TRANSITAR ES UNA AVENTURA

TRANSITAR ES UNA AVENTURA

Hay vías de Bogotá que más parecen caminos de herradura que calles diseñadas para el tránsito vehicular y de peatones.

26 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Por ellas sólo se puede transitar en camperos o vehículos de doble tracción, o con botas pantaneras y overol.

Algunas están deterioradas por el tiempo que tienen de construidas. Otras, porque fueron diseñadas para tráfico liviano, pero deben soportar pesadas cargas, y unas más, porque los constructores y los encargados de instalar nuevos semáforos perforan las calles para hacer las acometidas de tuberías y demás, pero luego no se ocupan de dejarlas en buen estado.

Y aunque el problema de los huecos es crónico, cuando llega el invierno se acentúa por dos razones fundamentales.

Por una parte, los huecos que en época seca se ven de lejos y pueden esquivarse sin mayor dificultad, cuando llueve se llenan de agua y es muy fácil caer en ellos.

Por la otra, el agua, como si se tratara de un abono, tiene la propiedad de convertir en un inmenso cráter la fisura del pavimento o el huequito pequeño, en un par de días.

Las calles con huecos abundan por toda la ciudad, sin importar el estrato del vecindario. Basta echarse una pasada por la carrera 14, entre la calle 82 y la calle 76 o subirse por la calle 77 desde la 11 hasta la 7a.

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