EL AMOR EN LA LITERATURA

EL AMOR EN LA LITERATURA

La alianza entre literatura y amor ha sido estrecha y antigua. Sin duda, tema para un extenso ensayo, porque el amor ha recuperado en épocas oscuras los reinos perdidos de la poesía, y porque sin este necesario ingrediente la creación literaria sería problemática, ya que el amor constituye su gran melodía, su ritmo secreto, su magia. Sin la inmensa compasión, la forma más alta de amor, no existiría la poesía perdurable. Es por el amor por lo que de repente resplandece esa materia opaca de las palabras y, por el amor, la literatura nos hace vivir otra vez desde el principio.

30 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Es obvio que voy a exponer una opinión muy personal que horroriza a mis amigos y devotos profesores que enseñan la historia de escuelas en literatura debidamente delimitadas por el tiempo. A ellos presento mis disculpas por el atrevimiento. Pienso que el espíritu romántico, es decir, el que hace las cosas por amor, o por honor, que es una forma de amor a sí mismo, es algo muy viejo, viejo de milenios. Veamos algunos ejemplos.

Que todo un pueblo hubiera acudido a libertar una princesa, como aconteció en la guerra de Troya, me parece apasionadamente romántico. Y que los defensores de la ciudad amurallada que la escondía, la defendieran con generosa indiferencia hasta la sangre y la muerte, es algo a lo que puedo atribuir el mismo linaje literario. Además, que esa Helena, por la cual se dio nombre a un pueblo, haya durante varios milenios enamorado a escritores y poetas del mundo occidental, es un hecho tan esencialmente romántico que este apresurado artículo no puede abarcar todas las glorias que se han acumulado aureolando la raptada princesa. Sobre todo por el hecho extraordinario de que el minucioso Homero jamás habló de su arete, virtud que de acuerdo con Simónides, consiste en tener estructurados rectamente y sin falta las manos, los pies y el espíritu . De la más bella mujer de Grecia sabemos tan solo que los troyanos cansados por una larga guerra, quisieron contemplarla, porque quizá nunca la habían visto físicamente, para decidir si era de algún valor la continuación de una lucha impredecible. Y ella marchó ante sus enemigos, pues era compatriota de los soldados que asediaban la ciudad, y al contemplarla deslumbrados decidieron continuar la batalla. El asombro de estos ojos es el que ha impuesto en la literatura occidental su invisible belleza.

Pensemos ahora en la Odisea, también otra historia de amor y tal vez la primera novela que se escribió en Occidente. Una mujer que espera a su esposo en Itaca, isla cercana de Troya a donde éste ha marchado para rescatar a la princesa prisionera. Penélope, hija de Icario, una mujer muy hermosa puesto que son muchos los orgullosos pretendientes que la asedian. Como los años pasan, ella cree que su esposo, el ingenioso Odiseo, ha muerto y teje una gran tela larga y fina para que un hombre que ha poseído tantos bienes no fuera enterrado sin mortaja . Pero lo que teje en el día lo desteje en la noche, porque ha prometido escoger a uno de los pretendientes una vez terminada su tarea. Y la espera es larga, hasta que el hombre a quien entregara su virginidad regresa disfrazado de mendigo. Y he aquí la maravilla, pues éste para explicar su ausencia de tantos años inventa las más increíbles fábulas y cuenta las numerosas aventuras de su alma destrozada acompañado de la ninfa Calipso, de Circe de voz armoniosa y de otras muchas ninfas. Y a pesar de que narra a Penélope su encuentro desnudo porque le obligó la necesidad con las ninfas de Nausicaa, la de hermosos brazos, o le fabrica la historia de aquella isla en donde el loto hace perder la memoria, ella le cree, porque los dioses habían decidido su destino . En toda la historia de la literatura no ha existido una imaginación más recursiva y portentosa comparable a la de este marido, que explicó a satisfacción, por qué el corto viaje entre Troya e Itaca había tomado tantos años. Tampoco recuerdo un amor más feroz que el de este enamorado guerrero, que cobró con muerte las ofensas de los fieles pretendientes. Todo esto me parece romántico aun cuando el término se derive de Roma y esta palabra leída al revés se traduzca en Amor.

