BALAS LLEGAN A CUARTOS DE DOS NIÑOS

BALAS LLEGAN A CUARTOS DE DOS NIÑOS

El maletín rosado de Nathalie Medina Ceballos se quedó listo con dos cuadernos de línea corriente, uno cuadriculado, un block tamaño carta, un libro de español y una carterita con lápices multicolores, sacapuntas, borradores y una escuadra.

21 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Una balacera que se formó en la esquina de la casa de la pequeña de 9 años interrumpió la paz que vivía el barrio. La mayoría de la gente veía el partido de fútbol que a esa hora jugaba la Selección Colombia con San Lorenzo de Almagro de Argentina.

Uno de los proyectiles disparados por un sicario contra el chofer de un camión lechero desvió su trayectoria, elevó su dirección, traspasó la tabla que hacía las veces de pared en el segundo piso de la casa de Nathalie y atravesó su corazón cuando la niña se disponía a acostarse.

La tragedia que sacudió al populoso sector que conforma el barrio República de Israel no se detuvo en el cuarto de Nathalie, sino que se extendió unos metros, a otro cuarto de la misma casa.

Iván Fernando Villarreal Molina, de 7 años, quien vivía en el cuarto de enseguida de la misma casa de inquilinato, tampoco pudo volver al Colegio Juan Jacobo Rousseau, pues otra de las balas disparadas por el mismo pistolero desconocido le penetró el ojo derecho.

El niño estaba viendo el partido y en el intermedio su padre, Luis Villarreal, le dijo que para poder ver el segundo tiempo tenía que lustrar los zapatos con los que iría al otro día al colegio. Cuando Iván Fernando se agachó a coger el cepillo, por la tabla entró la bala que acabó con su vida.

Los dos niños llegaron heridos al Hospital Carlos Carmona. Nathalie falleció a los 20 minutos y cinco minutos más tarde Iván Fernando dejó de respirar. Después del olor a muerte que impregnó el sector quedó el aroma del miedo y el silencio cómplices de la impunidad.

Con los asesinos de los dos niños al parecer sucederá lo mismo que con el asesinato, este año, de otros 16 menores de 15 cuyas muertes, en un 78 por ciento, permanecen en la impunidad, según cifras de la Fiscalía regional.

Ni la ira de ver niños a los que las balas asesinas les corta su existencia parece sensibilizar a la población, dice la personera delegada en la defensa del menor, Myriam Suárez, pues en lo corrido del 95 se han conocido 16 casos de menores muertos en estas circunstancias.

Después del doble crimen, el vecindario del barrio República de Israel se limitó a vivir de los recuerdos. A Nathalie la recuerdan en su grado octavo como una niña despierta, inclinada por las artes plásticas, de buen genio y con aspiraciones de enfermera. Era la ilusión de Jorge Andrés, un compañerito de curso quien la galanteaba con confites y en días lluviosos le prestaba el buso.

La tenían como una niña muy juiciosa, pues cuando salía del colegio se quedaba en la casa cuidando a sus hermanitos Jorge Luis, de 7 años y a Víctor Andrés de tres meses de nacido, pues su madre, Lilia Ceballos, durante el día se dedica a atender el puesto de chance que tiene en el centro de la ciudad, labor que cumple de lunes a viernes de ocho de la mañana a siete de la noche.

A veces doña Lilia dejaba sus niños con su madre, quien vive al frente de ella, pero hacía cinco meses había decidido alquilar la pieza donde ocurrió el incidente para vivir sola con sus hijos ya que las relaciones entre ella y su esposo, Jorge Humberto Medina, habían sido rotas seis meses atrás.

Sin embargo, ante el absurdo crimen él se apersonó de la situación, tramitó los papeles de la defunción y dejó todo listo para las honras fúnebres que se llevarán a cabo hoy a las nueve de la mañana en el Cementerio Jardines de la Aurora.

