LOS ROSTROS DE LOS MALTRATADOS

LOS ROSTROS DE LOS MALTRATADOS

Todo allí es pardo o gris porque todo tiene el mismo color de mugre y abandono. El aire está cargado del olor dulzón del bazuco y de la fetidez de unas calles donde el agua sucia forma pozo, el baño es la vía pública y el pegante está adherido a la piel de todos los habitantes del sector.

17 de junio 1996 , 12:00 a. m.

Es El Cartucho, que de una calle ha pasado a varias, pues ahora comprende el sector que va desde la calle 7 hasta la 9 entre la carreras 11 y 13.

Desde afuera, sus habitantes, encorvados, sucios, delgados y huraños parecen una misma persona. Pero detrás de cada uno existe una historia, una infancia y unos sueños que casi nadie se preocupa por conocer.

Y en esas casas, que parecen estar sostenidas solamente por los que se recuestan contra sus paredes, están las ollas . Mientras afuera, contra la pared, un grupo de hombres cuya edad no se puede definir, juega a los fósforos; adentro, se dedican a pesar marihuana o bazuco para venderlos luego a través de las ventanillas de granahumar o por debajo de una reja, según los bichos (cigarrillos) que el cliente necesite.

En medio de esos cuerpos tendidos en lo que se supone es el andén, aparece de pronto un rostro que brevemente cambia el color de la calle. Un niño sosteniendo un juguete roto, una niña arrastrando una caja sucia, un bebé prendido al seno de su madre. Tres niños asomados a una puerta desvencijada. Su piel, aún no transparente por el efecto del bazuco, tiene sin embargo las huellas de los golpes.

Así lo cuentan varios de estos niños que habitan en el sector del Cartucho. *Mario, de 10 años, dice en voz muy baja que una vez su padrastro le pegó con un ladrillo y casi le rompe una costilla, porque no le hizo un mandado en el momento en que se lo pidió. Agrega que los golpes no son solo para él, pues su mamá también es golpeada con frecuencia.

La mamá de *Ricardo, según cuenta el niño, una vez lo iba a botar de un cuarto piso porque él había tirado unos zapatos que estaban muy dañados.

A *Marta, que tiene 13 años, sus hermanas la insultan por cualquier cosa y ella prefiere quedarse callada, para que no le peguen. Su papá también la golpea y cuenta que, una vez le pegó un palazo en la pierna derecha y le hizo salir sangre. Reconoce que en ocasiones él le pide disculpas pero vuelve a pegarle.

*Aura tiene ocho años y ya conoce de cerca el asesinato, la drogadicción y el maltrato. A su papá y al novio de una hermana los mataron. Otra de sus hermanas fumaba bazuco y la mamá le quitó la costumbre pegándole y encerrándola en la casa. Cuando Aura no hace caso sus hermanas mayores, que son las que la cuidan, le pegan con correa. Ella no dice nada.

Estos cuatro niños forman parte del 20 por ciento de alumnos del sector de El Cartucho, que estudian en el colegio distrital Santa Inés.

Para ellos, el colegio es el lugar donde por un momento escapan de la violencia de sus casas. Sin embargo, en las aulas también se ven enfrentados a ella. Según las directivas del colegio, los niños presentan un alto nivel de agresividad, tanto física como verbal.

Por eso, las directivas del plantel están empeñadas en proporcionar a los niños alternativas para el uso de su tiempo libre, extendiendo la jornada escolar que hasta el momento, empieza a las 7:00 de la mañana y finaliza al mediodía.

*Los nombres son ficticios para proteger su intimidad.

Espere mañana la segunda parte.

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