ROBERT ALTMAN NO ESTÁ DE MODA

ROBERT ALTMAN NO ESTÁ DE MODA

Otra vez el viejo y socarrón Robert Altman se revienta de la risa. El hombre que a punta de bilis ha satirizado temas como la guerra con M.A.S.H, la música con Nashville, los héroes con Popeye, o el cine con Juegos de Hollywood, entre otros tantos aciertos y desaciertos de su ya larga obra, se goza ahora el extraño y estruendoso mundo de la moda.

21 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Sí, desde hoy una nueva risotada de Altman, de esas que son más bien grandes sonrisas que perduran en la cabeza y solas revientan en la almohada, aparece en nuestra cartelera bajo el título Pret-a-porter; tal vez una de sus cintas más publicitadas y, a la vez, una de las más polemizadas.

Se trata de la última realización de una supuesta trilogía que comenzó con Juegos de Hollywood (The player) y siguió con Vidas cruzadas (Short Cuts, aun sin ver en el país), considerada como su regreso al éxito tras una larga etapa de penas y olvidos.

Pues bien, siguiendo ese esquema fino y sobre todo satírico que ya había planteado en las anteriores, Pret-a-Porter se presenta como una parodia extractada del delicioso mundo coral Altmaniano, ese de la gran sinfonía de personajes, que ahora apunta al ambiente de la moda.

Ni buena ni mala Pret-a-porter, título justificado tras la misiva: Listo para usar , es una película que juega el sabroso juego de Altman pero que difícilmente puede calificarse de buena o mala.

Y esa condición, que aun cuando sea bastante tibia, se debe a dos grandes pesos que equilibran la balanza y no la dejan inclinar.

Primero que, como en la muy aplaudida Juegos de Hollywood, la historia está directamente ligada a un caso policíaco; con crimen a bordo, sospechosos insospechados y policías sabuesos, pero que aquí nunca se tornan importantes gracias a que las pequeñas escenas que refieren al caso poco interesan, poco aportan y poco resuelven.

Allí, en medio de este caso criminal sin emoción, sin ingenio, sin pasado y sin futuro, están involucrados Marcello Mastroianni (supuesto asesino) de quien hay que decir resulta siempre encantador; Sophia Loren (esposa del asesinado), centímetro a centímetro la misma voluptuosa hembra italiana; y los franceses Michel Blanc y Jean Rochefort conocidos por filmes como Señor Hire y El marido de la peluquera (como unos tontos detectives que a manera de símbolo inconexo siempre pisan excremento).

Por este lado, el lado policiaco, criminal y de suspenso, todo se presenta como una burda caricatura. Una verdadera lástima.

Pero por otro lado, el lado del ambiente, el del mundo de la moda o el de lo supuesto casual, Altman logra conmover, satirizar y, lo mejor, decir cosas fundamentales.

Con un reparto de lujo, como el que siempre ha estado a sus órdenes, el autor -jugando el mismo juego de la moda- hace un desfile banal que se resuelve extraordinariamente con un grito visual inolvidable. (grito que obviamente no revelamos por el respeto a los bellos finales).

Así que lo que muchos asumían como un gran video-clip sobre moda, que en efecto lo parece gracias una extraordinaria edición, a un maravilloso juego de cámaras y a la fabulosa banda sonora que redondea el ritmo, se convierte en una ácida crítica al mundo del diseño. Y eso se debe a que la cámara siempre culmina el plano apuntando a un sitio que normalmente en el cine y en la moda, no debía apuntar.

Entonces el asunto de lo glamoroso queda en tela de juicio y así Altman, inquieto y escéptico, lanza su pregunta: Cuál debe ser la verdadera moda -o mejor- para quiénes debe ser? Silencio, nadie responde.

De brujos y brujas De ese collage de fantásticos personajes que conforman el mundo del Pret a porter; personajes bellos, feos, sucios, turbios y muchas veces decadentes, hay que alabar el acierto de un casting que por sí sólo es conmovedor.

Qué tal esas tres brujas macbethianas Tracey Ullman, Linda Hunt y Sally Kellerman que encarnan a las editoras más importantes de las revistas Vogue, Elle y Harper s Bazaar.

Y qué tal el ácido Sthephen Rea (Juego de lágrimas) en el papel de un brillante, fresco y cotizado fotógrafo. O la bella Kim Bassinger haciendo las veces de una falsa y tonta reportera televisiva.

Y qué decir de esos modistos, seres excéntricos, envidiosos y egoístas protagonizados por fuertes figuras como Forest Witaker y Richard E. Grant, entre otros.

O qué tal el rescate de la melancólica Anouk Aimeé en el papel definitivo y redentor con el que Altman nos dice lo que piensa de la moda.

Todo eso es lindo, es cierto, pero nada se puede hacer; Altman no pudo combinar el thriller con el ambiente y por ahí, además, le sobraron personajes como Julia Roberts y Tim Robins encerrados en una habitación de un hotel haciendo el amor a lo largo de toda la película.

Pero lo que sí es cierto, y allí es donde está su grandeza, es que con sus fichas puso de nuevo en jaque a otro mundo que alguna vez todos hemos supuesto tonto, pero que aquí es sucio y premeditado. He allí una clave del buen cine.

Hace casi cuarenta años el reconocido director Stanley Donen habló de la moda en Una cara con ángel. De esos tiempos para acá, como todo, el asunto ha cambiado.

Bastaba el punto de vista de el sarcasmo de Hollywood como bien le dicen a Altman. Otra carcajada, no se sabe, pero después de verla, la cinta seguro reventará en la almohada.

Los pilares de Altman The Delinquents (1967) M.A.S.H. (1970) El largo adiós (1973) California Split (1974) Nashville (1975) Bufallo Bill and the indians, or Sitting bull s history (1976) Tres mujeres (1977) Quinteto (1979) Una mujer perfecta por computadora (1979) Popeye (1980) Locura de amor (1985) Tanner (1988) Vincent and Theo (1990) Juegos de Hollywood (1992) Short Cuts (1993) Pret-a-porter (1994)

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