LOS PADRES DE LOS PRIMÍPAROS,TAMBIÉN SON PRIMÍPAROS

LOS PADRES DE LOS PRIMÍPAROS,TAMBIÉN SON PRIMÍPAROS

Si usted pensó que ese joven tan elegante o esa damita vestida de princesa, sus hijos, con sendos diplomas de bachiller en sus manos, entraban por la puerta grande al mundo de los adultos maduros, responsables y estudiosos al haberse graduado, se equivocó.

24 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Estos dos angelitos con cara de triunfadores están por sufrir una de las etapas más dramáticas de su metamorfosis: serán primíparos universitarios. Más vale que se agarre fuerte por lo que pueda ocurrir.

La primiparada se ha llegado a constituir en uno de los más complejos pasajes de iniciación de nuestra cultura. Y para cada muchacho es diferente, de tal forma que no se puede predecir ni preparar nada.

Empezar a tomar trago a lo grande ; descubrir las mil formas del asedio amoroso al emplearlas o al sufrirlas, o que es más rico enamorarse que estudiar; pasarse todo el semestre en rumbas de integración ; llegar a cualquier hora a la casa porque había que hacer un trabajo; volverse incontrolable porque la U no es cosa de niños y nada tiene horario; cuestionar y descalificar lo que ayer los conmovía; opinar con autoridad sobre lo divino y lo humano son algunos de los cambios que pueden sufrir sus hijos. Y lo sufren por actuar así o por no poder actuar así.

Porque entrar a la universidad implica un cambio abrupto ante el que solo cabe adaptarse creativamente, resistirse o sucumbir. Lo que no se puede es permanecer ajeno.

Usted puede creer que sus hijos están bien galvanizados por sus normas y consejos y que todo saldrá bien, pero es difícil que puedan tolerar acertadamente tanta novedad.

Vivir entre grandes, cambiar las rutinas, tener nuevas y variadas oportunidades de elección, otras formas de relación, mayor posibilidad de protagonismo en sus estudios, aprender a administrar el tiempo y el dinero, encontrar más próximo el sexo opuesto... es una avalancha muy grande para quien se encuentra en proceso de asimilación de sus propios cambios como adolescente.

Esa circunstancia es la que determina la difícil predicción de las reacciones de sus hijos al volverse primíparos. Así como pueden seguir su línea de conducta habitual, es muy probable que se observen cambios inesperados.

De cualquier manera, no se trata de un mal que los posea y por eso haya que exorcizarlos o darles la espalda. Se trata sí de un paso gigantesco en su maduración. A veces, puede significar tener que madurar biches. Eso tiene su precio.

Pero biches o no, deben seguir adelante y ahí juega usted un papel esencial. Si usted siente que sus hijos juegan a ser adultos, no se burle ni se asuste. Para ellos no es un juego sino su respuesta a las exigencias del ambiente y a sus deseos y limitaciones.

Permita que expresen y trate de meterse en los zapatos de ellos y no de quedarse fijo en los suyos. Descubrirá que se reeditan en sus hijos las cosas que usted hizo o no se atrevió a hacer, y esa experiencia puede ser muy grata.

Deje de lado las rigideces normativas. Mientras más cerca esté, compartiendo, no imponiendo criterios, más positivo será el tránsito por ese inevitable e importante camino para sus hijos.

Cada etapa empieza y termina. Si viven esta sin temor o vergenza, pero sobre todo sin censura o abandono, será una más para crecer.

Para crecer ellos y usted, porque no se puede olvidar que usted también necesita tiempo y acomodación. Usted también es un primíparo.

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