POESÍA LIBERÓ A LOS RECLUSOS

POESÍA LIBERÓ A LOS RECLUSOS

Dos horas de fuga vivieron los reclusos de la cárcel de Bellavista. Como inmersos en un mundo imaginario, donde todavía se escuchan los pájaros, donde no hay violencia ni discriminación y donde aún existe el amor, los presos escucharon en medio de un silencio sacro el recital de los poetas del VI Festival Internacional de Poesía, en Medellín.

18 de junio 1996 , 12:00 a.m.

Pese a que pocos sabían que la misa sería aplazada por la lectura de poemas para celebrar el Día del Padre, poco a poco fueron llegando a la capilla atraidos por el encanto de las palabras que compartían con sus madres, novias o esposas en las graderías de cemento. De vez en cuando camino al revés, es mi modo de recordar. Si caminara sólo hacia adelante, te podría contar cómo es el olvido , recitaba el indígena guatemalteco Humberto Ak abal.

Todavía cantamos, todavía pedimos, todavía soñamos, todavía esperamos...y porque vuelvan al nido nuestros seres queridos , respondieron en coro los reclusos y sus visitantes, animados por el grupo musical que dio la bienvenida a la palabra creativa y soñadora de los poetas.

Por un rato la cárcel fue una verdadera fortaleza de babel con los poetas Lindolf Bell de Brasil, Benjamín Zephaniah de Inglaterra, Humberto Ak abal, y Ricardo Cuéllar y John Galán Casanova de Colombia.

Con tantas voces, sonidos y sensaciones nuevas, de vez en cuando, algún recluso protestaba porque no entendía nada. Sin embargo, otros, aunque no hablaban portugués, inglés... parecían comprender con el corazón y respondían con cálidos aplausos. Así sucedió cuando escucharon El canto de los pájaros, un poema que imita con sonidos el canto universal de los pájaros.

Entre verso y verso, los reclusos aprovecharon para contar sus historias. Ninguno de los visitantes se escapó de los reclamos por las condenas injustas, por la violación de los derechos humanos, por la soledad, por el abandono... Yo llevo tres años de prisión, pero me condenaron a 40. Es justo por un homicidio? , decía uno de ellos.

En el otro extremo se veía la pintura de un paisaje sobre las rodillas de un interno, que más que vender su obra, la exhibía.

Desde que los poetas ingresaron al penal, los reclusos querían recitar sus lamentos. Eso. Tome todas las fotos para decirle al Gobierno que esto no es comida para ladrones , gritaron los reclusos cuando los poetas, periodistas y fotógrafos llegaron.

Tras ellos, a la entrada del penal, una larga fila de mujeres cargaban paquetes y esperaban su turno. Los gritos provenientes de las celdas se repetían como un eco y tornaban tenso el ambiente.

Eso, bien Bob Marly , gritaron algunos reclusos cuando vieron aparecer al poeta inglés Benjamín Zephaniah, un rastafari de raza negra y figura descomplicada, alegre y llamativa que distensionó el ambiente.

Y empezó la fuga. Los poetas empezaron a lanzar sus poemas, gestos, gritos y melodías en contra de la discriminación política, racial y de género.

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