USAQUÉN VIVE Y DEJA VIVIR

USAQUÉN VIVE Y DEJA VIVIR

Así como a lo largo de este siglo Bogotá ha desechado parte fundamental de su historia, también, en este corto periodo de reflexión que vino con los años noventa, la ciudad se ha aferrado a esos pequeños espacios que le permiten recordar que aun puede ser amable.

23 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Uno de ellos, tal vez el más visitado, es Usaquén; el viejo pueblito del norte de la ciudad, que antes de la década de los cincuenta era aun considerado un municipio separado del Distrito Capital.

Hoy, aparte de ser una de las veinte localidades que conforman la marrullera Bogotá, es también el más descollante lugar del rescate capitalino. Es el lugar que representa lo que siempre ha querido ser la ciudad pero que no ha podido.

Usaquén es ahora otro poro por el cual los bogotanos respiran tradición. Y más que eso, es la posibilidad de volver a caminar, de volver a pasear en el parque, de regresar a la misa así sea play , de comprar chucherías el día domingo, de tomar un café cualquier día, de comer bien todos los días, de apreciar la vieja arquitectura, de disfrutar, de volver a ser...

Sí, Usaquén es ahora uno de los pocos sitios amables de la ciudad, y lo mejor es que lo es en todas sus estaciones: en el día, en la noche y en el fin de semana.

El día y la noche De día y entre semana, Usaquén es un apacible barrio con vida parroquial. Es un pueblito con una gran iglesia, con una fuerte alcaldía, con unos medianos policías y una pequeña expedición de cédulas. Pero Usaquén también es uno de los lugares más importantes de la ciudad dentro del mundo de las antigedades.

Sin entrar a desmenuzar la basta feria dominical que merece capítulo aparte, Usaquén a lo largo de la semana tiene abiertos más de diez Anticuarios en los que se consiguen todo tipo de piezas y artefactos de vieja factura, y que incluyen desde los ya tradicionales muebles europeos hasta las exóticas antigedades orientales, pasando por una que otra reliquia colombiana.

El comercio diario también ofrece una estupenda posibilidad de tiendas de textiles -puntos de venta exclusivos- en los que se consiguen prendas fabricadas artesanalmente en telar y en lana virgen. Esa es otra posibilidad que toma fuerza en Usaquén.

La noche, por su parte, ya tiene un conjunto de lugares que poco a poco han convocado a los noctámbulos bogotanos.

En principio, su lugar más representativo es la Tienda de Café la cual, en conjunto con la filosofía del barrio, rescata la tradición del café, del chocolate, del agua e panela, del diálogo, de la tertulia, del encuentro: Es un sitio donde se toma buen tinto (café o vino) y se oye buena música.

Más adelante vienen otros pequeños restaurantes y bares que recién abrieron sus puertas y que hasta ahora, con el mismo concepto descomplicado pero cálido, despegan en la noche de Usaquén. Por ahora se puede hablar de Al dente y Nicos.

Otro de los grandes atractivos de la noche en Usaquén es la serie de presentaciones musicales, una a la semana, que ofrece la Iglesia de este lugar.

Ya se ha vuelto tradicional encontrar los días miércoles o jueves, deliciosos recitales de música de cámara, pequeñas galas de ópera, y medianos conciertos clásicos en el teatro de la Iglesia y algunas veces en la misma capilla cuando son obras que lo ameriten, como los oratorios.

La iglesia también se ha convertido en sitio de moda para los matrimonios, muchos de los cuales deciden hacer su fiesta en una antigua y elegante hacienda del mismo barrio, que se alquila para congresos, desayunos, reuniones y hasta las tradicionales exposiciones de flores, que se realizan anualmente en los patios de la casona.

Usaquén: plácido domingo Pero sin duda, lo mejor de Usaquén, desde hace unos buenos años, es su día domingo, bautizado como Los Toldos de San Pelayo.

Lo que empezó años atrás como un bazar de curiosidades es hoy una gran feria que desfila con muchas más atracciones.

Es un ambiente. Es una impresión. Es como revivir un viejo domingo bogotano de esos con olor a ajiaco y sabor a cobre. Es el día de las chucherías; el día de el mercado de las pulgas .

En las pulgas se encuentra todo y nada. Si busca algo en general se sorprenderá consiguiéndolo, y si lleva una idea saldrá con otra.

Desde un delicioso pernil de cordero, pasando por ángeles de yeso, viejas llaves y candados, camisetas de colección, candelabros, discos, cueros, lámparas, sombreros, hasta las muy apreciables pócimas de amor y desamor, todo es susceptible de existir debajo de esos toldos amarillos que se extienden por varias cuadras, todos los domingos, para embellecer la ciudad.

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