LA EXPANSIÓN DEL TLC CORRE PELIGRO ANTE LOS PROBLEMAS POLÍTICOS DE ESTADOS UNIDOS

LA EXPANSIÓN DEL TLC CORRE PELIGRO ANTE LOS PROBLEMAS POLÍTICOS DE ESTADOS UNIDOS

Ahora que los primeros 100 días del nuevo Congreso estadounidense ya son historia, está por volver a surgir un tema que crea grandes y acres desacuerdos: el libre comercio.

17 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Se espera que a mediados de mayo Estados Unidos, México y Canadá inicien negociaciones oficiales para que Chile se incorpore al Tratado de Libre Comercio. Alrededor de la misma fecha, la Comisión de Medios y Arbitrios de la Cámara comenzará a debatir si darle o no al gobierno la autoridad para firmar el convenio. Si todo sale bien, el Congreso votará sobre la integración de Chile al TLC _llamémosle TLC plus_ dentro de un año.

Pero no todo va bien. El TLC plus está convirtiéndose en la primera derrota del presidente Clinton en el campo del comercio internacional, con consecuencias nefastas para los asediados gobiernos de América Latina, que cuentan con algún día poder unirse a una zona hemisférica de libre comercio.

Los convenios de libre comercio se consideran ampliamente en EE.UU. como rescates financieros para las elites estadounidenses y extranjeras a expensas del ciudadano común. Es muy posible que la campaña presidencial del año próximo, en la que ambos partidos cortejan a las fuerzas del independiente Ross Perot, refuerce esta opinión.

Lo extraño es que los problemas del TLC plus no tienen nada que ver con Chile, que se sacudió una dictadura militar y adoptó una economía de libre mercado mucho antes que estas medidas se pusieran de moda. Hasta el comercio en sí no tiene mucho que ver con el asunto. Los aranceles de Chile ya son bajos, a un promedio del 11%, y sólo un puñado de sus industrias, como los vinos y las uvas, compiten de forma significativa con las empresas de EE.UU.

El TLC plus se debatirá en torno a temas secundarios con atractivo populista: Cómo proteger los derechos de los trabajadores y las normas ambientales? Llegará el día en que EE.UU. tenga que rescatar a Chile, como lo hizo con México? Para ambas preguntas, las opiniones del gobierno no satisfacen a los opositores republicanos ni a los partidarios de Perot.

La primer pregunta del presidente de la Comisión de Finanzas de Senado, Bob Packwood, a Mickey Kantor, representante de Comercio de EE.UU. en una audiencia reciente, fue: Muy bien, Mickey, qué vas a hacer sobre los temas laborales y ambientales de Chile? Cuando Kantor respondió que Chile debería unirse a los paneles laborales y ambientales del TLC _un requisito mínimo para los demócratas y los sindicatos_ el republicano por Oregón le dijo que incluso eso liquidaría el convenio en el Congreso. Los republicanos de la Cámara y del Senado apoyan la opinión de la Cámara de Comercio de EE.UU. de que los temas laborales y ambientales no tienen cabida en convenios comerciales, aunque hace más de 50 años que los derechos de los trabajadores son tema de conversación en las negociaciones comerciales.

Respuesta habilidosa Sobre la pregunta del rescate, Kantor sostiene hábilmente que el TLC no originó los problemas de México pero que puede ayudar a resolverlos.

Sin embargo, un entusiasta del libre comercio como Jagdish Bhagwati, economista de la Universidad de Columbia , dice que es posible que el TLC haya ocasionado la complacencia de los funcionarios mexicanos, que frenó su reacción ante la crisis financiera. Todo el mundo alabó a México hasta el punto en que todos perdieron el contacto con la realidad , dice.

La hecatombe mexicana destruyó la fórmula de los gobiernos de Bush y Clinton para vender el TLC: convenios de libre comercio = exportaciones = empleos. Con la devaluación del peso desaparecerá el superávit comercial de EE.UU. con México, y con él se irá el argumento de que el TLC generará empleos en EE.UU., dice Gary Hufbauer, economista especializado en comercio, cuyo pronóstico de que el TLC generaría 130.000 puestos de trabajo fue muy repetido por la Casa Blanca.

La mejor cifra del efecto del TLC sobre los empleos es aproximadamente cero , dice ahora. Para mí, la lección es que debo mantenerme a distancia de los pronósticos sobre empleos .

La dura verdad es que el comercio no crea tantos empleos, sino que los redistribuye del trabajo peor pagado hacia el mejor pagado.

Por ejemplo, la reducción de aranceles en EE.UU. hace que los operadores de máquinas de coser se queden sin trabajo cuando se inunda el mercado con las camisas que cosen las costureras chinas, que no ganan casi nada. Mientras tanto, las reducciones de aranceles abren el mercado chino a las computadoras de EE.UU., que tienen un contenido laboral más pequeño pero pagan salarios mayores que los que cobran las costureras.

La sociedad se beneficia a medida que mejora el nivel de vida, pero muchos sufren.

Enfrentar la realidad La Casa Blanca y el Congreso deben enfrentar la verdad de frente si quieren convencer a un público escéptico de que acepte el TLC plus, o cualquier otro convenio comercial. Para los republicanos del Congreso, eso significa hacerle lugar a los temas laborales en las negociaciones de comercio. Bill Archer, presidente de la Comisión de Medios y Arbitrios, está en lo cierto cuando dice que los trabajadores desplazados deberían enviarse a universidades comunitarias, que se especializan en capacitar a los obreros para las industrias de fuerte crecimiento, pero luego el republicano por Texas se echa atrás al alegar que el gobierno federal no tiene fondos suficientes.

La Casa Blanca necesita aplicar veracidad a lo que predica. Kantor dice que debe aprobarse el TLC plus, no vaya a ser que los europeos o los japoneses firmen acuerdos con sus socios comerciales de las Américas. Pero dados los patrones comerciales históricos, se puede descontar que América Latina va a mirar hacia EE.UU.

Al final de cuentas , dice Lee Hamilton, representante demócrata por Indiana con inclinaciones internacionalistas, el comercio es bueno porque crea un mercado para EE.UU. e impulsa la economía y la estabilidad del país con que se comercia . Ese es el tipo de razonamiento con sentido común que se necesita para convencer a los estadounidenses de que el TLC plus les conviene.

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