MÁS ALLÁ DE TODA SOSPECHA

MÁS ALLÁ DE TODA SOSPECHA

Una vez más los interesados en que María despotrique en el Congreso de los Estados Unidos, se quedaron con los crespos hechos. En cambio, el Fiscal General, Alfonso Valdivieso, sorprendió con una serie de decisiones de alta significación.

24 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Está ocurriendo lo que la opinión pública ha venido solicitando y lo que el propio presidente Samper, reiteradamente, ha planteado: que se investigue todo lo que deba ser materia de investigación. Para eso está la Fiscalía. Y en el caso de los miembros del Congreso y altos funcionarios, la Corte Suprema de Justicia tiene la jurisdicción correspondiente para asumir los casos que ponga en su conocimiento el fiscal. El mismo viernes, EL TIEMPO publicaba una contundente declaración del Presidente de la República, la cual reiteraba la invitación para que el que tenga algo que denunciar con respecto a su campaña presidencial o a las campañas regionales o individuales procediera a hacerlo.

Es bien infortunado que los partidos políticos colombianos hayan perdido el control en la selección de los candidatos y en la financiación de las campañas. El sistema de avales o garantías introducido en la nueva ley de partidos no es un mecanismo eficaz.

Con todo, los partidos políticos según la ley estatutaria tienen una responsabilidad con respecto al desempeño de las personas que ejercen cargos en nombre del partido. Es una ley aprobada y discutida por los mismos miembros del Congreso. Y para eso están tanto el Veedor como el Tribunal Etico que por ley han tenido que constituir los partidos.

En adelante, y en ausencia de una nueva ley de financiación de las campañas y de los partidos que les ponga coto a los riesgos que los dirigentes políticos están corriendo, cada candidato al Senado y a la Cámara va a tener que seguir el ejemplo de la campaña del presidente Samper. O sea, cada candidato al Senado, a la Cámara, a la Gobernación o a una Alcaldía, etc., deberá tener buen cuidado en adoptar un Código de Etica, en nombrar un Fiscal Etico, en desautorizar públicamente y rechazar cualquier contribución dudosa o claramente sucia, y en estar listo a expulsar de su movimiento a seguidores o simpatizantes que pasen por alto estas instrucciones. Es una lástima que la primera experiencia que se ha tenido, quizás en el mundo, con este tipo de mecanismos no haya dado lugar a estudios académicos que recojan la experiencia, evalúen sus éxitos y limitaciones y que presenten recomendaciones para perfeccionarlos.

A juzgar por lo que está ocurriendo, el candidato Samper estuvo acertado en preservar su campaña y su responsabilidad. Es deplorable que así no lo hubiera hecho cada candidato a las diferentes dignidades tanto en el nivel municipal, departamental, como nacional. Cualquiera que sea el fallo de los jueces, la dirigencia política colombiana debe aprender una lección que ya en Francia y otras partes del mundo ha dado lugar a una legislación estricta en materia de financiación de campañas y de partidos. En varias ocasiones me he referido a este tema y he señalado en qué debería consistir esta nueva legislación. Para memoria de los lectores la resumo: las campañas deben realizarse en períodos más cortos (mucho más cortos); los costos de las campañas deben reducirse dramáticamente; el Estado debe asumir la financiación de estos costos así reducidos; la televisión y la radio deben utilizarse, ojalá gratuitamente y preferiblemente en debates, para facilitar la comunicación del candidato con los votantes y la equidad política; y los comerciales políticos en televisión y radio, que son tan costosos y que degradan la controversia política inteligente, deben suprimirse. El ex ministro Juan Manuel Santos, en su columna de opinión, por allá en febrero hizo consideraciones precisas y certeras al respecto, que deben tomarse en cuenta.

En el mundo entero ha existido tradicionalmente una actitud laxa, por decir lo menos, en materia de financiación de campañas políticas. Una y otra vez, las limitaciones y los topes fijados en las leyes han sido desbordados y burlados. Infortunadamente, los organismos de control han sido, también, manguianchos en ejercer una fiscalización estricta. De pronto, el clima de opinión cambia en los Estados Unidos, Francia, Japón, en Italia, o surge una personalidad como el juez Antonio Di Pietro, que llevan a una aplicación estricta de la ley, y, entonces, ahí es Troya. Los escándalos pasan a ser el tema del día y se suceden con velocidad inédita. Es lo que ha ocurrido en Japón. Es lo que produjo la renovación de la clase política en Italia en virtud del movimiento llamado Manos Limpias. Es lo que ocurrió en Francia, particularmente en el último año. Por eso se considera que la corrupción es el tema. Un tema común a todas las naciones. En la mayoría de los casos es un tema vinculado a la financiación de las campañas.

La dirigencia política y los empresarios colombianos tienen el deber de colocarse más allá de cualquier sospecha. Por su condición están expuestos a todo tipo de rumores y suspicacias. Pero es su obligación reducir ese riesgo tanto cuanto sea posible. En Colombia, dadas las circunstancias esta es una urgente necesidad. No hacerlo así es someter al país al sobresalto permanente y exponerse ellos a las peores situaciones.

Los políticos tienen que aprender que el dinero es indispensable en política pero que no gana elecciones. Así lo enseñó el mejor experto en estas materias, el profesor Alexander Heard, hace más de 30 años en un libro clásico titulado Los costos de la democracia. Desde entonces en casi todas partes se ha ido adoptando una legislación que no ha sido eficaz y que ha ido llevando a la necesidad de adoptar una financiación estatal y, en casos como el de Francia, a prohibir la financiación por parte de las empresas privadas. En otras partes se estudia la manera de establecer mecanismos que eximan al candidato de cualquier responsabilidad en estas materias. Insisto. Es indispensable que la dirigencia se coloque más allá de cualquier sospecha.

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