VENTAS POR 22 MIL PESOS

VENTAS POR 22 MIL PESOS

Entre el miércoles 10 y el domingo 14 de mayo de 1944, tuvo lugar en Bogotá la celebración de la séptima Feria del Libro, de la cual haremos una especial recordación. Con anterioridad, en 1935, se había realizado en la capital la primera feria del libro, por iniciativa de la Alcaldía; en aquel entonces, a cargo de Jorge Merchán y su secretario de Gobierno, Abelardo Forero Benavides. En esta ocasión, el discurso de inauguración estuvo al cuidado de Juan Lozano y Lozano, quien hizo el elogio del libro con la inspiración consubstancial al poeta y con el estilo del consagrado escritor.

30 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Al final del discurso para inaugurar la primera Feria, que aparece en las Obras selectas, se lee EL TIEMPO, julio 1935 . Sin embargo, revisado con el cuidado y detenimiento debidos el volumen correspondiente a esa fecha, no hallamos en ninguno de los ejemplares de esta publicación periódica, ni en los respectivos suplementos literarios, el texto de la referida intervención oratoria. Tampoco nos fue dado localizar información alguna respecto a la realización de este suceso cultural. Igualmente consultamos el Registro Municipal de la época, sin resultado alguno. Ante la carencia del dato periodístico concreto o documento, nos queda como punto inequívoco de referencia para este señalamiento el ya mencionado discurso de Lozano y Lozano: Esta feria del libro, que es bella iniciativa de la Alcaldía de Bogotá, tiene el sobresaliente propósito de acercar a una gran porción indiferente de la sociedad a la fuente vivificadora del libro. La atracción novedosa de este mercado abierto, el bajo precio de los volúmenes, el ejercicio de funciones de alta espiritualidad, como la música y la elocuencia en el recinto de la Feria, era la oportunidad de que los ciudadanos dediquen un poco de su atención y una fracción de su peculio a la contemplación del panorama deleitable que ofrece un libro abierto... . Y concluye el elocuente orador: Con benéfica sorpresa aprenderán muchos jóvenes en estas estanterías y sobre estos mostradores, que aun la palabra revolución se puede hallar escrita en pergamino .

Antes de proseguir con la anunciada reminiscencia, cabe señalar, para nuestra satisfacción, que Colombia fue el primer país de América en haber efectuado la celebración de las llamadas ferias del libro. Mucho antes que Buenos Aires, Santiago o Ciudad de México, habíamos llevado a cabo un acontecimiento de tanta significación y repercusión en el desenvolvimiento de la vida cultural. Por esta razón, creemos oportuno traer a la memoria estos hitos que en manera alguna deben pasar inadvertidos. Todo cuanto se relacione con la vida y milagros de los libros es digno de exaltación y de permanente estímulo.

29 librerías Pues bien, la apertura de la Feria del Libro de hace medio siglo se efectúo con especial solemnidad, a las 6:30 de la noche del martes 9 de mayo, en el Colón, y contó con la presencia del presidente encargado, doctor Darío Echandía (por aquellos días el titular, doctor Alfonso López Pumarejo, había renunciado a su investidura); de todos los ministros del despacho ejecutivo; del rector de la Universidad Nacional, doctor Gerardo Molina; de escritores, artistas y destacados personajes del mundo oficial, político y diplomático. El discurso de inauguración estuvo a cargo del ministro de Educación Nacional, Antonio Rocha, hombre de Estado y tratadista del derecho probatorio, quien dio comienzo con estas palabras: Hablar del libro a sus amigos apasionados es tarea sumamente grata y fácil, por lo que temo que las palabras con que inaugura el Gobierno este amable certamen fluyan tan sueltamente, que excedan los términos de vuestra paciencia. Para algunos pudiera parecer puramente oficiosa la intervención verbal del Ministro en la Feria del Libro, por considerarla simple motivo ornamental, traído con el mero objeto de procurar cierto vistoso realce y algún brillo teatral a los días dedicados, ya oficialmente, a la pública exaltación de estos maravillosos seres, que van con el hombre a lo largo de su vida espiritual y culta...

Según refieren las crónicas, el acto estuvo amenizado con la Orquesta Sinfónica, bajo la batuta del maestro Guillermo Espinosa, y con las melodías de la soprano mexicana Eugenia Rocabruna. A continuación, luego de una breve ceremonia cumplida en el patio Mosquera del Capitolio Nacional, se dio por inaugurada la Feria. Se dijo entonces que este acontecimiento de la cultura capitalina había revestido un brillo especial, como nunca se había visto, y había sido un motivo de orgullo para todos los colombianos. Cabe agregar que la Feria fue patrocinada por el Ministerio de Educación Nacional, y su organización estuvo en manos de Darío Achury Valenzuela, director de extensión cultural, y de Luis David Peña, jefe de la sección de cultura popular de dicho Ministerio.

