FRANCIA: LOS CHICOS TAMBIÉN CUENTAN

FRANCIA: LOS CHICOS TAMBIÉN CUENTAN

Las elecciones francesas, la campaña electoral y el debate político general, no sólo están formados por los grupos mayoritarios. Al lado de los neogaullistas Jacques Chirac y Edouard Balladur y del socialista Lionel Jospin, los tres en cabeza, otros 6 candidatos, disputan un electorado que ronda el 35 por ciento y que, por definición, se sitúa a los extremos del espectro político, en la periferia de la izquierda y la derecha.

21 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Estos candidatos, por lo demás, le dan sentido a la primera vuelta, la cual se justifica en la medida en que todas las tendencias y matices tienen su lugar en las urnas de elección. Pero también pueden resultar definitivos en la segunda.

De los llamados pequeños , el más grande es el ultraderechista Jean Marie Le Pen, de 66 años, líder del movimiento Frente Nacional. Para él, que se presenta a la presidencia por cuarta vez, Francia debería volcarse sobre sí misma, ser menos abierta al mundo para evitar la dispersión de sus fuerzas y la usurpación de su riqueza.

Según Le Pen, sin las decenas de miles de inmigrantes que a diario llegan a la República (especialmente árabes y africanos), los franceses tendrían más trabajo y el déficit del sistema social sería inexistente. Y ni hablar de la inseguridad, pues para corregirla Le Pen propone reinstaurar la pena de muerte, retirada de la legislación francesa por Francois Mitterrand.

En cuanto a Europa, Le Pen está en contra del Tratado de Maastrich y por lo tanto de la actual Unión Europea, por considerar que atenta contra la soberanía del país.

Por detrás de Le Pen, al otro lado de la brújula política, está Robert Hue (58 años), candidato del Partido Comunista francés, acreditado en los últimos sondeos por un 10 por ciento de intenciones de voto. El discurso de Hue está centrado en las reivindicaciones tradicionales de la izquierda radical: más impuestos para las grandes fortunas y dineros especulativos, baja en los impuestos para los ingresos medios, disminución de las ayudas económicas a las industrias que no creen empleos y, en general, una repartición más equitativa de la riqueza del Estado.

Hue, cuyo electorado representa una buena parte de la izquierda, es la principal molestia de Lionel Jospin, quien corre el riesgo de no pasar a la segunda vuelta perdiendo ante Balladur. Para seducir al electorado de Hue, Jospin repite sin cesar la consigna del voto útil, queriendo decir que si los comunistas votan por Robert Hue, y él pierde, la izquierda se quedará por fuera de la segunda vuelta.

En cuanto a Maastrich, Hue se opone por considerar que el proceso de unión se hace entre empresarios y financistas, a espaldas del pueblo y a su costa, sacrificando empleo y crecimiento en pro de la integración y la moneda única.

En tercer lugar, vuelta a la derecha. Se trata del ultraconservador católico Philippe Devilliers (54 años), con un 6 por ciento, un hombre salido de las filas del partido de derecha moderada Asamblea Para la República (de Chirac y Balladur) que se separó en 1992 haciendo oposición al Tratado de Maastrich. En su visión, que toma forma en el partido Movimiento por Francia, la construcción europea es una prisión burocrática que le quita poderes y soberanía a la República. Su candidatura tiene además otro estandarte: la lucha contra la corrupción. Por lo demás él preconiza un combate por los valores en el que da rienda suelta a su visión católica del mundo, hablando de la disolución de la moral como origen de plagas modernas como el SIDA.

Y detrás de Devilliers, la trostkista Arlette Laguiller (52 años), con 4 por ciento. Una mujer que se presenta por tercera vez a las elecciones y que ya se ha convertido en una candidata querida, vista con cierto folclorismo y a la que nadie ataca por la imagen de mujer de la calle, reforzada con su slogan: por el trabajador y la trabajadora .

Muy cerca de ella, con un electorado similar, está la candidata de los Verdes, Dominique Voynet (36 años), la cual está acreditada por un 3 por ciento y predica por una vida más digna en un medio ambiente limpio, con una sociedad respetuosa del ecosistema. Tanto Voynet como Arlette Laguillier le arañan también una parte del electorado de izquierda a Jospin.

Al final, con una posición política que casi nadie comprende en Francia, está Jacques Cheminade, de 54 años (nació y creció en Argentina, y vino a Francia a los 17 años). Su discurso, tercermundista y anticapitalista, hace pensar a algunos en el primer peronismo, pero su falta de claridad le ha costado caro: tiene apenas el 0,1 por ciento de los votos.

Quién se queda con lo votos de quién La relación de Chirac y Balladur con los otros candidatos de derecha es diferente a la de Jospin con los de izquierda.

Pese a que Chirac y Balladur se sustentan sobre bases electorales bien distintas cualquiera de los dos que pase a la segunda ronda tiene asegurados los votos de los otros grupos de derecha, enemigos a muerte de la izquierda.

Jospin en cambio no tiene asegurado el sufragio de toda la izquierda. Voynet, e incluso Hue, dicen que si Jospin va a hacerse elegir con votos comunistas para gobernar con una política de derecha, prefieren dejarle el campo de batalla a la derecha clásica, pues prefieren agudizar las contradicciones .

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