CUANDO SALÍ POR AUXILIO, EL CARRO ESTALLÓ

CUANDO SALÍ POR AUXILIO, EL CARRO ESTALLÓ

A 12 de los 15 miembros de la familia Correa que salieron de Bosa el pasado viernes, a la medianoche, para llevar la silla de ruedas que le habían comprado con sus ahorros a su abuelita enferma en San Mateo (Boyacá), los enterraron ayer en ocho féretros.

17 de junio 1996 , 12:00 a.m.

En la morgue le dijeron al único sobreviviente ileso, Martín Murillo, que, como los cuerpos habían quedado calcinados, se podía acomodar a los bebés con sus madres en los ataúdes.

El entierro finalmente costó 4 millones de pesos y hacia el mediodía de ayer ellos sólo tenían 200 mil pesos. Para conseguir los 3 800.000 pesos restantes, los vecinos instalaron una urna al lado de los féretros.

Los ocho niños y cuatro adultos perecieron después de que la camioneta Chevrolet modelo 53 se volcó por un precipicio y estalló en llamas cuando sólo estaban a seis kilómetros de Tunja.

Cuando salí a pedir auxilio a la carretera, la camioneta estalló y vi como se quemaban sin que yo los pudiera ayudar , señaló con los ojos llenos de lágrimas, Martín, uno de los tres sobrevivientes.

El perdió a su esposa, sus dos hijos de 8 meses y 9 años y sus sobrinos.

Viaje fatal El viaje era completamente normal y de repente, hacia las 4 de la mañana, fuimos a parar a una fosa de unos cinco metros de profundidad. El carro empezó a dar vuelcos y yo salí como pude , concluyó Martín.

Otro tanto hicieron sus suegros Santos Correa, quien iba al volante, y su esposa Blanca Bonilla.

A ella la alcanzó el fuego, y por eso se arrancó la camisa y esperó semidesnuda detrás de una piedra de la carretera a que le prestaran ayuda, mientras con impotencia veía que las puertas de la camioneta se habían quedado atascadas y que sus cuatro hijas y sus seis nietos no podían salir.

Ahora ella y su esposo están en el hospital Simón Bolívar, recuperándose de las quemaduras.

Los Correa habían pensando viajar en flota, pero como llevaban la silla de ruedas, decidieron acomodarse en un colchón en la parte trasera de la camioneta.

A pesar de la antigedad del vehículo, ninguno se imaginó que algo malo pudiera ocurrirles, pues en esa camioneta era que Santos hacía largos viajes hasta Maicao y San Antonio del Táchira, en Venezuela, para traer mercancía.

En Bogotá sólo se había quedado Enrique Mora, quien no pudo acompañar a sus dos hijos y a su esposa, Ana Cecilia, porque tenía que trabajar.

Unidos hasta el final A los Correa y los Murillo el destino los había unido desde mucho tiempo atrás.

Ana Isabel y María Eugenia Correa, dos hermanas, se habían casado con Martín y Oscar, dos hermanos, quienes las sostenían con lo que se ganaban con su trabajo de mecánicos de motocicletas.

Desde pequeños vivían en los barrios León XIII y Juan Pablo I, en Bosa, y por eso ayer su despedida parecía una procesión. En camiones, buses, taxis y a pie, cerca de 700 vecinos siguieron la caravana de carrozas fúnebres que llevaba los doce cuerpos de los Correa hacia el cementerio El Apogeo, en el sur de la ciudad.

Las víctimas En la explosión murieron Ana Isabel Correa y sus hijos Angie, de 8 meses y Anderson, de 10 años.

También perecieron Oscar Fernando Murillo, de 29 años; su esposa María Eugenia Correa, de 25 años; y sus hijos Fernando, de 7 años; Cindy, de 4 años; y Hans Christopher, de año y medio.

En el vehículo también murieron Janeth, de 10 años y Ana Cecilia Correa, de 28, (hermanas de Ana Isabel y María Eugenia) y los hijos de esta última: Christian y Hárrison Mora, de 4 y 8 años respectivamente.

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