Además de la valiosa contribución del mencionado Ministerio con la Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, en el certamen participaron 29 librerías; entre otras, enumeramos las siguientes: la Librería Colombiana Camacho Roldán y las librerías Voluntad, Mogollón, Siglo XX, Minerva, El Mensajero y La Gran Colombia.

Desde luego, no faltaron las llamadas librerías de viejo, hoy en extinción, desafortunadamente. La librería Leticia efectúo el lanzamiento de la novela Cada voz lleva su angustia de Jaime Ibáñez.

Entre los libros más solicitados y vendidos se registraron los siguientes: las Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano de don Rufino José Cuervo, las Traducciones poéticas de don Miguel Antonio Caro, las Reminiscencias de Santa Fe y Bogotá de José María Cordovez Moure, el Bolívar de Jules Mancini, El Orinoco ilustrado de José Gumilla, los libros de Germán Arciniegas, Juan Lozano y Lozano Hernando Téllez, Jorge Zalamea, y los libros de versos de José Asunción Silva, Porfirio Barba Jacob y Rafael Maya. Consta, para sorpresa de nuestros lectores, que del libro Antorchas contra el viento de Barba Jacob se vendieron mil ejemplares, cifra fabulosa en las modestas estadísticas de la época, y consta así mismo que fueron muy solicitados los libros de autores nacionales, sin que, en manera alguna, hubiera estado ausente la obra maestra de Cervantes, preferida también por el público de aquel entonces. Entre los buenos resultados se dijo de la Feria no es el de menor significación espiritual este fervor por las incomparables páginas de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. El precio de cada ejemplar de los libros de la Biblioteca Popular fue de un peso, y los descuentos fluctuaron entre el 10 y el 50 por ciento.

Viejito petulante En las columnas de Sábado, semanario dirigido por Juan Lozano y Plinio Mendoza Neira, se hizo esta apreciación: Muy solicitados han sido los libros de los autores nacionales, síntoma admirable de que es necesario estimular. El público colombiano comienza a apreciar seriamente el libro nacional. No lo coloca por debajo de las producciones extranjeras, como aconteció durante toda una época de snobismo y de afrancesamiento. Ha descubierto el valor intrínseco de nuestros escritores, se apasiona con ellos, los lee con deleite, los admira y los solicita. Este fenómeno es consolador. Los escritores colombianos, por fin, comienzan a encontrar su público, y la comprensión y el estímulo de que habían carecido. La profesión de un hombre de letras había sido en Colombia un sinónimo de la miseria y de la impopularidad .

En contraposición a la general aceptación del evento, el columnista Ximénez de EL TIEMPO se atrevió a escribir este despropósito: La séptima Feria, para decir verdad, ha resultado muy inferior a sus antecesoras. Concurrieron pocas librerías. No se consigue cosa buena. Hay mucho hueso y por allí en un estantillo se pueden ver ocho tomos grandes de las obras de Freud... como si todavía existiera alguien a quien le interesara aquel viejecito pretencioso y petulante . Quién lo creyera, Freud petulante y pretencioso... cada nada.

Réstanos decir que en la noche del 11 de mayo, en el Colón, Rafael Maya pronunció una excelente conferencia sobre nuestro amigo el libro. La clausura de la Feria se realizó al medio día del domingo siguiente. Según informe del Ministerio de Educación, se vendieron 38.658 volúmenes, por un valor de 22.390,20 pesos, suma que en la actualidad no alcanza para una canasta familiar. Eran otros tiempos y otros hombres... Tanto el discurso de Antonio Rocha, de galana escritura, de tan sosegada y penetrante belleza , como la conferencia del maestro Maya, piezas literarias de selección y del más hondo sentido conceptual sobre la vida maravillosa de los libros y su influencia en la civilización y progreso de la humanidad, se recogieron en un hermoso folleto que fue publicado por la Biblioteca Nacional, y en el cual se incluye, además, el extraordinario discurso de don Francisco Rodríguez Marín, leído en la Real Academia Española, con motivo de la Feria del Libro celebrada en Madrid el 7 de octubre de 1926; como quien dice ayer. Lástima grande que en el folleto de marras, verdaderamente rareza y curiosidad bibliográfica, digna de una reproducción facsimilar, no se hubiera incluido el magnífico escrito, evocador de Las viejas librerías de Bogotá, del historiador Laureano García Ortiz, llamado con razón maestro de la vida y de los libros

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