TALENTO, PASAPORTE AL EXTERIOR

TALENTO, PASAPORTE AL EXTERIOR

En un laboratorio del London Hospital Medical College, un colombiano dedica varias horas del día a observar una bacteria a través del microscopio.

23 de abril 1995 , 12:00 a.m.

El neumococo, un microorganismo de forma ovalada recubierto por una poderosa cápsula, es el microbio que fascina a César Augusto Arias, un médico bogotano que actualmente realiza una maestría en microbiología, en Inglaterra.

César Augusto nació en la capital hace 26 años y es el mayor de dos hermanos; se graduó de la facultad de medicina de la universidad del Bosque como el mejor estudiante de su promoción, hizo prácticas en Harvard University y ha publicado artículos en revistas del extranjero. También hace parte de la Red Caldas, programa que vincula a los investigadores colombianos en el exterior. Dentro de seis meses termina su maestría y en tres años espera obtener su título de doctorado.

Estudiar en uno de los mejores departamentos de microbiología de Europa le cuesta a César Augusto alrededor de 10 mil libras esterlinas, unos 15 millones de pesos al año, únicamente la matrícula.

Sin embargo, él y su familia hacen parte de la clase media colombiana.

Estudiar sin dinero Sin ser millonarios, algunos colombianos se están preparando en las universidades más prestigiosas del mundo, gracias a las becas internacionales.

Gobiernos y universidades del extranjero, y organismos nacionales e internacionales, pagan total o parcialmente estudios en áreas que, según ellos, contribuyen a elevar el nivel científico y tecnológico del país (ver recuadro).

En materia de becas, la gama es bastante amplia. Las hay para maestrías, doctorados, bachillerato internacional, pasantías, cursos, seminarios e intercambios; y aunque la mayor demanda se concentra en las áreas de ingeniería, administración y medio ambiente, este tipo de ayuda se ofrece para todas las áreas.

Estudiantes entre los 17 y 45 años, provenientes de distintas ciudades del país como Buenaventura, Pasto, Palmira, Ibagué, Medellín, Buga, Quibdó, Bogotá y Neiva, entre otras, viajan cada año al exterior para realizar los más disímiles estudios: etnología, en Alemania; acupuntura, en China; cartografía, en Holanda; ceramología, en Panamá; musicoterapia, en España; y parasitología, en Alemania.

Quienes estudian en el exterior argumentan que hacerlo otorga prestigio, facilita el ascenso, ofrece la oportunidad de conocer otra cultura y permite aprender un nuevo idioma.

Pero, tal vez, el motivo más importante para formarse afuera es la inexistencia en el país de programas de alto nivel educativo. Según datos del Icfes, las universidades colombianas ofrecen en total 289 maestrías y 17 doctorados.

Muchos los llamados y...

Entre los becarios existe algo en común: talento y dedicación. Porque obtener una beca no es tarea fácil; la selección de los candidatos la realiza un jurado especializado -en ocasiones secreto- que considera, entre otras cosas, la excelencia académica, la experiencia laboral, el dominio del idioma en que se dictan los cursos y la necesidad de recursos de los postulantes.

Asimismo, algunas entidades exigen presentar una carta de admisión al programa que se quiere adelantar y varias cartas de referencia académica y laboral. El proceso de adjudicación va desde unos cuantos meses hasta poco más de un año, tiempo durante el cual el candidato y sus documentos son sometidos a distintas selecciones, exámenes y entrevistas que definen al final los ganadores .

Por eso, en este caso se aplica muy bien la máxima de que muchos son los llamados y pocos los escogidos. El año pasado, por ejemplo, más de 2.500 aspirantes presentaron sus papeles al Icetex con la esperanza de conseguir una de las 500 becas que se ofrecen a través del Instituto; la Comisión Fulbright, un programa de intercambio educativo con Estados Unidos, recibió 150 solicitudes de las cuales se seleccionaron 25; y 350 candidatos concursaron por las 60 becas que otorgó Colfuturo, entidad del Gobierno que presta dinero para estudiar en el exterior.

Mediador entre lenguas En San Andrés, un isleño de 34 años busca, a través de la educación bilinge en las escuelas, formar a los niños de la isla para que convivan pacíficamente con miembros de diferentes lenguas y religiones.

