TERRORISMO INTERNACIONAL

TERRORISMO INTERNACIONAL

Los agentes de la ETA en España se jugaron su carta máxima al intentar asesinar afortunadamente sin éxito al candidato o futuro candidato de la derecha señor José María Aznar. Mientras esto sacudía a la opinión española, en el Japón, sometido a un intento de genocidio promovido por una secta religiosa, y aún no repuesto del atentado, se repetía el incidente con menores consecuencias..

20 de abril 1995 , 12:00 a. m.

Entretanto, en Colombia los bandoleros de las Farc atacaban un helicóptero y asesinaban al piloto, mayor de la Policía José Luis Ramírez Ceballos, destacado en la lucha contra el narcotráfico. Son actos ocurridos en diversos países pero que vienen de una motivación similar: fomentar el terrorismo para crear un caos de carácter internacional sin saberse quién saldría ganando de tan grande confusión.

No solo en estos tres países ocurren actos terroristas. Continuamente otras sociedades se sienten sacudidas por bombas, actos personales o colectivos, destinados a ese fin horrendo de implantar un terrorismo caótico. Lo de España ha podido tener consecuencias gravísimas porque el señor Aznar representa una fuerza de gran importancia y muy posiblemente sea quien suceda al actual presidente Felipe González. Se habría colocado a un país de por sí irritado, al borde de una revuelta de consecuencias irreparables. Menos mal, para quienes sentimos afecto indeclinable por España, Aznar salió ileso y muy posiblemente quienes pretendieron asesinarlo colaboraron sin quererlo a su ya crecida popularidad.

Los terroristas de antaño arrojaban una bomba para asesinar a determinado monarca, emperador, o zar. Con su eliminación proyectaban establecer un nuevo orden político que creían conveniente para sus países. En ocasiones lo lograron. Pero los atentados iban rodeados de un mar de sangre; traían represalias. Y en el pasado como en el presente siguen siendo una muestra de violencia brutal que señala en sus autores falta de conciencia absoluta. El próspero Japón, colocado a la cabeza de los países desarrollados, está sumido en un angustioso interrogante por los intentos de envenenamiento masivo provocados al parecer por una secta extremista y fanática, imbuida de incomprensible espíritu religioso.

Pocas veces el mundo ha superado los actos terroristas que fueron más o menos comunes cuando existían monarquías e imperios, y la figura de un zar influía en media Europa. Se creía que el mundo estaba ya libre de tal plaga. Y no es cierto. Revive hoy con una virulencia que imaginábamos borrada de la faz política mundial. Son actos bárbaros que ni la civilización, ni la modernización política, ni los amplios espíritus democráticos han podido erradicar.

En Colombia se asesina a un valiente oficial, combatiente ardoroso de las guerrillas y el narcotráfico, mediante un ataque protagonizado por las Farc. Parece este acto la respuesta más clara y cruel a ese bondadoso reportaje publicado en la revista Cambio 16 de Colombia, donde se pintó, como dijimos en anterior editorial, a los integrantes de la guerrilla como representantes de un mundo angelical, ingenuo y bondadoso.

El militar es una víctima más de esa lucha desconocida por ciertos países, librada por los colombianos de bien contra aquellos que, lejos de ser unos serafines, más parecen los representantes del mal y del crimen en un mundo que hoy se ve amenazado por el terrorismo, con características de liga internacional. España se salvó, Japón vive en el temor, y en Colombia tendremos que unirnos aún más con las autoridades y la ley para vencer a quienes encarnan una faceta diferente pero de igual manera espantable.

Escrito lo anterior, se conocen noticias sobre los atentados cometidos en la tarde de ayer en los Estados Unidos. La acumulación de insucesos corrobora esa siniestra organización de atentados de una línea internacional terrorista que, de no ser desarmada, pondrá en peligro la paz del mundo.

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