Amor platónico Si no me engaño, a Platón se le dio el título de Divino porque escribió algunas páginas sobre el amor, que fue para él fuerza creadora, misterio, fuente de conocimiento, armonía, perfección apasionada y obra del divino azar, pues comprendió el eros como supremo vuelo de las almas íntimamente unidas, como el gran demonio que mantiene la cohesión del cosmos en el exterior y en el interior. La fuerza radiante del maestro abarcó y sigue abarcando el pensamiento de Occidente, pero su vertiginoso poder no radica sólo en su insaciable busca de un centro divino para explicar el obediente equilibrio del cosmos, sino también, y sobre todo, en su aliento poético, en la fuerza de sus mitos que se demoran en la mente, como aquél de la caverna cuyas sombras cambiantes nos persiguen, para explicar la futileza aparencial de la existencia.

Su libertad de artista no le impide el rigor para crear lógicas y conceptos y un cristalino mundo metafísico cuyo poder cautivó los espíritus por ese proceso didáctico de la visión de las muchas bellezas visibles en lo bello en sí invisible, a lo que tiende, en efecto, toda la descripción sobre las diferentes fases de los misterios del eros , según las palabras de Werner Jaeger. El llamado neoplatonismo se convirtió en una especie de religión universal que asimiló el cristianismo, una especie de fe en la que creyeron los gnósticos y que fue declarada de muy distintas maneras por eximios artistas del Renacimiento.

Más tarde, un fariseo que hablaba el griego de Cilicia, lector de filósofos y heredero de profetas, escribe a sus hermanos de Corinto con atrevida felicidad para confirmarlos en Cristo: Si yo hablase lenguas humanas y angélicas y no tengo amor vengo a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase montañas, y no tengo amor, nada soy . San Pablo, a quien se le atribuyen muchas hazañas hasta convertirlo en el verdadero forjador del cristianismo primitivo, fue también un artista de lo cual dan testimonio innumerables páginas de sus epístolas en las que el amor destella con incesante desvelo. Siglos más tarde el obispo de Hipona escribirá: Ama y haz lo que quieras , como diciendo que el amor es la brújula que señala el camino de toda perfección.

Será cierto que alguna vez fue inventado el amor? Pienso en el amor entre seres humanos porque hemos visto que hay otra dimensión del amor, otro grado al cual se asciende con la ayuda de nobles escalas que sólo conocen los limpios de corazón. Denis de Rougemont sostiene en L amour et l Occident que el amor fue una invención del siglo XII. Lo cierto es que, al mismo tiempo, se inventó la poesía tal como la conoce nuestra cultura. C. S. Lewis explica: Los poetas franceses fueron los primeros en expresar sentimientos y emociones que tratan todavía la mayoría de nuestros novelistas . Y parece que fue invento de los trovadores.

Poetas y trovadores En el canto segundo del Infierno, Dante afirma: Amor mi mosse, che me fa parlare, me mueve el amor que me hace hablar. A fines de 1350, Bocaccio, después de una visita en Ravena a Beatrice, hija de Dante, escribió una corta biografía del poeta en la que nos cuenta el viaje de éste a Francia y su visita a las cortes del sur donde los trovadores gozaban de especial protección de los príncipes. Aprendió a hablar y escribir como ellos en la lengua de Oc, que fue utilizada también por un poeta, antecesor suyo, Francisco de Asís, que había encontrado en el espíritu de estos poetas algo más de la gracia exterior de sus canciones: pobreza, amor por todos los seres creados, castidad, etc.