Con base en el posgrado en educación bilinge que realizó en la universidad del Norte de Arizona (Estados Unidos), Dionisio Brown diseña y coordina los programas de enseñanza primaria que se llevan a cabo en los colegios de la Isla.

Como la única persona con conocimientos profundos en esta materia tenía que regresar al continente, alguien debía prepararse para reemplazarlo. Entonces hice la solicitud a la Fulbright desde San Andrés, viajé tres veces a Bogotá para presentar las entrevistas y después de más de un año me adjudicaron la beca , cuenta Dionisio.

Dos años estudió este sanandresano por fuera, y aunque el primer año estuve solo, a partir del segundo año mi esposa y mis cuatro hijos se reunieron conmigo , dice.

Hoy, Dionisio tiene ya cinco hijos y es el jefe de la oficina de Etnoeducación en San Andrés.

Contra narcos y volcanes Algunos gobiernos ofrecen cursos muy especializados. Japón, por ejemplo, organiza seminarios y talleres sobre temas específicos, a través de su agencia internacional de cooperación (Jaika).

Los estudiantes son seleccionados con base en su hoja de vida, el dominio del inglés y un trabajo escrito en el que exponen la situación del país en relación con el objeto del seminario. La agencia corre con todos los gastos como tiquetes de ida y vuelta, alojamiento, comida y transporte.

Un oficial de policía y un geólogo de pasto fueron escogidos en años pasados para viajar al país del sol naciente.

Durante el curso Delitos por narcotráfico , Omar Hernando González intercambió sus experiencias en la lucha contra este delito con asiáticos y latinoamericanos, y Diego Mauricio Gómez estudió, junto a expertos nipones, las señales preeruptivas y los sismos tipo tornillo que presentan volcanes como el Galeras.

Hoy, González intercambia información con sus ex compañeros de curso obviando los trámites burocráticos y Gómez controla mejor la furia de su vecino.

Un mundo de plantas Un edificio de cinco pisos, repleto de gabinetes que albergan miles de muestras de plantas de todo el planeta, es el refugio de un botánico de la universidad Nacional.

Cuando no tiene clases, Favio Antonio González permanece el día entero en el herbario más grande del mundo, ubicado en Nueva York. Favio Antonio resultó favorecido con una beca de Colfuturo para realizar un doctorado en botánica.

No podía estudiar en Colombia porque allá nadie ofrece este doctorado , explica González desde Nueva York.

Su esposa Nuri, que fue de visita con su hijo de dos años, confiesa que la separación es muy dura para toda la familia y que día de por medio habla por teléfono con Favio Antonio.

Aún faltan dos años para que este estudioso del Bejuco Carare regrese al país a continuar enseñando en la universidad Nacional y a seguir investigando acerca de la flora colombiana.

Cambio de vida Hasta el último día, Lisbeth Fog acudió al laboratorio de redacción de la universidad de Boston para corregir sus artículos antes de entregarlos, porque uno cree que maneja perfectamente el inglés y resulta que no hay tal , dice Fog.

En compañía de sus dos hijos, Lisbeth viajó a realizar una maestría en periodismo científico gracias a una beca que le otorgó la Comisión Fulbright.

Cuando la gente se entera de que me fui para Boston (Estados Unidos), cerrando la casa y dejando el trabajo me dicen que fui una verraca; yo en cambio les digo que fui una irresponsable , confiesa Lisbeth.

Fue un cambio total de mentalidad. Al llegar, busqué una niñera para cuidar a Genoveva y Emilio que en esa época tenían como 13 y 11 años, y me encontré con que allá los niñeros tenían 10 y 12 años , cuenta ella.

Según Lisbeth, el programa resultó ser todo lo que ella quería. Eso sí, uno debe ser muy pilo . Allá todo es muy serio y no se puede sacar disculpas como aquí . Sin embargo, cuenta Lisbeth, las posibilidades de aprender son inmensas y hasta los científicos más prominentes responden las llamadas de sus estudiantes.

Hoy, Lisbeth es jefe de la división de ciencia, comunicación y cultura de Colciencias. Y aunque no está aplicando lo que aprendió como ella quisiera, no pierde la esperanza de ejercer la reportería científica, para lo que se preparó.

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