VÍCTOR Y ANA EN UNA BANANA REPUBLIC

VÍCTOR Y ANA EN UNA BANANA REPUBLIC

Hay tres vías para llegar a Ana Belén. Las tres son como el camino de ladrillos amarillos de Elton John, luminosos y vitales. El primero es el más fácil, sus canciones; el segundo tiene un grado de dificultad más alto, el cine, y el tercero es el del voyerismo de contemplar a una bella mujer. El camino para llegar a Víctor Manuel es distinto. Solo hay una opción: la música, pero eso es suficiente, porque ese es el punto de contacto con su esposa, Ana Belén.

25 de abril 1995 , 12:00 a. m.

Víctor y Ana son una pareja de intersecciones, de mundos dispersos que se cruzan cuando es necesario, es decir, en el momento del amor. Por eso han resistido juntos durante más de 20 años en un medio en el que la fragilidad es la regla. No se trata de un dúo. Son estrellas independientes que comparten su luz y que en el luminoso mundo del espectáculo saben alternar su rotación para que nunca se oculten. No hay eclipse de Ana ni eclipse de Víctor.

Por eso cuando se unen, lo cual ocurre con la misma frecuencia que la de un cometa, se produce un efecto de sinergía, es decir, comparten energías y multiplican su potencia por tres. Así sucedió con su álbum grabado en concierto Mucho más que dos.

Hasta hace unos dos años, en Colombia su luz era apenas un hilito que se colaba en las tabernas de la calle 45 de Bogotá o en los apartamentos de los intelectuales con nostalgias izquierdistas. Pero de repente salieron del gheto y llegaron a la calle. Ahora todo el mundo habla de Víctor Manuel y Ana Belén. Su disco ha vendido más de 40.000 copias y por esa razón, por primera vez, vienen a realizar una gira de conciertos por Colombia que comienza hoy con un concierto en el Palacio de los Deportes.

El club de amigos Saltar de las tabernas y las radios universitarias a las emisoras crossover y a los ejecutivos de la Troncal de la Caracas no es un asunto fácil. En el caso de Víctor y Ana se necesitó de una confluencia astral para que se ubicaran en el sitio que merecían. Ese fenómeno astronómico ocurrió el 8 y 9 de abril de 1994 en el estadio de Gijón.

Esos dos días se grabó el concierto que denominaron Mucho más que dos, en el cual Víctor y Ana reunieron lo mejor de sus canciones con lo mejor de sus amigos y los pusieron a cantar sus canciones, -las de ellos y las de los otros- y las canciones que siempre quisieron cantar. Ese concierto fue como una reunión de chimenea y guitarra solo que televisada y abierta a todo el mundo.

Como en la canción de los Beatles este es un disco hecho con la pequeña ayuda de sus amigos. Amistades que todo el mundo envidiaría porque se trata de nombres como Joaquín Sabina, Manolo Tena, Antonio Flores, Juan Echanove, Miguel Ríos, Pablo Milanés y Joan Manuel Serrat. Unos con más pergaminos que otros, pero todos igualmente importantes.

En nuestra Banana Republic los más conocidos son Joan Manuel Serrat y Pablo Milanés, quienes, por tener un nutrido club de incondicionales, generan la curiosidad por conocer a la dama que canta con el autor de Mediterráneo o al señor al que Milanés le hizo el honor de interpretar a dúo El breve espacio en que no estás. Los otros también tienen su historia. Joaquín Sabina es el proyecto de charro ibérico que arrastra las zetas al cantar Y nos dieron las 10; Antonio Flores el único hombre de la segunda generación de la familia Flores. Hermano y compositor de Rosario, hijo de Lola y cantante de rock; Miguel Ríos, el abuelo del rock español, el equivalente a Charly García en España; Manolo Tena, el Benjamín del paseo, rockero de la nueva era, y Juan Echanove un popular actor español que se decidió a probar suerte como cantante.

Canciones de la memoria Pero el éxito de este disco no es solo cuestión de cantantes, también es de canciones. El listado de compositores -además del grupo de invitados- incluye al estadounidense Billy Joel, el brasileño Djavan, los chilenos de Quilapayún y una de las nuevas estrellas de la música española, Pedro M. Guerra, quien recientemente realizó un concierto en la Plaza de Las Ventas al lado de Joaquín Sabina y el autor de Contamíname.

En Colombia la fiebre por esta pareja se vio favorecida porque su música está instalada en la memoria colectiva. Desafortunadamente no bajo el nombre de Víctor Manuel o Ana Belén. Es un recuerdo distorsionado pero efectivo. La puerta de Alcalá, su canción bandera, se conoció a nivel masivo por un versión salsera que hizo un grupo español experto en ponerle color tropical a la música de la península. Ay amor, tema que canta sólo Víctor Manuel, era para muchos jóvenes de los años ochenta un merengue de Wilfrido Vargas.

Es que el espectáculo de Víctor Manuel y Ana Belén vale por lo heterogéneo. Es producto de una larga búsqueda intelectual que incluye estar abiertos al paso del tiempo y las nuevas expresiones artísticas.

Solo queda por recomendarle a la casa disquera que ponga en circulación la edición completa del concierto, que consta de dos discos compactos.

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