EL DISCRETO ENCANTO DE HACER TEATRO

EL DISCRETO ENCANTO DE HACER TEATRO

Los teatros pequeños se han convertido en atracción irresistible para algunas de las grandes estrellas de la escena. Keanu Reeves, el joven actor americano, se ha refugiado hace unas semanas en un remoto y minúsculo teatro escondido en Winnipeg, una ciudad canadiense rodeada de nieve la mitad del año, para enfrentarse al omnipresente reto de Hamlet, dejando de lado cualquier otro compromiso.

20 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Stephen Rea, el prestigioso actor irlandés, ha terminado Pret a Porter, la última película de Robert Altman, para representar su Tío Vania, la versión de Chejov realizada por Frank McGuinness con su propia compañía por una serie de pequeños teatros de Irlanda, con capacidad para poco más de dos o tres centenares de personas.

En abril, terminará recalando en el Tricycle, una pequeñísima sala en el nada elegante barrio londinense de Kilburn, donde los espectadores se funden en una casi íntima proximidad física con los actores.

Vanessa Redgrave, tan prestigiosa por su talento artístico como por su lucha por causas políticas y sociales, también se ha embarcado en una de sus periódicas inmersiones en salas menores. Este mes, Vanessa, que ha conseguido premios y reconocimiento internacionales -Hollywood le concedió el Oscar en 1977 por Julia, la película en la que compartía cartel con Jane Fonda y Jason Robards- llevará Antonio y Cleopatra, la obra de Shakespeare, al Hammersmith Theatre, en otra zona londinense bien alejada del West End, tradicionalmente considerado como la cuna de los grandes espectáculos en la capital británica.

Probablemente la vuelta más sorprendente, por su reclusión y su silencio de los últimos años, va a ser la de Julie Christie. La inolvidable heroína del Doctor Zhivago, que también se vio irresistiblemente tentada por esta especie de fiebre de los teatros de segundo nivel.

Después de varios años de reclusión, también va a asumir el reto de enfrentarse con Old Times, la obra de Harold Pinter, en otro teatro pequeño del extrarradio. El más reciente de los que han sucumbido a esta tentación ha sido Ralph Fiennes. El psicópata comandante nazi Amon Goeth de la Lista de Schlinder, que le hizo merecedor de elogios de la crítica, se acaba de embarcar por seis semanas, en el martirio de convertirse cada noche en el atormentado Príncipe de Dinamarca.

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