UN CONJUNTO DE AGRICULTURA RACIONAL

UN CONJUNTO DE AGRICULTURA RACIONAL

Los cultivos transitorios en el Valle del Cauca continúan afrontando serias dificultades tanto en sus precios como en su sistema de mercadeo.

22 de abril 1995 , 12:00 a.m.

En la soya, uno de los más representativos, a pesar de estar prevista su inclusión en los convenios de absorción patrocinados por el gobierno no ha sido posible llegar a un acuerdo con éste, en lo que tiene que ver con las rebajas en las tarifas arancelarias para los importadores, ni con los industriales, en razón a la amplia diferencia entre el precio del producto importado y las aspiraciones de los agricultores.

Como están las cosas, y con un enfoque netamente aperturista, la soya desaparecerá del panorama agrícola vallecaucano.

Y no es una afirmación novedosa. Ya desde hace varios semestres se está planteando esta inquietud. La competencia de la soya boliviana, por sus menores costos de producción, y de las tortas provenientes de otros países con componentes de subsidio favorecen esta posibilidad.

No obstante, es claro que la situación no es tan simple.

Desde el punto de vista agronómico el cultivo de esta leguminosa tiene amplia influencia sobre las demás especies que se siembran en la región. Sus bondades como cultivo de rotación con gramíneas lo hacen prácticamente insustituible y su capacidad de aportar nitrógeno al suelo hacen de él un complemento indispensable para el cultivo de sorgo, maíz y algodón.

A la soya hay que mirarla entonces no como un cultivo individual sino como parte de todo un conjunto de agricultura racional.

Socialmente, la soya juega un papel importante en la generación de empleo en el campo vallecaucano. No menos de 20 mil jornales directos derivan su sustento de este cultivo. Existe oferta de trabajo para reacomodar a estas personas si la soya desaparece? La productividad del cultivo en nuestro medio se ubica dentro de las más altas del mundo. Desaprovechar la experiencia de los agricultores y su tecnología sería un desperdicio imperdonable.

Estas razones- sociales, agronómicas y de producción-, ameritan un análisis adecuado y de fondo de parte de los agricultores a la luz de las nuevas realidades económicas. Esta problemática también deberá ser estudiada por el Ministerio de Agricultura y ambos sectores enfrentar la situación definitivamente sin el desgaste de una estéril confrontación semestral.

Un esfuerzo de investigación intensivo en búsqueda de nuevas tecnologías y en un plazo definido para hacer del cultivo una empresa competitiva es una acción que el gobierno puede adelantar a través de Corpoica.

Si la conclusión definitiva luego del cuidadoso análisis lleva a confirmar la ausencia absoluta de competitividad, se debería propiciar urgentemente el encuentro de cultivos alternativos en una acción conjunta de los cultivadores y del sector oficial.

Y en el entretanto, si se quiere no más de cinco años, la adopción de subsidios directos a la producción que le permita sobrevivir cumpliendo una función social es una medida que el gobierno debe considerar y que encuadra perfectamente dentro de sus enunciados de protección al agro y, más aún, dentro de un plan de reconversión agrícola.

Si agotados los esfuerzos y los plazos el cultivo no es viable, los agricultores del Valle podrán asumir su responsable ilidad. Ante todo, reglas claras. (Apartes de Editorial de la Revista Sag No. 9)

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