FE COMBATIVA EN COLOMBIA

FE COMBATIVA EN COLOMBIA

Que nada nuevo hay en la Viña del Señor, ni siquiera en reacciones emocionales, lo demuestran las siguientes palabras de uno de los personajes de Ana Karenina , la inmortal novela de Tolstoi:

22 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Santo Dios! Qué régimen monstruoso el que estamos sufriendo! Qué administración, y qué jueces, y qué Concejos Municipales! Todo es pura iniquidad .

Cualquier compatriota de nuestro tiempo podría atribuirlas a mentalidades colombianas inmersas en oposición emponzoñada o en delicuescente escepticismo. Como en la época de la Rusia zarista, cuando ya se sentían los pasos de la revolución bolchevique, no faltan aquí quienes piensen que el país está a punto de zozobrar, en medio de las aguas embravecidas del narcotráfico, la corrupción, la violencia guerrillera y la delincuencia común.

En lugar de formar un gran movimiento de solidaridad nacional contra tales males, prefieren murmurar, renegar, hostilizar. En el mejor de los casos, dichos círculos, no por cierto de desheredados, asumen actitudes de desconcierto y desesperanza, susceptibles de allanar el camino a la desestabilización política y social de la República.

Contra semejante proclividad, cabe destacar la decisión presidencial de enfrentar con toda la fuerza del Estado las diversas formas de criminalidad. Nada autoriza a creerlas invencibles habiendo la firme voluntad de las autoridades de combatirlas sin contemplaciones y con el activo respaldo de la nación. La tolerancia gubernamental y su preferencia por el diálogo democrático no significa ni ha de significar debilidad.

Si en fin de cuentas la guerrilla rechaza la mano tendida, no pueden ellas resignarse a predicar el respeto a los derechos humanos mientras se les escarnece y viola. Ni permitir el auge de la delincuencia que ha vuelto terriblemente inseguras las ciudades y ha sembrado de sobresalto los campos. Tampoco desistir de la campaña contra el narcotráfico por el hecho de que sus consocios hayan aprendido a derribar helicópteros. A las gentes es menester restituirles con actos fehacientes el pleno ejercicio de sus derechos y a la democracia su capacidad de dominar los flagelos sociales. Necio sería interpretar la delincuencia como anárquica y confusa expresión de empeños reivindicatorios, hasta el extremo de justificar el secuestro y cohonestar la siega de vidas.

El actual Gobierno quiso conceder prioridad a lo social: a la creación de empleo productivo y al mejoramiento de los niveles de vida de las clases medias y bajas. Atrevido e injusto sería calificarlo de reaccionario. Pero, si bien se ha orientado a atender las causas de la inconfomidad, concretamente en el agro, no se hace de la vista gorda ante el delito. Con el deber irrenunciable de prevenirlo y reprimirlo tiene resuelto cumplir.

Duele en verdad registrar voces de derrotismo a propósito de los retos de la violencia y del narcotráfico. Váyase a saber si la tentación es ceder a su contumacia o simplemente desistir de batallas que no se han ganado, cuando la salud del país obliga a buscar y alcanzar su éxito. La impunidad contribuye mucho a la sensación de desaliento. No obstante, al ver cómo se avanza en determinados ángulos de la persecución del delito, se comprueba que no brillan por su ausencia la voluntad ni la idoneidad de luchar contra sus manifestaciones.

En materia de narcotráfico, no es ajena Colombia a la suerte de la especie. Si no se hubiere alineado por propia convicción, el resto de las naciones se encargarían de hacerlo, tratándose como se trata, junto con el terrorismo, de uno de los morbos destructores de fin de siglo. Desde luego, como en cuestiones de honra, no solo hay que serlo sino parecerlo. Máxime cuando mentes torcidas pretenden acusarla de narco-democracia.

Si no existieran tantos otros claros indicios, ahí está el botón de muestra de la investigación de la Fiscalía y su orden de detener a personajes sospechosos de complicidad que habían tenido valimiento oficial y social y ejercido reconocida influencia pública. Uno más de los muchos pasos enderezados a purificar de vicios la política colombiana.

Innegablemente sufrimos vergenzas y equivocaciones. Tales los fracasos en prevenir conductas delictuosas y, ayer, el desliz de nuestra Cámara Alta al desconocer una sentencia judicial por corrupción de uno de sus miembros. Lo importante es, sin embargo, que haya conciencia alerta y militante sobre la necesidad de preservar de dolosos extravíos tanto la política como la economía del país.

Las presentes líneas quisieran constituir una invitación a la fe combativa en Colombia. Combativa porque es menester participar en su destino y no abandonarlo al azar. Contribuir a la creación de una patria justa y segura, amable y próspera, superponiendo lo constructivo a lo destructivo.

Sin perjuicio de destapar ecuánimemente cuanto a mal oliere, ningún pueblo ha de amilanarse ni amedrentarse por las adversidades. Corregirlas sí con valor y entereza. Prometernos liquidar la impunidad y la barbarie. Y perseverar en el desarrollo enmendando medidas desalentadoras y recesionistas como la del Banco de la República sobre tasas de interés. Desarrollo que no requiere los dineros de la exportación clandestina de estupefacientes sino que con su presencia se perturba en lo social, en lo moral y aun en lo material.

A la campaña contra el buen nombre de la patria en el exterior y contra la solidaridad democrática en el interior, es hora de oponerle la resolución optimista, fuerte y alegre de vencer todos los obstáculos, dentro del convencimiento de que el recto obrar no podrá sino arrojar buenos frutos. No envenenen la calumnia y la insidia nuestras vidas.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.