EL VIACRUCIS DE LA CONVERGENCIA

EL VIACRUCIS DE LA CONVERGENCIA

Esta semana, y la que pasen en arresto la ex alcaldesa y su gerente de Empresas Públicas, serán dura prueba, y de mucha meditación, para la Convergencia Cívica. El hecho es claro. En el manejo de la administración municipal logró la señora Yolima, el repunte electoral de la composición política que consiguió gobernación y alcaldía. Su sobrada ventaja les dio aliento para lanzar hacía el futuro la viabilidad de esta formula y por consiguiente, lo que acaba de pasar y habrá de pasar, empieza a mostrar las flaquezas y debilidades de ese proyecto político.

11 de abril 1995 , 12:00 a.m.

La decisión del Tribunal pudo ser difícil, pero objetiva y seria frente a los hechos. Pesan más los ruidos de ollas y amas de casa manifestándose diariamente en los barrios, que las consideraciones jurídicas. Los argumentos de la defensa, por intensos y serios, no podían ocultar las interminables filas en los surtidores particulares; el negocio líquido de carrotanques tampoco podía desvirtuarse con la presentación de cifras oficiales e inversiones que nadie vio. La peregrinación hasta los ríos y caños, de encopetadas filas en busca del agua o para lavar sus ropas, indicaron que la carencia de líquido no es asunto de clases sociales sino que la padece todo Villavicencio.

Queda claro: Yolima fue más eficiente manipulando el poder y la burocracia para favorecer candidatos, que administrando para solucionar problemas; se sintió más como jefe de debate que como funcionaria y es aquí, donde la Convergencia sentirá la flagelación que le cobra todas las deficiencias que hoy se sienten, pues, en la aparente calidad de la administración, que se generaba por la publicidad, las revistas, cuñas radiales, vallas y otros medios se inducía esa creencia.

El fallo del tribunal desvirtuó la imagen maquillada del gobierno municipal.

Es el reconocimiento jurídico a su fracaso en materia de servicios públicos y porque no, la advertencia futura para prevenir a la ciudadanía sobre la incapacidad de esos gobernantes. No valieron los argumentos; ni siquiera la comprensible solidaridad de la administración actual que unas veces salía en su apoyo y en otras encubría las fallas y omisiones de la antecesora.

El incumplimiento de la tutela fue evidente, no sólo porque se manejó caprichosamente el proceso de contratación de las obras nuevas, acomodándolas a las coyunturas electorales y amañando contratos, sino también porque se desatendió el cuidado de las estaciones de bombeo. No hubo provisión oportuna de equipos y repuestos, por escoger proveedores que satisficieran intereses individuales, y no se preparó a la ciudadanía para el riguroso verano.

El tribunal accedió a la queja de la sociedad y su decisión impidió la impunidad de una conducta displicente y omisiva. Ahora le resta a la ciudadanía imponer su fallo, entendiendo que un buen gobierno no tolera incapacidad ni imprevisión. Ese viacrucis que espera a la Convergencia, es su ya notoria desarticulación, que la resquebraja por donde nació, es decir por el ejercicio mismo del poder y por el fracaso de la ex alcaldesa como funcionaria.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.