LA SOLEDAD DE EL CRÍTICO

LA SOLEDAD DE EL CRÍTICO

Aún no tenemos una idea muy precisa de cuánto han influenciado los comics a la vida. Ligeros y aparentemente sin compromisos pasean su levedad por páginas de periódicos, tebeos y programas de televisión. Sin dogmatismos se han convertido en potentes aleccionadores morales. Sin estridencias se han apoderado de un territorio importante del humor y la ironía.

23 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Al lado de la sonrisa enigmática de la Monalisa o de la cena con traidor de Leonardo, habitan los ojos frenéticos y desmesurados del Conejo de la Suerte, las reflexiones existenciales de Snoopy o la cara llena de viruela de Hopalong Cassidy.

Las imágenes de la cultura culta se entremezclan con estos nuevos héroes de las culturas masivas en un sincretismo que convirtieron en estética los atrevidos pintores del por-art.

En televisión, primero fueron Los Simpsons y después El crítico . Productos de la imaginación alborozada de los mismos realizadores norteamericanos, estos dibujos animados comprueban que no existe reposo para un género feliz y contundente.

Bart Simpson es un familiar cercano de esos personajes estrambóticos y radicalmente limítrofes que pintara Grosz en su mundo chillón.

Sin el feísmo, Picasso, Joyce y el expresionismo alemán, no existirían Los Simpsons, esos seres anonadados por al vida corriente, llenos de un escepticismo gratificante y de una capacidad de autoburla verdaderamente ejemplar.

Sometido a los rituales conservadores de la familia y a unos afectos edípicos apabullantes, El crítico es un solitario irremediablemente condenado a sufrir en carne propia los embates de la ficción, por lo demás muy semejantes a las tribulaciones de la realidad.

En algún episodio, el pobre hombre fue secuestrado por una enamorada que había llevado su perversidad fetichista hasta el delirio. En otro capítulo totalmente desolador, El crítico participa en el maratón de Nueva York perdido entre una multitud de corredores extenuados por los cultos contemporáneos a la vida sana, las dietas y los cuerpos del spa. Cuando todo ha terminado y cae la noche sobre la ciudad, El crítico aún se esfuerza, de una manera tan absurda como inútil en llegar a una meta donde sólo lo espera la indiferencia y el tedio.

Como en la mejor tradición de los comics, estos programas lo que hacen es descomponer uno a uno los engranajes de lo humano sometiéndolos a una mirada implacable llena de lucidez corrosiva y humor negro clarividente.

El comic es entonces una de esas maneras que se ha inventado el hombre para observarse con mayor detenimiento pero sobre todo con mayor ironía. Por eso series como Los Simpsons o El crítico reconcilian con la televisión.

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