COMENTARIOS MUSICALES

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Inauguración del festival Nos referimos obviamente al Cuarto Festival Internacional de Música Contemporánea, llevada a cabo, como ya lo había anunciado, el martes 11 del presente en la Sala Ernesto Beinn del Gimnasio Moderno, con la participación de 15 percusionistas de la Orquesta Filarmónica y del Conjunto de Percusión de la Universidad Nacional. Lo dirigió Rafael Zambrano, experto jefe de la sección de percusión de la Filarmónica.

25 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Hubo una obra breve, otra mediana y una tercera extensa. Fue la primera la denominada Cencé, del compositor colombiano Gustavo Lara, ya escuchada en otras audiciones recientes. La segunda fue un clásico de la percusión, Ionización de Edgar Varese, uno de los precursores de la música contemporánea de hace cosa de medio siglo. La obra extensa goza de análogas características. Es la Cantata para América Mágica (para soprano dramática, percusión, dos pianos y celesta de Alberto Ginastera. La soprano fue Marina Tafur. La iniciación del festival así fue suntuosa y vivamente aclamada, porque fue realmente muy bien lograda. Marina Tafur descolló notablemente en una cuerda que no suele ser la suya. Y Cecilia Casas, alma y vida del festival (que inauguró con palabras felices) inició brillantemente la carrera de casi un mes que constituirá la temporada de músicas, entre modernas, contemporáneas y archicontemporáneas que formarán el evento.

Los ingleses La presentación de este extraordinario conjunto inglés estaba prevista dentro de la programación general anual del Banco de la República. Pero se aprovechó la fecha para incorporarlo dentro de los planes del festival. Fue así como el miércoles 12 del presente, el público de la Sala Luis Angel, en cantidad apenas aceptable (ha debido ser lleno completo), disfrutó de una ocasión excepcional. Seis integrantes del grupo actuaron en ella. Armaron un quinteto de piano, viola, chelo, flauta y clarinete para la breve obra Unbroken Circle, de 1984, del compositor Peter Maxwell Davies, que alguna vez estuvo entre nosotros. En seguida vino una obra más reciente, Lotuses para pícolo, flauta, violín y chelo de Jonathan Harvey, de 1939, explicada previamente por la flautista (y también, obviamente, picolista), en un excelente idioma de Castilla. Con esta obra terminaba la primera parte, pero el violista y el pianista tuvieron la suma gentileza de obsequiarnos con la extensa y muy interesante obra de Benjamin Britten llamada Lacrymae.

En la segunda parte vino Syrinx (Pífano) de Debussy, para flauta sola. Y luego el violinista, el chelista, el clarinetista y el pianista nos ofrecieron una versión impecable del ya clásico Cuarteto para el fin del tiempo de Olivier Messiaen. Fue una oportunidad única, que se perdieron muchos aficionados calificados.

Se observará que en este comentario nos hemos referido a los artistas por su profesión, no por sus nombres de pila. La razón es que en el programa estos no aparecieron por ninguna parte. Como la audición se presentaba como una realización conjunta del Consejo Británico y del Festival de Música Contemporánea, a ellos o al Banco de la República se debe la deplorable omisión.

Los suizos Algo análogo se puede decir a propósito de la presentación de este notable conjunto suizo, que ya nos había visitado en otras ocasiones. Ahora vino a actuar con el apoyo de la Embajada de Suiza y del Festival tantas veces mencionado. S presentó en la Sala Luis Angel Arango el martes 18, con cuatro participantes, dos femeninos y dos masculinos, de nombres no consignados en el programa. Fueron ellos una soprano, una pianista, una flautista y un chelista, los requeridos para la obra final (no mencionada previamente), las muy hermosas Canciones de Madagascar de Ravel. El programa se había iniciado con un Trío de Haydns, en re, por los tres instrumentistas. El chelista adicionó el programa con una curiosa Chacona de Holliger, de suficiente aridez, tras de la cual vinieron dúos para tres ejecutantes de Hans Ulrich Lehmann, para voz, flauta y chelo, muy adecuados para el festival. Como lo fueron la mencionada obra de Holliger y un Aire para flauta sola de este. También hubo La flauta encantada (de la suite Scheherazada) de Ravel, para soprano, flauta y piano. Un muy interesante recital, acompañado de un programa muy insuficientemente informativo. Los innominados intérpretes, de alta calidad.

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