LA VERDAD, POR FIN

LA VERDAD, POR FIN

Es una alegría sincera y grande: nuestro Presidente no es un criminal. Pero resulta que ese no era el problema. El problema ni siquiera era si hubo o no hubo narcodineros. El problema es que todo mundo crea que sí los hubo, y esa sola creencia sumió a Colombia en su mas trágica sin salida.

18 de junio 1996 , 12:00 a.m.

Sin salida internacional. Con el escándalo de los casetes, el Gobierno Samper nació condenado a la guerra contra los narcos por cuenta de los Estados Unidos y al desprecio de los Estados Unidos por cuenta de los narcos. Por eso caímos en el infierno sado-masoquista: ningún gobierno había hecho tanto contra la droga y ninguno había sido tan humillado por los norteamericanos. Por eso la doble aberración de nuestra política exterior. Hacia afuera: ganamos batallas ajenas pero nos niegan la autoridad moral para reclamar el triunfo. Y hacia adentro: hoy tenemos el gobierno más dependiente con el discurso más nacionalista de América Latina.

Sin salida interior. Colombia no está dividida por una barrera de odios: esa es la superficie de mezquindades. Está dividida porque la Presidencia dejó de ser el punto de amarre que siempre fue. En el Presidente de la república y solo en él convergían trabajosamente los ocho países opuestos que somos hace tiempo: el país político y el país nacional, el país moralista y el país cínico, el país de los ricos y el de los pobres, el país proyanqui y el país antigringo. Pero Samper ya no puede amarrar a Colombia, porque el escándalo lo redujo a ser el símbolo de cuatro mitades del país apenas: las mitades del clientelismo, el cinismo, el populismo y el narconacionalismo.

He aquí, pues, la crisis verdadera: la división profunda de Colombia salió a la superficie, y el Presidente quedó de un solo lado para agravar, el lado del atraso. Así que el fallo del país político no es solución sino expresión de la crisis. Y ella seguirá avanzando en una de dos direcciones: -La polarización. Pero no se equivoque: Colombia no tiene oposición política ni sociedad civil organizada. La oposición eficaz puede venir de otras tres fuerzas. Una, los jueces: habrá una ofensiva legal contra el fallo de la Cámara y el Fiscal mantendrá su presión alrededor del Presidente. Otras, la economía: al agravarse la recesión, crecerá la protesta. Y otra, los Estados Unidos: si deciden empujar a Samper, el resto es maíz pa pollos .

-La resignación del otro medio país. El Presidente se restió a esta carta y por eso los mensajes de su discurso fueron tres. El principal, a Estados Unidos: voy a escalar la guerra contra los narcos, así que nada ganarían con mi caída. El segundo para los jueces: enviaré al Congreso una reforma constitucional que los ponga en orden (y, de paso, tranquilice a las Fuerzas Armadas). El tercero para el sector privado: aquí me quedo, así que dedíquense a trabajar.

La polarización significa que seguiremos perdiendo el presente. La resignación significa que habremos perdido el futuro. Por eso la renuncia del señor Presidente sigue siendo el único camino, no ya para resolver los viejos problemas de Colombia, sino para volver a la precaria unidad que teníamos como nación y a la precaria dignidad que teníamos ante el mundo. Y esto no tiene absolutamente nada que ver con la inocencia de Ernesto Samper.

Pero Ernesto Samper, qué pena da decirlo, no entiende la grandeza. Ni nosotros, los ciudadanos libres, entendemos tampoco que nadie puede, nadie quiere ni nadie debe hacer por nosotros lo que no fuimos capaces de hacer nosotros mismos.

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