COMBATE MAN

COMBATE MAN

No conocí personalmente a Bateman, es decir, me perdí el privilegio de que me mandara secuestrar para entrevistarlo. A duras penas conocí a tres tipos igualitos a él, y me sentí tentado a acercármeles para abrazarlos, pero siempre tuve a mi lado a alguien prudente que me dijo: Cómo se te ocurre ir a hacer el ridículo de saludar en público a un doble del hombre más buscado del mundo. Porque no creerás que el Comandante va a dar semejante papaya .

24 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Al primero lo vi empujando un carrito en el Carulla del barrio La Soledad, escogiendo piñas. Al segundo, en la butaca de adelante en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán, tapándome con su afro las aventuras animadas de Vampiros en La Habana. Al tercero, echando paso de lo lindo en La Teja Corrida, con una joven diminuta.

Ahora que acabo de leer el libro Jaime Bateman: profeta de la paz, nada menos que sus entrevistas completas compiladas por Darío Villamizar Herrera, y editadas por los compas del Compaz (Compañía Nacional para la Paz), que preside el reinsertado prologuista Patiñotty, me doy cuenta de que los tres tipos que vi en esas situaciones cumbre de mi vida tan miserablemente desaprovechadas, eran el mismo y único Flaco , que tenía la estrategia de ocultarse de sus perseguidores deambulando por las calles del mundo con la frente y la nariz muy en alto. Más arrogante que Cyrano de Bergerac interpretado por Gerard Depardieu.

El pasado 19 de abril un cuarto de siglo después de que al general Rojas le raponearan las elecciones impidiéndole regresar a Palacio ( a dos cuadras de la Calle del Cartucho, a la derecha ) se hizo la presentación solemne del libro en la Quinta de Bolívar, sitio de donde los Emes se bajaron la espada del Libertador y devolvieron la de Santander, en un último golpe de humor negro con orín de hierro.

Una severa vigilancia policial impedía que los antiguos proscritos fueran a correr riesgos en su integridad personal. Cuando el periodista Germán Manga preguntó si su carro no corría peligro cuadrado afuera, un conocido director de teatro lo apaciguó diciéndole: Tranquilo que yo estoy adentro .

El sacramental Pacheco uno de los heroínos de la obra por haber sido invitado a charlar con el Comandante y llevarle al gobierno de turno el mensaje de turno, como había sucedido antes con Germán Castro Caicedo, y en forma diferente con Oscar Domínguez tuvo una emotiva intervención donde calificó a Bateman de ser el personaje de mayor carisma y calor humano que quizás hubiera conocido en la historia política del país. A renglón seguido, hizo entrega a una de las hijas de Bateman, de una caja de Chivas Regal que este le ganó en una apuesta.

Con el libro debajo del brazo, nos fuimos a tomar una copa con Rosemberg Pabón, ahora estudiante de diplomacia en una Universidad a distancia, a una tabernita vecina de la embajada dominicana, donde con otros chicos malos estuvimos lamentando la roya que le cayó al pobre Pastrana, fundador honorario del movimiento. Todo el mundo comentó cómo había conocido al Flaco , a Jaime Bateman Cayón, ya no el jefe de una facción de sanguinarios , sino el profeta de la paz . el guerrero que pensando en su madre y en su inminente destino, gritaba según García Márquez: Ay Clementina Cayón! .

En un libro anterior, el de Peggy y Patricia, la madre del guerrillero había declarado: Por lo menos su paso sobre la tierra no consistió solamente en comer y cagar .

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