Iván Fernando, en su sexto grado, era un niño callado, muy maduro, amante de jugar con carros y aspiraba ser un oficial del Ejército. Era hijo único y según su padre, Luis Villarreal, el niño se había convertido en la mano derecha en sus labores como electricista ya que aprendía con mucha facilidad.

Además dice era la única compañía de su madre Lucrecia Molina, pues la acompañaba durante el día mientras él salía a trabajar, le contaba anécdotas todos los días y le hacía los mandados que necesitaba.

Aunque para todos el dolor es inmenso, quizá Lucrecia va a ser la que más va a notar su ausencia, No sé que irá a pasar mañana (hoy) cuando el alma de nuestro hijo repose por siempre en el Cementerio Metropolitano del Sur , manifestó, Los vecinos de la calle 44 con carrera 43 B no salían de su estupor. Allí, frente a la casa de las dos pequeñas e inocentes víctimas se encontraba la causa de la balacera. Dentro de un furgón Chevrolet 300 azul con gris de placas MAA 511 perteneciente a la distribuidora de leche Puracé, se encontraba el cuerpo sin vida de Luis Carlos Belalcázar Viveros, de 24 años y quien hacía solo diez días había contraído nupcias.

A él era a quien venían siguiendo dijeron los testigos. Se encontraba con su compañero de trabajo Jorge Hernán Flórez y la novia de este, Dora Carabalí, que le estaban ayudando a trastear hasta Ciudad Córdoba donde había alquilado una casa.

A las 9:15 de la noche me dejaron aquí , dice Dora. Ella recuerda que en la esquina le salieron los atacantes. Versiones de los vecinos hablan de una moto blanca con dos hombres de chaqueta negra que pararon el furgón. Cuando Luis Carlos los vio aceleró y ellos comenzaron a disparar pistolas 7.65 y 9 milímetros.

En la otra cuadra los estaba esperando un hombre gordo de mediana estatura que vigilaba desde un carro rojo. Las ráfagas solo se callaron cuando el furgón se estrelló contra un taxi y los de la moto verificaron que Luis Carlos había muerto. Fueron más de 30 tiros, dicen los vecinos.

Los compañeros de trabajo de Luis Carlos se mostraron extrañados porque era una persona que no se metía con nadie, servicial y buen amigo.

Pero la acción de los sicarios no terminó ahí. Sus disparos hirieron a otras tres personas: Martha Quiñónez, de 18 años, a quien le perforaron el estómago; Fernanda Ríos, de 21, quien recibió un tiro en el pie izquierdo y Vicente Lugo, de 36 con un impacto en el brazo.

Martha Quiñónez fue remitida al Hospital Universitario y los otros dos heridos están en sus casas fuera de peligro, afirmaron los vecinos.

Después del alboroto que causó el incidente, lo que nadie se explica es que a plenas 9:15 de la noche de un miércoles, frente a decenas de vecinos del barrio República de Israel y después de una maratónica persecución de cuatro cuadras en las que se quemaron más de 30 tiros, fueron asesinadas tres personas dos de las cuales eran menores de edad sin que nadie viera ni oyera nada valioso para la investigación.

Según el agente de la Policía Luis Germán Gálvez, quien se hizo presente en el sector, la ciudadanía es la culpable de que los asesinos hagan de las suyas porque al momento de solicitar la aclaración de los hechos, los retratos hablados y los pormenores de los hechos, nadie estaba presente en el momento.

Todos decían que estaban viendo el partido, que acababan de llegar o que no se encontraban en sus casas. Ni a los fiscales 117 y 120 que hicieron los levantamientos les prestaron colaboración , dijo el agente indignado.

Como están las cosas en esta ciudad dijo un vecino del sector ya no se puede abrir la boca, pues aunque nos duele en el alma la muerte de la niña Nathalie Medina a sus escasos nueve añitos y la de Iván Fernando Villarreal con apenas siete, los que quedamos vivos corremos el riesgo de ser los próximos si nos ven hablando con la Policía o con la prensa .

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