correspondan a la máxima ilusión de un ser humano. Dónde la fantasía? Dónde la transmisión de emociones que constituye la materia prima de los sueños? Dónde la fuerza de los protagonistas, cuya obligación responsabilidad del talento de los realizadores debe ser la de sacarnos de lo tangible y ponernos a volar y a sentirnos partícipes de un episodio inolvidable? Eso no se ha dado hasta el momento. Primero, porque no es fácil; segundo, porque en pleno domingo, en la mejor franja triple A de toda la programación, la gente espera una propuesta más densa, menos infantil, más imaginativa y más libre. Es lícito y conveniente que las presentadoras aparezcan más que el soñador? El esquema hasta ahora transmitido nos remite a propuestas comunes en la franja vespertina de cualquier día y eso lo convierte en un lugar común. Pero hay una esperanza: como apenas comienza, es posible que ese buen productor que es Alberto Amaya despierte y configure la buena idea de Francisco Ortiz. Por ahora se corre el peligro de convertir en máquina de sueño lo que debe ser Máquina de sueños.

Tesoro para ociólatras Qué bello libro es 400 personajes en la pluma de Rendón! Auténtico documento histórico, clara lección de periodismo valiente y lúcido, volumen para conservar sobre la mesa de noche y degustar con atención, como debe ser siempre que se trata de ir a las fuentes y a los espacios y los elementos que convierten a la ociolatría en una manera de ganar tiempo. Con el simple hecho de hojear estas páginas llenas de sus trazos inconfundibles, su estilo original, constataremos cómo el maestro Ricardo Rendón, más allá de ser el mejor caricaturista de la historia nacional, fue el más recio testigo y el más acucioso fiscal de una época que ningún historiador ha contado, hasta el momento, con el vigor y la crítica implícitos en este trabajo, recopilado por el periodista, investigador y pintor Jairo Tobón Villegas y editado por la Universidad Central.

Un libro de retratos, de autorretratos y de personajes imaginarios en la pluma de Rendón, mapa de semblanzas, claves, símbolos y detalles para el tan buscado y nunca hallado fantasma de la amorfa identidad nacional. Recuperación de una fuente para la historia de la opinión pública , como alguna vez calificó Germán Colmenares el aporte de Rendón. Gran labor del investigador Tobón Villegas, quien además incluyó pequeñas pero densas biografías de cada una de las figuras rescatadas. Con razón el rector-editor Jorge Enrique Molina recuerda que ahora cuando la historia de Colombia ha desaparecido como por encanto de los programas de enseñanza pública, cuando las nuevas generaciones desconocen por completo la génesis de la formación de la nación colombiana y no saben de la cultura de sus antepasados, porque no les han inculcado el amor a lo propio, a lo nuestro , este libro se convierte en una historia en líneas . Es también, sin lugar a dudas, un tesoro para ociólatras.

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