PENA DE MUERTE

PENA DE MUERTE

Cuando escribíamos ayer nuestro editorial sobre el terrorismo, se conocían las noticias sobre el terrible atentado de Oklahoma, Estados Unidos, cuyos autores se desconocen. No imaginábamos la magnitud catastrófica de un golpe que sacude no solo al país del norte sino al mundo entero. En esto de los carro-bombas los colombianos hemos recorrido una larga y dolorosa vía. Frescos están en la mente los estallidos sorpresivos, las nubes de humo, los destrozos y las escenas sobrecogedoras de los incontables muertos y heridos causados por las bombas de los narcotraficantes. Por eso entendemos, vivimos y sentimos el dolor de los habitantes de una ciudad tan hermosa, tranquila y apartada del bárbaro empleo de artefactos criminales movidos por mentes envilecidas.

21 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Por esta razón, con el respaldo moral que confiere el haber sufrido en carne propia atentados como el de Oklahoma, y lamentando sinceramente tan cobarde crimen, los colombianos pueden pedir al pueblo norteamericano que entienda las dificultades que afronta nuestro país en la lucha contra el narcotráfico. El senador Helms no ha hecho una pausa en esa lucha sin compasión contra Colombia. Debiera hacerlo al mirar las escenas de una ciudad acaso muy cercana a sus afectos, donde conciudadanos suyos y en especial los niños yacen muertos y heridos, los edificios están en ruinas y el impacto a una comunidad desprevenida puede traer graves secuelas. Colombia ha sufrido demasiado en este aspecto para insistimos sentirse autorizada a pedir a senadores y a cuantos piensan mal de nuestro país, que cambien de opinión.

Este doloroso drama revive la solidaridad nacional en los Estados Unidos. Todos acuden hoy como un solo hombre en auxilio de Oklahoma, zona de donde partieron quienes conquistaron el salvaje Oeste , para crear allí una civilización admirable y admirada.

Ante el repudiable episodio hay que insistir que contra el terrorismo se impone una compacta colaboración internacional. Ante el dolor que causa la tragedia de Oklahoma, reiteramos al Gobierno de los Estados Unidos y a su pueblo la urgencia de colaborar con los colombianos pero en forma eficaz, no punitiva, para erradicar el narcotráfico, que en muchas ocasiones es la fuente del terrorismo. Hay que extremar medidas, porque atentados como este que comentamos hacen considerar otra vez la posibilidad de aplicar a sus autores la pena de muerte.

Al hacer estas reflexiones en torno de tan execrable crimen, y mientras por nuestras mentes pasan imágenes tremendas vividas en nuestra patria, nos corre un escalofrío al saber que en Oklahoma un gran número de víctimas han sido niños. Criaturas de 1 a 7 años de edad. Seres inocentes, frágiles, que apenas dan sus primeros pasos en este insensible mundo, donde ya no se respeta siquiera a los infantes. Y volvemos a pensar, sin entender, qué mentes corrompidas pueden planear tan abominables atentados con los que al parecer buscan, con saña monstruosa, estremecer lo más posible a la sociedad. Por eso, insistimos, hay que pensar en la pena de muerte.

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