UN MUSEO PARA MIRAR Y SÍ TOCAR

UN MUSEO PARA MIRAR Y SÍ TOCAR

El objeto es de metal. Está frío y rugoso. Su forma es circular. Al pasar las dos manos sobre él, parece como un moyo de barro, de esos que venden en las ferias artesanales, pero puesto boca abajo. Sin embargo, tiene rejillas, también de metal, a sus lados y en el frente. Las rejillas, están sostenidas por una pequeñas bisagras que permiten abrirlas o cerrarlas.

24 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Tal vez pesa como unas dos o tres libras a lo sumo. Al palparlo, se siente que está oxidado y que puede tener un diámetro cercano a los 40 centímetros. Al golpearlo con los nudillos de los dedos produce el sonido que tiene el bronce.

La bola está puesta en la cabeza de un maniquí y tiene conectados unos tubos que conducen aire. Alguien, además, dice que tiene un color oscuro, como el color que tiene el fondo del mar...

Así, con caricias, toques y algunas pistas, repasando cada centímetro de las cosas con las manos y moviendo los dedos como si fueran las patas de una araña nerviosa, los invidentes conocen, por ejemplo, la escafandra utilizada por un buzo en 1914.

Esta es tan solo una de las piezas que exhibe el Museo Militar, que bajo la dirección del vicealmirante Carlos Enrique Ospina, viene desarrollando un programa de visitas especialmente diseñadas para que los invidentes conozcan, con la palma de las manos y las yemas de los dedos, la historia de Colombia a través del desarrollo de la Fuerzas Militares.

Los invidentes llegan al museo y, bajo la orientación de Pilar Cortés, especialista en el manejo de ciegos, reciben el mismo tratamiento que tiene cualquier persona que ingresa al Museo, incluyendo los volantes informativos -claro estos en Braille-, así como la información que encuentran en cada una de las diez salas del Museo, también en Braille.

Podemos tocar , es la primera frase que dicen los invidentes con algo de temor. Y con un por su puesto de respuesta, comienza la exploración al mundo de las formas.

De contacto en contracto, tentando modelos a escala de aviones, armas de fuego, sables, uniformes, motores reales de avión, implementos de barcos de verdad, municiones o torpedos; los ciegos viajan en el tiempo recorriendo salas y patios con la orientación de cuatro guías expertas y diez auxiliares bachilleres entrenados para brindar la atención indicada a los invidentes.

El momento cumbre, por llamarlos así, del recorrido es cuando los invidentes suben y se sientan en el puesto del piloto de un avión T-33, de los primeros que tuvo la Fuerza Aérea, fabricados en 1942 y adquiridos en 1954. Allí, palpan los controles, el tablero de mando y maniobran la palanca de control.

La idea es estimular a que otros museos tengan programas similares, donde ser permitan las visitas a las personas ciegas durante las horas corrientes de ingreso de visitantes y que sean tratados como las demás , indico el vicealmirante Ospina.

Ellos (los invidentes) no solamente quieren tocar. Piden mucha información sobre las piezas. En otras palabras, quieren saberlo y tocarlo todo. Es su manera de ver , dijo Pilar Cortés.

Hay , de todas maneras, una serie de objetos que no pueden tocar los ciegos, algunos por su antigedad (como uniformes) u por delicados (como algunas maquetas).

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