La felicidad que fue

La felicidad que fue

Si usted quiere saber qué es la felicidad, se lo contamos: fue el año 2007. Si no tiene un recuerdo grato de ese año, no va a tener a qué aferrarse en estos tiempos turbulentos. Colombia vendía caro lo que producía: petróleo, carbón, café, azúcar y manufacturas para los vecinos; y compraba barato lo que importaba: ropa, computadores, motocicletas, electrodomésticos, insumos, etc. China e India inundaron al mundo de muchas cosas, a bajo costo, mientras que el consumidor estadounidense demandaba glotonamente y hacía subir los precios de los bienes primarios que exportamos. La liquidez fluía, pues China ahorró masivamente en dólares y afuera, financiando el gasto norteamericano, y bajas tasas de interés promovieron la toma de riesgos a lo largo del planeta. La inversión extranjera se duplicó en América Latina.

31 de octubre 2008 , 12:00 a.m.

Colombia no fue la excepción, y el crecimiento llegó al 8 por ciento. Las ventas subieron, el desempleo bajó; en fin, algo muy parecido a la felicidad (económica, al menos).

Pero eso se acabó. La explicación radica en el auge mismo. En los períodos de prosperidad muchas familias y empresas tienen la ilusión de que esa situación es permanente, hacen cuentas alegres sobre ingresos y ventas, se endeudan contra los precios inflados de sus viviendas y, para el efecto, encuentran un sistema financiero igualmente dispuesto a vivir, con Alicia y las familias, en el país de las maravillas. Pocos se dan cuenta de que están cometiendo errores al gastar más de lo que tienen y de lo que valen, pues esto sólo se hará palpable cuando empiecen a no venderse algunas casas y bienes, producidos en exceso por las firmas.

Entonces, como un dominó perverso, caen las ventas de las empresas, los ingresos y el empleo de las familias; llegan cuentas que difícilmente hay con qué pagar; sube la mora en los créditos de consumo y en hipotecas; en los bancos cunde el temor sobre el respaldo de los préstamos, y dejan de prestarles a personas a quienes meses antes halagaban con recursos abundantes y baratos. ¿Cuánto tiempo dura esta pesadilla? Lo necesario para que se restablezcan los balances de los hogares y las firmas, se pague la parte excesiva de las deudas, la economía elimine los inventarios acumulados en las empresas y se restablezca la confianza.

En Estados Unidos, los ciclos de auge y recesión a veces escalan a pánico financiero, si la contaminación a créditos en mora, precios de acciones y bonos es masiva. O si, como ahora, los apalancamientos fueron tan descomunales que la salud misma del sistema financiero queda en entredicho.

Aún peor, si las autoridades equivocan el diagnóstico, y como sucedió, simplemente inyectan liquidez, para reinflar los precios de viviendas y activos. Les tomó mucho identificar un problema patrimonial de solvencia en los bancos (como sí lo hizo Colombia en su momento), que minó la solidez de gigantes financieros antes inexpugnables.

El primer pánico financiero en Estados Unidos sucedió en 1818, y hubo ocho episodios hasta 1907. Son más frecuentes de lo que parecen. Si bien en el siglo XX ha habido menos, estos han sido más profundos. Pero ninguno terminal para el capitalismo, como les ha dado por fantasear a observadores incautos. Las recesiones son la otra cara de las bonanzas. Los pánicos financieros son la dura lección que dejan los excesos en toma de riesgos y los rezagos regulatorios.

Pero esto no afecta los verdaderos fundamentos del capitalismo: la libertad de emprendimiento, la propiedad privada, las libertades políticas, la democracia, la libertad de precios y una sobria regulación, allí donde sea necesario. La fase de corrección cesará, según dicen, en el segundo semestre del 2009. Mientras la padecemos, recuerden que hace poco hubo tiempos felices, cuyos excesos en buena medida estamos corrigiendo, y de los cuales América Latina y Colombia fueron beneficiarias

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