TRAGEDIA ENLUTA EL FESTIVAL DEL MONO NÚÑEZ

TRAGEDIA ENLUTA EL FESTIVAL DEL MONO NÚÑEZ

Desde el domingo a las dos y media de la mañana, Ginebra y su Festival dejaron de ser un sinónimo de alegría para todas las personas que a esa hora regresaban a sus casas en Cali o en Palmira.

10 de junio 1996 , 12:00 a. m.

Media hora antes en Ginebra, la gente en la plaza todavía pedía canciones, las banderas de Nariño, Caldas, Tolima y Antioquia eran agitadas entre gritos de histeria y parejas que se abrían espacio entre una multitud de más de 10.000 personas.

Don Arnulfo Núñez, primo del Benigno Mono Núñez, con sus ochenta años a cuestas se permitía el lujo de cambiarle el nombre a una canción para podérsela dedicar a una paisa con la que quería bailar. Los grupos de cuatro o veinte personas no dejaban de corear abrazados todas las canciones a las que era posible cogerles la letra y el aguardiente no se le negaba a nadie.

Hasta ese momento los únicos casos graves que habían tenido que atender el grupo de paramédicos que rodeaba la plaza fueron los de dos personas afectadas de neumonía, una falsa alarma de parto prematuro, un esguince de tobillo y un trauma pequeño en la nuca que no impidieron que los dos miembros del comité de la plaza que se cayeron accidentalmente de la tarima continuaran coordinando todo el espectáculo.

A las dos de la mañana no había mucho tráfico para salir del pueblo, pero cerca a la entrada del Ingenio Providencia, a unos 10 kilómetros de Ginebra, todos los autos se empezaron a detener.

Un Mazda coupe de placa PLM 990 de Palmira, que viajaba a exceso de velocidad, se había estrellado contra el bus Gacela número 987 de la empresa Flota Magdalena, que estaba parqueado a un lado de la carretera. Adentro estaban atrapados seis jóvenes de Palmira entre los 19 y los 22 años, que regresaban de Ginebra.

Un joven testigo dijo que él viajaba en su carro a 150 kilómetros por hora y que fue rebasado por el vehículo accidentado, que embistió por detrás al bus estacionado.

Un vigilante del Ingenio que vio el accidente avisó a todos los cuerpos de socorro. Toda la gente que tuvo que detenerse trataba de ser útil en lo que pudiera.

La mitad del carro quedó debajo del bus, a las tres muchachas y al joven que estaban atrás los llevaron conscientes al hospital. El conductor también permanecía consciente pero fue necesaria la ayuda de un tractor del Ingenio para poder sacar el carro de debajo del bus, rescatarlo a él y llevárselo lo más pronto posible al hospital.

En cambio, para Germán Andrés Moncaleano, atrapado entre el espaldar de su asiento y el tablero del carro, ya era demasiado tarde. Murió dentro del vehículo.

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