UTOPÍA FRONTERIZA

UTOPÍA FRONTERIZA

Se nos ha convertido en un círculo vicioso esto de los problemas de límites. Con cada nuevo período electoral comienzan a surgir los problemas con las fronteras de los países limítrofes.

10 de junio 1996 , 12:00 a.m.

Durante el lapso del ejercicio presidencial los mandatarios suelen abrazarse, firman tratados, llamados en discursos emocionados países hermanos encaminados mediante fraternales propósitos a unificar esfuerzos, de acuerdo con cálido afecto, en metas unificadas que figuran en cuatro o cinco documentos firmados ante las cámaras de televisión y los relámpagos de las instantáneas de los periodistas, entre edecanes lujosamente uniformados y lujosas comitivas que hacen uso de galas más propias de clubes campestres que de territorios más o menos selváticos.

En esas reuniones se bebe champaña francesa (Francia sigue presente en nuestra diplomacia latinoamericana gracias a sus exquisitos vinos) aunque ello ha dado lugar a más de una burrada, como la de aquel que se quejó de que a su champaña no le habían puesto hielo. Pues, la misma ignorancia permite que estos periódicos picos de la agresión verbal animen al electorado de cada país a llevar al solio de Bolívar (socorrida cuanto repetida frase) a quien se muestre más firme en esto de arreglar los problemas fronterizos, tanto más eternos cuanto más jugosos son para soliviantar al patrioterismo y asegurarse una elección fraudulenta a hombros de la soberanía nacional .

En tales ocasiones --los encuentros en la raya-- suelen salir a relucir los argumentos baladíes de siempre: falta de pie de fuerza (cuando lo que falta es más fuerza en pies y manos trabajadoras); carencia de presencia nacional en la frontera; despoblamiento de habitantes; investigaciones serias y exhaustivas de la sociología de la zona de parte y parte. Luego, todo se olvida y vuelven las notas de cancillería, las visitas ministeriales, etc. Una vez los mandatarios se sienten firmes en su silla todo se calma, sin dejar, eso si, de abanicar de vez en cuando el rescoldo para tener listo el fuego en el momento preciso.

Esto sería hasta gracioso si no fuera porque los países fuertes del mundo se aprovechan para intercalar sus peones en los puntos claves de la soberanía llamando a unos, alianza para el progreso y a otros, ayuda mutua o sostenimiento de la lucha contra el narcotráfico.

Dado que a grandes males, grandes remedios, se me ocurre pensar, aunque se me tilde de loco, que este costoso vaivén de politiquerías mutuas podría tratar de resolverse con un poco de audacia y con menos dinero del que nos cuestan esos encuentros diplomáticos .

En nuestras ciudades encontramos a millares: indigentes, desocupados, gamines, destripaterrones que medran en la sombra de los promeseros electorales invadiendo solares ajenos. Expuestos todos a una bala caritativa de los limpiadores de la sociedad que los consideran basura, escoria, desechables. Duermen bajo los puentes, arman casuchas con cartones y latas, raponean para medio comer, se prostituyen para comprar la droga con que duermen sus angustias y desesperaciones. Entonces... podría acaso irles peor si les facilitamos una colonización de las regiones fronterizas? Claro que éstas, hoy, son tierra de nadie y en cuanto comiencen a poblarse les aparecerán dueños en esos opulentos que esperan a que un día surja el petróleo, o el oro, o cualquier otro mineral valioso. Hagamos un alto y en vez de meterle a ese indigente un tiro entre los ojos porque es un estorbo ciudadano o a patearlo inmisericordemente porque nos trató de robar la antena del automóvil, por qué no procurarle un viaje a las zonas fronterizas, proveyéndole de un congrio presupuesto y dándole una mínima ayuda técnica para que vivan allí y creen riqueza, amen la tierra y entonces sí defender como tigres el límite de su Colombia. Pero que en la ciudad donde malviven no les puede ir. Porque su necesidad los haría creativos y la lucha contra serpientes y jaguares será siempre más ennoblecedora y menos peligrosa que la amenaza de los grupos de limpieza, de los cabeza-rapadas. Demasiada utopía fronteriza? Nación es poblar. Digo yo.

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