GAIA ES UN PLANETA QUE LLORA LLUVIA ÁCIDA

GAIA ES UN PLANETA QUE LLORA LLUVIA ÁCIDA

En Grecia, siglos antes de Homero, floreció uno de los tantos mitos que intentan explicar el origen del mundo. Es el de Gaia: En el vacío primordial empezó a danzar Gaia, la diosa Tierra. Se replegó en forma de esfera y en su espalda moldeó montañas. La humedad de su cuerpo se hizo lluvia fecundante, sus oquedades se convirtieron en valles, de sus poros brotaron las primeras plantas y sobre su piel surgieron los primeros animales. Luego hizo nacer de su seno mujeres y hombres .

24 de abril 1995 , 12:00 a. m.

Hoy, Gaia es el nombre de la hipótesis del biólogo inglés James Lovelock, según la cual la Tierra es un ser que se autoregula y que tiene la capacidad de mantener su salud mediante el control del entorno químico y físico.

Esa hipótesis parte del concepto de que existe una interacción constante entre las partes orgánicas y las partes inertes del planeta. La materia viviente de la Tierra, su aire, océanos y superficie forman un sistema complejo, al que puede considerarse como un órgano individual capaz de mantener las condiciones que hacen posible la vida en el planeta.

Al adoptar esta hipótesis, los ecologistas ven al mundo como un organismo viviente. Y así queda claro que cuando el ser humano se considera una más de las especies, vive en armonía con el mundo natural, sintiéndolo como la fuente de vida de la cual toma su alimento físico, emocional, estético, moral y espiritual.

Hoy, para quienes siguen esta hipótesis, Gaia es un planeta que llora lluvia ácida, siente una fiebre tan alta que la quema, ve y percibe cómo se rasga su capa de ozono, y se lamenta y estremece porque desaparecen sus criaturas.

Gaia padece...

Anualmente se pierden en el mundo 25.000 toneladas de suelos fértiles debido a la erosión y el avance de los desiertos, y se talan entre once y veinte millones de hectáreas de selvas tropicales (21 hectáreas por minuto), con todo lo que esto implica en términos de biodiversidad. A este ritmo, y teniendo en cuenta que existen 4.600 millones de hectáreas de bosque en el mundo, en un plazo no muy lejano no solo dejará de existir el bosque sino el planeta viviente.

En cuanto a animales, se ha calculado que entre 1980 y el 2015 podrían desaparecer hasta el 10 por ciento de todas las especies que existen en el planeta y cuyo número aún no se sabe a ciencia cierta.

Un inmenso porcentaje de esta pérdida tendría lugar en los bosques tropicales de Asia, Africa y América Latina, en los cuales habita por lo menos el 50 por ciento de todas las especies conocidas de plantas y animales del mundo. cincuenta mil hectáreas de dichos bosques sucumben cada días bajo el peso depredador del hombre, en total, veinte millones por año, 600.000 de ellas en Colombia y México. Unos minutos y una sierra eléctrica bastan para que un hombre corte la vida de un tajo.

Esta pérdida de biodiversidad es grave, no solo por su magnitud sino por su estrecha correlación con la especie humana. La alimentación, la medicina y muchas otras necesidades dependen de la naturaleza.

Existen razones desde pragmáticas hasta éticas para detener esta destrucción.

Si los bosques tropicales desaparecieran, las pérdidas económicas serían inmensas: más del 40 por ciento de todas las medicinas del mundo desaparecerían, ya que contienen ingredientes activos derivados de plantas tropicales.

Pero el uso de los bosques va más allá, ya que dos billones de personas en el Tercer Mundo dependen de la leña para cocinar y de los productos de los bosques para sobrevivir. Los bosques del mundo absorben anualmente millones de toneladas de dióxido de carbono mientras que otros tantos millones son emitidos por la deforestación acelerada. Las ecosistemas, los manglares y los arrecifes coralinos también están amenazados, y cumplen un papel similar en la reproducción del mundo acuático.

A pesar del avance, sabemos muy poco de nuestra biodiversidad. De un total de diez a cien millones de especies, solo 1,4 millones han sido clasificadas por la ciencia. Los bosques tropicales son una verdadera biblioteca genética que está borrándose a pasos agigantados para la humanidad y la ciencia. Pero con ello también desaparece el conocimiento farmacológico, botánico y alimenticio de la biota que poseen los chamanes, curanderos y poblaciones nativas de estos ecosistemas.

Hoy, la meta de la humanidad es defender la biodiversidad que nos queda y detener la destrucción sistemática de la vida.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.