LOS NIÑOS TIENEN SU REFUGIO

LOS NIÑOS TIENEN SU REFUGIO

En medio de un camino polvoriento y angosto, que va de Chía hasta la vereda Fonquetá, está el Hogar San Mauricio. Allí, 102 niños, víctimas del maltrato y la violencia, aprenden que tienen derecho a sonreír y a ser amados.

18 de junio 1996 , 12:00 a.m.

Sin embargo, pese a que allí en el hogar pueden satisfacer sus necesidades de alimentación, vivienda, comida y educación y recibir el afecto de las personas que los cuidan, extrañan su casa y a su mamá.

Así es *Linda, una niña de dos años, que la mejor y casi única palabra que pronuncia es mamá. Y cuando lo hace, sus ojos brillan y todo su rostro sonríe.

Marlén Gómez, directora del hogar, afirma que los lazos familiares son tan fuertes, que a pesar de los golpes y los insultos, los niños añoran a sus madres y quisieran volver con ellas.

A *Felipe, de 11 años, le da miedo estar lejos de su mamá porque dice que de pronto ella se muere y él se queda solo.

Ante esa nostalgia, imposible de erradicar, la directora de San Mauricio, afirma que es necesario trabajar conjuntamente con el niño y la familia, pues de nada sirve elevar la autoestima del menor e iniciar su proceso de socialización, si cuando llega de nuevo a su casa la situación de maltrato y violencia vuelve a repetirse.

Teniendo esto en cuenta, el hogar realiza cada 15 días talleres para la reconstrucción de la familia. Aunque los resultados no son muchos en número, los casos en que la familia logra entender el daño que el maltrato causa a los niños, prueban que es necesario un enfoque integral para el manejo del menor víctima de la violencia y el maltrato.

El hogar San Mauricio está organizado en casitas. La de los niños se llama San Miguel, la de las niñas Santa Teresita, la de los bebés, Niña María y la de los niños especiales, Divino Niño.

Los ocho niños especiales, son fundadores del hogar y las directivas aseguraron su futuro, escriturando a nombre de ellos la casa donde viven, para que nunca puedan desalojarlos de allí.

Cuando los niños, generalmente remitidos por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf), llegan al hogar, entran en un proceso de adaptación cuyo primer paso es elevar la autoestima. Se les hace también una valoración para determinar el nivel escolar al que pueden integrarse para iniciar o continuar sus estudios en el colegio, que también hace parte del hogar.

Donaciones y aportes privados permitieron construir todas las instalaciones del hogar. Desde hace dos años, sus directivas hicieron un contrato de aportes con el ICBF, para cubrir algunos gastos básicos como la alimentación y el pago de los empleados. Sin embargo, estos aportes no alcanzan para desarrollar proyectos como el de seguimiento a los niños que salen del hogar.

Este es un aspecto que las directivas consideran fundamental ya que les permitiría evaluar el proceso que siguen tanto el niño como la familia.

El trabajo realizado en el Hogar San Mauricio, que aporta soluciones al problema del maltrato y la violencia contra los menores es otro de los premiados por la Corporación Promotora de las Comunidades municipales de Colombia (Procomún).

*Los nombres son ficticios para proteger la intimidad de las personas.

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