BRAVO FISCAL, BRAVO!

BRAVO FISCAL, BRAVO!

El fiscal Alfonso Valdivieso, valientemente, hizo lo que la gente honrada de Colombia estaba pidiendo a gritos. Por fin alguien se atrevió a destaponar las investigaciones sobre la narcopolítica. Ya era hora.

24 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Los procesos deben ser justos y serenos. Por ahora no hay condenados y un estado de derecho debe garantizarles el debido proceso a todos los implicados en las comunicaciones de la Fiscalía.

Quienes prueben su honestidad deben ser absueltos y con el mismo despliegue con el que se anunció su vinculación a los procesos, corresponderá entonces proclamar su inocencia.

Pero a quienes se les demuestre su culpabilidad deben ir a templar a lo más profundo de las celdas oscuras de las cárceles colombianas. Y ojalá por muchos años.

La narcopolítica tiene tanta cuota de responsabilidad en la crisis colombiana como el propio narcotráfico.

Todos aquellos que han vendido sus investiduras o su capacidad de influencia en la sociedad para favorecer y amparar a los narcos, o simplemente para hacerles mandados, son tan delincuentes como los más temibles capos.

En esa perversa empresa de destruir a Colombia todos los narcopolíticos, todos los narcoperiodistas, todos los narcoempresarios han terminado actuando como los pestilentes socios de las bandas de sicarios, de las cuadrillas de delincuentes, de los criminales que pusieron las bombas, que mataron a los policías, que mataron a Guillermo Cano, que mataron a Luis Carlos Galán...

Colombia debe salir de la trampa. Los narcotraficantes y sus amigos no pueden seguir orondos desafiando al país. Los narcopolíticos no pueden seguir haciendo las leyes que rigen a los colombianos. La impunidad no puede seguir siendo la regla y el castigo la excepción.

Colombia, libre y soberanamente, debe perseverar en una política de sometimiento justa y mantener la plena disposición institucional para que quienes quieran entregarse reciban condenas condignas como dice nuestro buen Ministro de Justicia y sean amparados con cabales garantías.

Pero Colombia no puede vivir más con esa doble moral que han consagrado quienes siguen traficando, o quienes siguen amparando a los traficantes, convencidos de que aquí nunca pasa nada y de que aquí nunca se condena a nadie.

Cuestionado por la opinión pública, y con su credibilidad ante el país muy erosionada, viene para el Congreso de la República una dura prueba.

Es predecible que el espíritu de cuerpo que se apodera de los congresistas se manifieste en su rechazo a las determinaciones de la Fiscalía, máxime cuando uno de sus más altos dignatarios ha sido vinculado a estos episodios.

Sin embargo, más allá de solidaridades personales, el Congreso tiene grandes responsabilidades para con el país. Sin ir más lejos, están a su consideración importantes proyectos para que la administración Samper pueda cumplir con sus ofertas de campaña.

Para citar sólo unos ejemplos, su agenda comprende, entre otros, nada menos que el Plan de Desarrollo, la Ley Estatutaria de la Administración de Justicia, el Estatuto Anticorrupción, la Reforma Tributaria, la Ley de Ordenamiento Territorial, el Estatuto de Fronteras y el Ministerio de la Cultura.

Ojalá el Congreso esté a la altura de la hora y le demuestre al país que su máxima corporación legislativa no es simplemente una guarida para los aliados de los Rodríguez Orejuela.

Allá hay mucha gente buena que todavía puede sacar la cara por Colombia.

A pesar de todas las nuevas dificultades políticas internas que surgen a partir de estos episodios, creo que lo sucedido es bueno para el Presidente Samper, quien, a propósito, dio el viernes una buena declaración.

Puede que todo esto sea doloroso para él en la medida en que caigan amigos suyos. Pero provechoso al fin de cuentas, pues nos va a permitir saber, quizás, quiénes fueron los que a sus espaldas infiltraron los manejos regionales de la campaña liberal con dineros y bienes de los narcotraficantes.

Y provechoso, también, porque si estos procedimientos arrojan resultados contundentes, Samper tendrá argumentos nuevos para contarle al mundo que los colombianos no queremos perpetuar una narcodemocracia y que nuestro país no es el reino de la descarada impunidad.

Ojalá se haga justicia.

Voz de aliento para un moribundo Esta columna envía una voz de aliento a un moribundo entrañable, hoy maltrecho, desprestigiado, sin rumbo e invadido de cáncer.

Después de una vida tormentosa y borrascosa pero también fructífera y vigorosa en favor del país, por estos días, entre una galería de polillozos recuerdos de sus épocas doradas, agoniza en la que fuera su última morada, ubicada en la Avenida Caracas con calle 36 de Bogotá.

Sin embargo, a la hora de la extremaunción, presagiando el réquiem, ha dado unas sorprendentes muestras de que quiere reaccionar.

Sí. El pobre Partido Liberal se resiste a tener un entierro barato. Por fin le ha hecho caso a quienes le diagnosticaron su cáncer hace tiempos y ha terminado por aceptar el tratamiento de la extirpación de las piezas infectadas. Ahora lo debe aplicar con cautela, pues ese tratamiento requiere efectividad, precisión y mucha cabeza fría.

Esperemos que no sea demasiado tarde y que su hermosa residencia no termine convertida en un bailadero de cuarta categoría.

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