UN LIBRO PARA VIVIR EL QUINDÍO

UN LIBRO PARA VIVIR EL QUINDÍO

Color y Sabor, por los caminos del Quindío. Textos: John Vélez Fotografías: Olga Lucía Jordán Precio: $ 35.000 Librería Panamericana

20 de junio 1996 , 12:00 a. m.

El primer vuelo desde Bogotá hasta Armenia sale a las seis de la mañana. Quienes programaron esa hora tan poco apetecida por los viajeros, tal vez no imaginaron que junto con el pasaje estaban vendiendo un tiquete para presenciar en vivo uno de los más bellos espectáculos naturales que este país puede ofrecer.

El avión avanza a medida que la luz del sol aparece. Cuando esa transición se ha cumplido, ya puede ver uno desde la ventana el brillo de los nevados del Ruiz, del Tolima y el Santa Isabel.

Pocos minutos después, solo pocos minutos estará uno sobrevolando el Quindío.

Hace tiempo que quería escribir sobre lo que eso significa, pero le temía a la sobrecarga de la nostalgia. Ahora me atrevo a decir que no hay otra tierra en Colombia que, vista desde el aire, ofrezca tal variedad de colores. Y más exactamente, tal variedad de verdes y azules en tan poco espacio. Solo un sobrevuelo en el mar Caribe daría una imagen comparable, pero eso es otra cosa.

Ahora puedo hacer esta exaltación de la tierra, porque en este libro están las fotografías de Olgalucía Jordán para respaldar cada una de las frases que aquí se dicen. Mirando con los ojos del corazón, como SaintExupéry decía que se observa lo esencial, ella encuentra y registra los rincones que ante cualquier persona pasarían desapercibidos, y aunque le queda tiempo para captar el instante milagroso en que una chapola )flor del café) brota entre una decena de granos rojos.

Estas fotos tienen color, por supuesto. Y puede parecer delirio, pero a veces se les diente sabor. Por eso pueden ir al lado de un recetario muy particular. Y es particular porque éste no es un libro de cocina, y porque la cocina del Quindío no tiene propiamente prestigio internacional ni unas condiciones específicas que la diferencien de la de sus vecinos. Lo que la hace especial, como a las buenas cocinas de aldea, es que se fabrica con el alma.

El carácter de los quindianos, del que habla aquí (en el libro) Juan Leonel Giraldo, no es muy dado a admitir hombres en la cocina. Y hasta de manera muy gráfica se pregona en la región una sentencia, que no voy a repetir para no anticiparme al lenguaje coloquial de las recetas. De ahí que sea aún más particular que el asunto gastronómico se abordado por un quindiano de empaque tradicional como John Vélez Uribe. Lo que Jonh hace es destapar lo que tantos hombres de esta tierra llevan por dentro y no se atreven a confesar: esa sensibilidad por los sabores y los olores que salen de las cocinas quindianas. Unos platillos adornados de una jerga propia (migas de arepa o caldo para levantar muertos, por ejemplo), que saben a mamá, a abuela, a tía o a muchacha, como se llama a las eternas cocineras que en familias muy grandes asisten a la dueña de casa.

Es difícil transmitir esto, que es puro sentimiento, a alguien que no haya ido al lugar y que no tenga ningún lazo afectivo con un quindiano. Pero si se lanza a esa aventura de tan poco riesgo, verá que el Quindío se abrió totalmente a los foráneos.

En un vuelco total de su temperamento ( otra vez el carácter!), provocado por las adversidades del café, los cafeteros aceptaron vincularse a otra actividad que no fuera la agricultura. Y así están hoy en lo que llaman el agroturismo y el ecoturismo. Qué significa? De explicarlo se encarga Esperanza Palacio en este libro. Sólo puedo anticipar que es el camino más delicioso para entrar en este singular mundo y la vía más sana que pueden tener los cafeteros para salir del atolladero en que quedaron. Una ocupación de casi el 70 por ciento en un año difícil para el resto del turismo como fue 1995, y el hecho de que la cuarta parte de los visitantes sean extranjeros, hablan bien de la acogida que estas fincashospedajes han recibido. Más significativo aún es que una buena proporción de los huéspedes son de la propia región. Y es que si para el país la belleza del Quindío es una revelación, para los quindianos también está siendo un descubrimiento. La mayoría de estas casas que Enrique Barros describe no podían ser vistas por personas distintas de sus dueños o sus trabajadores.

Hoy el Quindío con todo su color, la forma de ser de los quindianos, y el sabor de su comida quindiana la comida es una manera de conocer a los pueblos, están a los ojos de todo el mundo. Están en este libro y están en una pequeña tierra tan cerca de todo y tan lejos de nada.

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