Los poemas de los trovadores se cantaban. El poeta componía los versos y la música, y lograba su fama más por las calidades musicales que por las palabras. Dante en su Vita Nuova cuenta: Y el primero que empezó a decir como poeta vulgar fue por hacer comprender sus palabras a una dama a quien sería difícil entender los versos latinos. Y esto va contra aquellos que riman sobre otro argumento fuera del amoroso, dado que tal manera de trovar fue inventada desde el principio para hablar del amor . Y a lo largo del vasto sueño de la Divina Comedia, surgen sombras de poetas especialmente en el infierno y en el purgatorio a los que Dante debe el aprendizaje de su oficio: Bertran de Bronio, Sodello da Goito, que nos recuerda Ezra Pound en sus Cantares: E Sordello se fo de Mantovana, Giacomo De Lentino, Guido Guinicelli Y Arnaut Daniel quien fu el miglior fabbro del parlar materno y que, además, se despide del poeta en la Comedia en la lengua de los trovadores.

El hecho ocurrido en 1274. Nos cuenta Dante: Nueve veces después de mi nacimiento había vuelto el cielo de la luz casi a un mismo punto cuando a mis ojos apareció por vez primera la gloriosa señora de mis pensamientos, la cual se llamaba Beatrice . Eso, en la Vita Nuova, que es como una especie de prólogo a su gran poema en donde la mujer se convierte en sueño y poesía, e inicia la liberación de su propia soledad por medio de la comunicación con sus abismos interiores, y mientras respira los aires de su época, y su reflexión recorre la historia, vuelve los ojos hacia esa lumbre que habrá de comunicarlo con un destino eterno. En la Vita Nuova nos anuncia esa instancia más alta de su poesía cuando se atreve a escribir la más arriesgada afirmación que jamás hizo un poeta enamorado: Spero di dire de lei quello chi no fu ditto d alcuna . Espero decir de ella lo que no fue dicho de ninguna.

Amor que mueve Entramos ahora en territorio mágico, al empíreo, al cielo de la teología, a la rosa mística, a lo humano, demasiado humano. Nunca una mujer fue transportada a estas alturas, ni rodeada de tantas glorias y miserias del amor. Recordemos a los lujuriosos. Sabemos de Paolo y Francesca por el poema y los vinos nítidamente dibujados por Blake y por Doré arrebatados por las sombras circulares, en la borrasca infernal. Es la historia de un adulterio sin mucha importancia y de un crimen entre los infinitos. La escena sucede en el segundo círculo del infierno, pero qué fascinación han tenido estas sombras a lo largo de siete siglos! Borges escribe que el poeta hace hablar a los amantes palabras inmortales: Amor, ch al cor gentil ratto s apprende... Amor, ch a nullo amante amar perdona. Súbito amor que se apodera de un noble corazón. Amor que a ningún amente perdona amar.

Desde aquel viento despedazado nos alcanza todavía un llanto incontenible, el conflicto de un alma, su pasión. Aquellos amantes estarán para siempre juntos. Entrégate por completo a un amor, nos diría Dante, que no sea más que amor y ya estarás en el infierno , aclara Jorge Santayana.

El poema es la visión de un mundo donde existen tormentas, océanos, todo encerrado en donde nada es improbable. Esos momentos terribles en los cuales el presente parece que fuera a ser eterno, ocurren dentro de una meditación continuada y en un viaje circular que creeríamos interminable. Beatrice, la hija de Folco Portinari, que alguna vez le negó el saludo al poeta y que fue esposa de Bardi, muerta a muy temprana edad. Beatrice, la de vestido escarlata, pretexto del poeta para ascender por la escalera de locura divina hasta la razón suprema, que aniquila el deseo en la contemplación del todo. Beatrice, que lejana le sonríe en la culminación del poema, desde el esplendor de la Rosa Mística esa mañana del 13 de abril del año 1300, es la salvación y la bienaventuranza del poeta. Muy lejos queda la imagen de Francesca y su terrible amor, arrastrada por las tormentas inmortales en aquel beso inseparable. Hecha luz, Beatrice se pierde en el océano de la claridad suprema. El sueño se desvanece y el poeta llega a una contemplación para la cual no tiene palabras porque allí, en el rapto último, está L amor che move il sole e l altre stelle , el amor que mueve el Sol y las otras estrellas.

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