CUANDO POR FIN SE APRENDE A ESCRIBIR

CUANDO POR FIN SE APRENDE A ESCRIBIR

Que me perdone mi mamá, pero me siento sólo, no sé nada, no tengo amigos, no tengo tarjeta de identidad, y no tengo ganas de seguir viviendo .

23 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Este fue el mensaje que encontró la madre de Víctor Hugo Clavijo, después de que él, a los 15 años, se tomara un frasco de veneno.

Su cuerpo lo encontraron el 23 de marzo de 1995, hoy hace exactamente un mes, en la cancha de recreo de la escuela del barrio Santa Viviana, en Ciudad Bolívar, en Bogotá.

En esta lugar Víctor Hugo aprendió a escribir, pero al igual que sus otros 349 compañeros, se quedó sin estudio a finales del año pasado, cuando unos cuantos aguaceros se llevaron la vieja escuela de Santa Viviana, que pendía de un barranco.

En febrero de este año, los líderes cívicos del barrio le pidieron ayuda a la Policía Nacional para que sus hijos pudieran estudiar, así fuera en medio del fango.

Representantes de la institución, en cabeza de los comandantes del Distrito sur, coronel Luis Enrique Guativa, y de Ciudad Bolívar, mayor Hugo Alfonso Cepeda, decidieron montar un proyecto de escuela que llevaron a cabo el teniente Julio Araujo y ocho Auxiliares Bachilleres.

A María Oliva Cadena, la presidente de la escuela, le preocupaba que aquí tenemos niños con 15 años que no han empezado a cursar su primer año de escuela . Ella estudió hasta cuarto de primaria.

Primero se inscribieron 80 niños para los grados cero, uno, dos, tres y cuatro. A los ocho días ya eran 350.

Tocó parar las inscripciones porque ya no podíamos más , afirmó el teniente Araujo.

Las primeras clases Al comienzo, las clases fueron al aire libre. Los niños se sentaban en el suelo húmedo, cubiertos por un plástico o una vieja sombrilla.

Una semana después, el teniente Araujo y los muchachos bachilleres levantaron cuatro aulas con materiales de desecho, y dos más con una carpa que la asesora de la Personería de Ciudad Bolívar, Romy Esperanza García, buscó prestada en la Oficina para la Prevención de Desastres.

También consiguieron unas tablas para dejar de sentarse en el suelo. En este momento, existen algunos pupitres hechos con pedazos de madera.

Necesito estudiar para que me den trabajo, para que mi mamita no aguante más hambre , dijo un niño de 12 años que cursa tercer grado, y agregó: es que yo no quiero robar ni hacerle mal a nadie, solo quiero dejar de sufrir .

La mayoría de los estudiantes aspira a ser policía. La Policía es la única que ayuda a los niños que no sabemos nada , dijo una pequeña de 10 años que asiste a la escuela.

Páez, Forero, Suárez, Bernal, Olivares, González, Guerrero y Peralta son los profesores encargados de enseñar desde las vocales hasta matemáticas. Son ocho muchachos, también de Ciudad Bolívar, auxiliares bachilleres de la Policía Nacional.

Estos niños, antes de aprender lo que necesitan es un poco de cariño, para aliviar el maltrato físico y el dolor del alma , afirmó uno de ellos.

Frente a la escuela, a los lejos, en un cerro se ve un árbol sólo, que les recuerda a un hombre que se suicidó. Lo llaman el árbol del ahorcado .

La energía eléctrica, el gas natural, el teléfono y el alcantarillado son cosas que existen puallá abajo en la ciudá , dijo una mujer del barrio.

Otro habitante del barrio dice que aquí hay que rezar para que llueva y de esta manera obtener un poco de agua, pero cuando el agua llega, también hay que rezar para que la lluvia no arranque los ranchos .

Y Víctor Hugo no llegó El 23 de marzo Víctor Hugo no fue a clase. Cuando sus compañeros salieron a recreo encontraron el cadáver. Fue tan dramática la situación, que de inmediato me tocó traerle ayuda psicológica a los niños , afirmó Araujo.

Un niño de 13 años, amigo de Víctor Hugo, dijo que mi amigo se mató porque estaba cansado de ver sufrir a su viejita, y aburrido de aguantar hambre y frío. Es que es muy difícil estudiar con hambre, aunque cuando uno está aprendiendo se le olvida que no desayunó o que no va a tener almuerzo .

Hace dos semanas, la Policía tomó la decisión de retirarse del lugar para cumplir con otras obligaciones. Los niños se reunieron con sus padres en el cerro y lloraron.

Mientras haya un lápiz, o un libro en la mano de los niños, habrá la posibilidad de vivir. Si no....es mejor no decirlo , sostuvo la madre de uno de los estudiantes.

Ante el llanto de los niños, la Policía decidió continuar con el programa educativo.

El teniente Araujo sueña con poder construir una verdadera escuela. Ya dimos 150 mil pesos para pagar el primer lote, del que adeudamos 100 mil, y aspiramos a comprar los otros seis, que tienen un valor de 2 millones y medio de pesos. Ya tenemos 17 mil pesitos en la cuenta 07-223201 de Financiacoop. También contamos con 500 ladrillos y 10 bultos de cemento .

Por ahora, la escuela ya tiene una biblioteca con 850 libros viejos, muchos de ellos donados por Auxiliares Bachilleres de Fontibón.

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